Berlin

Con tres óperas, nueve orquestas sinfónicas, ciento cuarenta teatros, trescientas cincuenta galerías y un número muy importante de museos, Berlín se erige en el siglo XXI como una de las ciudades candidatas a ser considerada la capital europea de la cultura. ¿Cómo ha llegado esta ciudad a disponer de tantos espacios dedicados a la cultura? La génesis de este fenómeno se encuentra en la división que sufrió Berlín tras la II Guerra Mundial y la ocupación soviética de parte de su territorio. Sigue leyendo y te contaremos esta interesante historia.

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Berlín tras la II Guerra Mundial

Teniendo en cuenta que tras los últimos bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, Berlín quedó prácticamente destruida, es lógico entender que los primeros esfuerzos para poner otra vez en funcionamiento la ciudad, fueran dirigidos a reconstruir las infraestructuras básicas e imprescindibles para la población, es decir, las escuelas, hospitales y edificios administrativos . Sólo con la llegada de la década de los años cincuenta y en mayor medida la de los sesenta, empezó a ponerse en funcionamiento el aparato cultural de Berlín y de toda Alemania.

Normalmente, las crónicas que nos han llegado sobre la dolorosa posguerra berlinesa no suelen incidir en los aspectos culturales, probablemente por ser considerado un aspecto secundario. Sin embargo, con la construcción del muro de Berlín en 1961 y la división de la ciudad en dos sectores -uno correspondiente a la República Federal Alemana y administrada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido; y otro vinculado a la República Democrática Alemana y, por tanto, bajo el mando de la Unión Soviética- el factor cultural comenzó a ser determinante dentro de la política de cada uno de los bandos. Esto significa que la cultura pasó a tener un carácter estatal y, por lo tanto, dirigida a conseguir determinados fines, que en este caso eran los de mostrar la superioridad de una potencia sobre la otra.

Esto fue así en ambos bandos y se convirtió en una competición constante que acabó extendiéndose a otros ámbitos. Quizás el más conocido sea el tecnológico por ser el más vinculado a la industria bélica, que tantas tensiones provocó entre Estados Unidos y la Unión Soviética y que acabó convirtiéndose en el leitmotiv de una época que posteriormente la historiografía ha acuñado como la Guerra Fría. Esta tensión encontrada de dos superpotencias normalmente se interpreta desde el punto de vista histórico como un factor absolutamente negativo, porque podía llegar a desencadenar otra guerra a escala planetaria. Sin embargo, en lo que se refiere a lo estrictamente cultural, es necesario considerar ciertos aspectos positivos, como la creación en una misma ciudad de dos sectores culturales que requerían museos, teatros, óperas, salas de conciertos y, todo ello, por duplicado.

En este sentido, Berlín Este contaba con todas las ventajas. No en vano, fue la República Democrática la que construyó el muro y decidió establecer su capital allí. Berlín Oeste en cambio, contaba con los edificios administrativos, el más importante de ellos el Parlamento (Reichstag), totalmente destruido y vinculado todavía al régimen nazi; pero no disponía de ninguna infraestructura cultural. Berlín Oriental por el contrario, abarcaba el centro histórico de la ciudad en torno a la avenida Unter den Linden, con la antigua ópera y la Isla de los Museos, lo que suponía un considerable adelanto con respecto a sus contrincantes. Por este motivo, la República Federal tuvo que realizar un esfuerzo adicional para poder crear una zona destinada a ser un importante centro cultural. De otra forma, nunca podría competir con la Isla de los Museos, que era el principal núcleo museístico de la ciudad y que en breve sería reconstruido por el gobierno soviético.

Se crearon en una misma ciudad dos sectores culturales que requerían museos, teatros, óperas, salas de conciertos y, todo ello, por duplicado.

De esta forma, comenzó a gestarse la idea de crear este centro representativo de la cultura en Berlín occidental que posteriormente se conocería con el nombre de KulturForum. Un hecho sin precedentes para la historia de la ciudad ya que contribuyó a crear un importante foco cultural al sur del Tiergarten que, tras la reunificación de Alemania en 1989, ha sido objeto de una importante labor de remodelación y ampliación por parte de las autoridades locales y que ha sido además, el detonante para que Berlín haya adquirido esa consideración extraoficial de capital artística europea.

Los planes urbanísticos de Berlín de 1945 y 1957

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Plano del centro de Berlín.

Antes de que Berlín fuera divida por el Muro, se realizaron una serie de esfuerzos para evitar que se llevaran a cabo diferentes actuaciones en el trazado urbano de la ciudad sin atender a un plan común. En este sentido, es preciso señalar los dos concursos convocados por las diferentes administraciones para diseñar un tipo de ciudad coherente: el Collective Plan de 1946 y el Capital City Berlin de 1957.

Ninguno de los planeamientos se llevó a cabo, pero en cualquier caso, puso de manifiesto la necesidad de gestionar la ciudad mediante unos mismos criterios. Las circunstancias políticas acabaron por imponer otra realidad bien diferente, a través de la división de la ciudad en dos partes con sus propias directrices urbanísticas.

