John Constable, Dedham Vale, 1802, Victoria & Albert Museum, Londres

John Constable, Dedham Vale, 1802, Victoria & Albert Museum, Londres.

Hasta finales del siglo XVIII, principios del XIX, con las obras de William Gilpin, Three Essays on the Picturesque (1792), Uvedale Price, An Essay on the Picturesque as Compared with the Sublime and the Beautiful (1794) y Richard Payne Knight, An Analytical Enquiry into the Principle of Taste (1805); no se producirá el desarrollo de ese placer que se halla en lo nuevo o lo singular.

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En este artículo analizaremos el papel que jugó Joseph Addison en la creación y difusión de estos conceptos. (Artículos relacionados: Joseph Addison y sus Placeres de la Imaginación; El pensamiento estético de Addison; El concepto de lo sublime en Addison).

Novedad, variedad, pintoresco

Ya Addison apuntaba algunas claves (aunque todavía algo difusas) cuando, en sus Placeres de la Imaginación, definía la categoría estética de lo pintoresco, de esta manera:

Todo lo que es nuevo o singular da placer a la imaginación; porque llena el ánimo de una sorpresa agradable; linsogea su curiosidad; y le da idea de lo que antes no había poseído.

Con esta frase hace referencia a que la novedad y la singularidad de un objeto nos causa una sorpresa agradable y despierta una curiosidad que nos impulsa al conocimiento de las cosas.

Observó por otra parte, que lo pintoresco distrae nuestra mente constantemente con algo nuevo sin dejar que su atención se fatigue al detenerse demasiado tiempo en un objeto:

No hay cosa que más anime un paisaje que las riberas, corrientes y cascadas en que la escena está variando perennemente, y entreteniendo a cada instante la vista con alguna cosa nueva. Nos molesta vivamente estar mirando cerros y valles, donde cada cosa continúa fija y estable en el mismo lugar.

Propone que se representen elementos de la naturaleza donde haya movimiento, incluso llegó a poner como modelo a seguir el ejemplo de un paisaje bajo la óptica de una cámara oscura.

Además, Addison advirtió que la novedad nos causa extrañeza, y por ello nos hace contemplar con agrado incluso aquello que es monstruoso, pues sirve de alivio al tedio de nuestra vida cotidiana. De esta idea parten, precisamente, las observaciones de carácter psicológico sobre las que Gilpin reflexionó posteriormente a propósito de lo pintoresco, estableciendo que ésta es una cualidad que, frente a la percepción estática derivada de lo bello, lo pintoresco nos agita la mente al provocar en ella nuevas ideas que emergen no sólo ante aquello que nos es desconocido o poco común, sino también ante la variedad.

Además, Gilpin siguiendo las posibilidades de animación propuestas por la variedad de Addison, codifica estas cualidades y las traslada al ámbito de la técnica pictórica y distingue, por su parte:

  • Las cualidades uniformes y simétricas de la belleza: superficies tersas y suaves.
  • Las cualidades asimétricas y desiguales de lo pintoresco: superficies rugosas cuya textura presenta variaciones a veces bruscas y por tanto contrastes.

De esta forma, Gilpin establecía una barrera infranqueable entre lo bello y lo pintoresco, algo que en Addison todavía no estaba muy claro.

Algo más tarde, Price definirá los placeres derivados de lo pintoresco, concretando así las teorías de Addison y las elucubraciones de Gilpin. Price dijo que son aquellos producidos por la irregularidad, la variación repentina y la rudeza.

Pintoresco tiene entonces dos acepciones que se confunden en el uso del término y que le dan un peculiar aspecto:

  1. Pintoresco es una cualidad formal: aquello que tiene que ver con la cualidad de lo pictórico. En pintura, lo que se refiere al color, la luz y la sombra, o el contraste entre ellos, en lugar de aquello referido a la línea o el dibujo.
  2. Pintoresco es también aquel objeto, visión o perspectiva de la naturaleza, que merece ser pintado: se refiere pues a lo natural, el paisaje que por su singularidad, variedad o irregularidad seduce a los sentidos.

Lo pintoresco y el jardín inglés

Como dije al principio, a pesar de que sólo con el cambio de siglo se escriben los tratados sobre lo pintoresco, cierto es que, el gusto por lo que así se denomina, estaba ya arraigado en la cultura inglesa, tanto en la pintura y la poesía como en otras actividades, tales como la jardinería o los viajes. La importancia de Addison estriba en que fue el primero que elaboró una teoría respecto a ello, que luego con el paso del tiempo fue desarrollada por otros autores.

Podemos advertir también el concepto de lo pintoresco en Addison a través de sus escritos en referencia al tipo de jardín que consideraba más adecuado. Addison entendía que la naturaleza era superior al arte, porque era una creación de Dios, por tanto, el arte debía imitar la naturaleza y no modificarla:

Cuando vemos al arte imitando la naturaleza, recibimos un placer más noble y elevado que cuantos nos dan los artefactos más delicados y mejor trabajados.

Es por ello que no aceptaba el jardín inglés que, hasta entonces, tenía como rasgo definitorio el control ejercito por el hombre, lo cual significaba, como él mismo decía, un artificio.

Esto explica, además, que si tenía que optar por un jardín, preferiría aquellos que fueran agrestes frente a los racionalmente ordenados, donde la naturaleza está controlada sin que pueda mostrar toda su magnificencia, fuerza y esplendor. Pero es que Addison, además, defendía un estado de la naturaleza en que las cualidades sublimes de su Creador se expresasen con toda su potencia.

Este estado es propio de:

  • Tempestades.
  • Páramos salvajes.
  • Paisajes escabrosos y vistas similares.

De esta manera, en el primer caso, al declararse a favor de un panorama natural frente a otro artificial o ajardinado, Addison asentará el gusto romántico por la naturaleza, que acabará por despreciar la vida en la ciudad.

La jardinería inglesa que Addison criticaba en su ensayo responde al prototipo clásico francés y es interesante observar como mediante la introducción de elementos exóticos procedentes de China el modelo de jardín empieza a modificarse , tendiendo a trazados que anuncian al romántico.

Así, según Addison:

Los escritores que han tratado de la China aseguran que los chinos se ríen de los plantíos de los europeos hechos con reglas y en línea, porque dicen que cualquiera puede colocar árboles en hileras y figuras uniformes. Prefieren manifestar algún ingenio en obras de esta clase y ocultan siempre el arte que los gobierna… por el contrario, los jardines ingleses, en lugar de lisonjear a la naturaleza, se complacen en hacerle la resistencia posible. Los árboles se alzan en conos, globos, pirámides, y en cualquier planta o arbusto vemos la señal de la tijera.

Esta nueva concepción del jardín que proponía Addison, no sólo influyó en la jardinería de la época sino también en una nueva pintura de paisajes basada en lo pintoresco; lo cual no hace más que resaltar la importancia de la figura de Joseph Addison en el contexto artístico de la época.

Referencias

ADDISON, Joseph: Los Placeres de la Imaginación, [Tonia Raquejo ed.], Visor, Madrid, 1991.

BOZAL, Valeriano: Historia de las ideas estéticas y de las teorías estéticas contemporáneas, Visor, Madrid, 1996.

BURKE, Edmund: Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y lo bello, Tecnos, Madrid, 1985.

(*) Imagen: Wikimedia Commons. Public Domain.