En cualquier caso, merece la pena comentar los dos planes urbanísticos a los que nos hemos referido anteriormente para poder establecer una comparación entre éstos y las posteriores actuaciones en cada uno de los sectores.

El Plan Colectivo de Berlin de 1946 fue encargado por la administración soviética al arquitecto Hans Scharoun, al que se nombró director del departamento de edificios y viviendas para el Gran Berlín. Se le encomendó la tarea de diseñar un plan urbanístico para una nueva ciudad democrática que sería discutido por las autoridades competentes una vez finalizado.

El plan se presentó en agosto de 1946, pero no logró convencer a la administración soviética porque proponía una ruptura radical con el trazado original de la ciudad. Scharoun diseñó un plan consistente en una gran ciudad verde, que transformaría la ciudad de Berlín en un gran asentamiento agro-industrial con la mitad de población de la que hasta entonces había tenido. Pero lo más importante, y lo que más nos interesa para nuestro análisis, es que del centro histórico de la ciudad sólo se conservaría la Isla de los Museos, el Paseo Unter den Linden, la Puerta de Brandenburgo y el Palacio de Charlottenburg .

El resto de la ciudad no sería reconstruida sino realizada de nueva planta siguiendo un trazado reticular con manzanas yuxtapuestas para albergar una cantidad aproximada de cuatro mil o cinco mil personas. Cada una de esas células -conjunto de manzanas- dispondría de su propio centro cultural y social y, alrededor de ella, se dispondría un cinturón verde agrícola que separaría unas células de otras. Sin embargo, se trataría como decimos, de un modelo de ocupación urbana rechazada por el gobierno soviético.

Otra situación diferente tendría lugar en 1957 con las relaciones deterioradas entre los sectores occidentales y orientales de la ciudad y la amenaza de una crisis diplomática inminente, al ponerse de manifiesto la urgente necesidad de realizar un último esfuerzo por unificar urbanísticamente la ciudad. Mediante un concurso que recibió el nombre de Capital City Berlin se propuso dotar a la ciudad de una nueva imagen que la convirtiera, según palabras del entonces Canciller Konrad Adenauer, en una “ciudad con una estructura urbana que representara el papel espiritual e intelectual de Berlín como capital de Alemania y como una moderna metrópolis”.

La idea era intentar que determinados servicios para la población como las carreteras, las viviendas o los edificios comerciales no estuvieran planeados según criterios diferenciados, puesto que esto traería consecuencias en el futuro y daría como resultado dos ciudades diferentes que existirían totalmente de espaldas la una respecto de la otra. Por este motivo, un plan para una única ciudad, además capital de Alemania, serviría para crear un solo tipo de edificios, un solo sistema de carreteras y con una única política cultural, ya que según Otto Suhr –alcalde de Berlín- el “único propósito material de este concurso sería la reconstrucción del corazón de Berlín, totalmente destruido por la guerra”.

La competición cultural tras la construcción del Muro de Berlín

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Altes Museum, Isla de los Museos, Berlín.

Lo que debe quedar claro es que los intereses de los dos planes comentados están fundamentados en la reconstrucción del eje representativo de la ciudad, es decir, la Isla de los Museos y la Avenida Unter den Linden y, por otra parte, la construcción de nuevas zonas residenciales con sus propios centros sociales y culturales. Paradójicamente, aunque esto no se realizó de forma conjunta y unitaria por ambos bandos y los dos planes fueron rechazados, lo cierto es que en la práctica se siguió un esquema bastante similar.

En este sentido, sí cabe al menos mencionar una actuación que se llevó a cabo bajo el amparo del plan del 57, que fue la reconstrucción del Reichstag por el arquitecto Paul Baumgarten entre 1961 y 1972, la construcción de edificios de gobierno en torno a la Plaza de la República y la delimitación de un área diplomática al sur del Tiergarten. Pero no llegó a construirse un Museo de Historia como estaba planeado sino que en su lugar decidió crearse un Museo de Arte Contemporáneo, es decir, la Nueva Galería de Berlín.

Por su parte, Berlín Oriental siguió los postulados urbanísticos marcados por la experiencia de Moscú y trató de recrear a orillas del Spree una capital similar a la del Volga. Para ello, se procedió a remodelar el eje representativo de la ciudad con el objetivo de crear una imagen de gran capital con una importante tradición cultural y, sobre todo, política. La Isla de los Museos fue objeto de una importante labor arquitectónica de reconstrucción, así como la Ópera y la Universidad Humboldt, que junto con la Puerta de Brandenburgo, en el marco del Paseo de los Tilos (Unter den Linden) daban a la ciudad un aspecto similar a como estaba antes de los bombardeos.

No obstante, ese respeto a la tradición (con el claro objetivo de legitimar el poder soviético) se conjugó con la construcción de edificios de nueva planta como la Torre de Comunicaciones de la Alexander Platz y el Palacio de la República, creando de esta forma una ejemplar unión de arte (Isla de los Museos), Universidad (conocimiento), Torre de Comunicaciones (Tecnología) y Palacio de la República y Puerta de Brandenburgo (Poder y Victoria), para desafiar al sector occidental de Berlín .

Por otra parte, Berlín occidental a pesar de sus ventajosas circunstancias económicas respecto de sus vecinos orientales, no disponía urbanísticamente de un área similar a la que controlaba el sector soviético. No disponía de teatros de ópera, museos, universidades ni nada parecido. Sólo contaba con una gran área que abarcaba buena parte del Tiergarten, es decir, el lugar en el que se situaba el Parlamento, la Columna de la Victoria y el Búnker de Hitler, todos ellos símbolos del nazismo. Por este motivo, era totalmente necesario cambiar la imagen de toda esta zona y dar un aspecto de modernidad (y no tanto de tradición, por nefasta) a todo este barrio conocido como el Zoo Quarter.

La primera intervención en esta zona se le encargó al arquitecto Hans Scharoun, que en los años cuarenta había trabajado para el régimen soviético. En este lugar pudo desarrollar -de manera limitada- sus ideas acerca del urbanismo organicista, ya que disponía de unas extensas zonas ajardinadas y de grandes solares donde edificar viviendas de nueva planta con sus propios centros sociales y culturales.

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Mies Van der Rohe, Nueva Galería Nacional de Berlín.

El primer edificio que se construyó fue el de la Filarmónica en 1963 y posteriormente se rehabilitó la Biblioteca Estatal, pero fue cobrando fuerza la idea de instalar un museo que pudiera albergar las colecciones de arte del siglo XX de la ciudad de Berlín que habían sobrevivido a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Este museo recibió el nombre de Galería del Siglo XX, pero posteriormente, en torno a 1965, se rebautizó como Neue Nationalgalerie, es decir, Nueva Galería de Berlín, que sería la primera pieza de un proyecto más ambicioso conocido con el nombre de KulturForum.

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Gemäldegalerie, KulturForum, Berlín.

El KulturForum se ha ido configurando a lo largo del tiempo como un lugar importante para la difusión del arte y la investigación. Es un espacio de la ciudad que abarca en un área no demasiado extensa una gran cantidad de museos e instituciones relacionadas con la cultura, entre las que se encuentran la Nueva Galería Nacional, que exhibe el arte del siglo XX hasta la década de los años sesenta, la Gemäldegalerie, una pinacoteca dedicada al arte de los siglos XIII al XVIII, o el Museo de Artes Decorativas, el Museo de Instrumentos Musicales, el Museo de Artes Gráficas, la Filarmónica de Berlín, el Instituto de Estudios Iberoamericanos, entre otros.

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Hans Scharoun, edificio de la Filarmónica de Berlín.

La construcción de este conjunto de instituciones vinculadas a la cultura, es una de las principales causas por las que Berlín pueda ser considerada en la actualidad como la capital europea de la cultura, puesto que el KulturForum ha conseguido multiplicar las infraestructuras culturales de la ciudad, desde la construcción de la Filarmónica de Berlín y la Nueva Galería Nacional, hasta la remodelación de la Potsdamerplatz y la inclusión de otros museos de reciente creación como es el caso del Museo del Cine.

La importancia del KulturForum para la denominación de Berlín como capital europea de la cultura

Con tres óperas, nueve orquestas sinfónicas, ciento cuarenta teatros, trescientas cincuenta galerías y un número muy importante de museos, Berlín se erige en el siglo XXI como una de las ciudades candidatas a ser considerada la capital europea de la cultura.

Esta infraestructural cultural es casi inimaginable para una población que ronda los tres millones y medio de habitantes (aproximadamente como Madrid) y se debe principalmente a dos factores: la larga tradición cultural de Berlín y la división que sufrió tras la construcción del Muro.

Estas son las dos causas de que Berlín cuente con una amplia oferta cultural que, además, se ha visto intensificada durante los últimos veinte años gracias a la reunificación de Alemania. Si esta circunstancia no se hubiera producido, la ciudad no habría logrado reunir bajo una misma administración esa cantidad ingente de museos y otras instituciones relacionadas con la cultura que la hacen merecedora del título de ciudad capital cultural.

Por este motivo, es necesario valorar la política cultural que llevó a cabo el gobierno de Berlín Occidental, ya que construyó una extensa red de museos al sur del Tiergarten y más tarde en el barrio de Dahlem, que dio lugar en su momento a una duplicación del número de instituciones culturales que hasta entonces existían en la ciudad y que básicamente se concentraba sólo en la Isla de los Museos, que estaba controlada por el mando soviético.

En este sentido, la importancia de la Nueva Galería Nacional viene determinada por ser el primer museo construido de nueva planta en el sector occidental de la ciudad, con la intención que hemos señalado anteriormente de contar con amplia red de museos que estuvieran a la altura de los que se encontraban en la Isla de los Museos y que, ambos sumados tras la reunificación de la ciudad, dan como resultado una de las mejores infraestructuras museísticas del mundo.

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(*) Imagen de portada: Carmen Eisbär. Flickr Commons. Creative Commons License.