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Museo Guggenheim, Bilbao. (*)

El origen: la situación en la españa de las autonomías, la descentralización y los nuevos centros artísticos

La situación cultural española de las últimas décadas es bastante particular. Este hecho es debido en gran parte a la herencia de la autarquía cultural franquista que, negando todas las manifestaciones culturales regionalistas, sumió a España en un anquilosamiento del que costó salir. Fue gracias a las iniciativas llevadas a cabo durante la transición democrática que surgió toda una explosión de actividades culturales con una importante repercusión social y con grandes aspiraciones de fomentar y renovar las anticuadas instituciones culturales. Pero los avances fueron lentos a causa de la precariedad democrática y la necesidad de resolver problemas políticos más urgentes.

En este sentido, un importante avance fue la creación en 1977 del primer Ministerio de Cultura, cuyo…

Primer esfuerzo se centrará en el intento de generar un movimiento amplio de democratización de la cultura, es decir, de popularizar el legado cultural y extender el conocimiento y disfrute de las bellas artes, estimular las actividades ciudadanas y proteger las manifestaciones culturales populares. Jiménez Clavería

De gran importancia fue también la instauración de un ordenamiento jurídico y político descentralizado, lo cual trajo como consecuencia la multiplicación de museos y centros de arte contemporáneo. Este proceso, que comenzó en los años ochenta, continúa hasta la actualidad:

La asunción de competencias culturales se convierte en una estrategia de diferenciación y prestigio para cada comunidad y para cada ciudad, entrando en una especie de competencia entre ciudades en la que la arquitectura para el arte va a constituirse en un elemento clave de expresión de poder.Mª Ángeles Layuno

En la actualidad asistimos a diferentes fenómenos relacionados con esta descentralización. Entre estos, podemos observar la proliferación de los ecomuseos (museos vinculados a una región o pequeña ciudad, sobre todo en el caso de los yacimientos arqueológicos), que favorecen el desarrollo del turismo de interior y, por tanto, de los recursos económicos de ciudades sin otro atractivo turístico. También es frecuente la creación de museos y centros de arte en pequeñas ciudades pero sin una vinculación de contenido (como podría ser el Museo Patio Herreriano de Valladolid).

Algunos de estos cambios descentralizadores afectan también a museos ya existentes. Así ocurre con la división de los fondos de museos que, por problemas espaciales, han fundado nuevas sedes en la misma ciudad (por ejemplo el Museo de Cáceres con sede en el Palacio de las Veletas y su ampliación en la Casa de Caballos) o han creado filiales en localidades distintas (Museo de la Cerámica Ruiz de Luna en Talavera de la Reina dependiente del Museo de Santa Cruz de Toledo). En otras ocasiones, el desdoblamiento de una misma sede o colección no se produce por necesidades de espacio, sino por una voluntad de compartir un recurso musealizado (la nueva sede del IVAM en el castillo de Bendinat en Mallorca, en la que se exhibirán parte de los fondos de la colección permanente en forma de montajes temporales).

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Inauguración de una exposición en el IVAM de Valencia. (*)

Este proceso de descentralización también ha tenido lugar en las fundaciones y empresas privadas, las cuales cuentan con un enorme potencial promocional. Las fórmulas habituales suelen ser exposiciones itinerantes en salas ajenas o la creación de sedes fijas en una o varias ciudades. En estas se suele llevar a cabo una activa política expositiva (fondos de la colección permanente y exposiciones temporales), además de diversas actividades que tienden a favorecer el acercamiento de la cultura al gran público (ciclos de conferencias, talleres, visitas guiadas, etc). Como ejemplos podríamos citar:

  • Fundación Juan March (sede en Madrid y Palma de Mallorca).
  • Fundación La Caixa (sedes en Barcelona y Madrid – Caixa Forum).
  • Fundación Salamanca Ciudad de Cultura (vinculada al Ayuntamiento de Salamanca) a la que pertenece el Domus Artium 2002.

En este contexto, los ayuntamientos se convierten en pequeños aunque dinámicos centros de poder cultural. De ellos depende la modernización de los recursos para adaptarse al nuevo contexto de la museística europea, para la cual las pequeñas ciudades –hasta entonces consideradas como provincianas y folclóricas– tienen una importancia decisiva.

El fenómeno de descentralización cultural ha tenido también excelentes consecuencias para la arquitectura y el urbanismo. A pesar del estado deficitario de la mayor parte de los museos españoles, se han llevado a cabo actuaciones sistemáticas de modernización tecnológica y funcional, así como la construcción de nuevos edificios (que muchas veces se convierten en la primera obra de la colección del museo). Muchos de estos nuevos museos han supuesto la rehabilitación y regeneración de ciudades (sobre todo ciudades industriales o periféricas sin especial interés cultural) o de barrios marginales (como puede ser la Aldehuela de Salamanca en la que se ubica el DA2).

En otros casos, las grandes empresas arquitectónicas de nuevos museos y centros de arte contemporáneo convierten la ciudad en todo un emblema de la cultura moderna (como es el caso del Guggenheim en Bilbao).

Asimismo, un gran número de museos y centros de arte contemporáneo establecen su sede en edificios históricos que se adaptan a los nuevos usos expositivos mediante importantes obras de reforma, acondicionamiento y ampliaciones. En ellos se conjuga un perfecto diálogo: arquitectura histórica, arquitectura contemporánea y arte contemporáneo. Los más destacados son el MNCARS con la ampliación de Jean Nouvel, el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, el Centro de Arte José Guerrero en Granada, el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo, el Museo Vostell Malpartida de Cáceres, el Museo de Arte Contemporáneo Español Patio Herreriano en Valladolid y el Museo Esteban Vicente de Segovia.

Sin embargo, esta descentralización acarrea ciertas problemáticas. Una de ellas es que no siempre responde a una voluntad de multiplicar recursos, sino que parece que el objetivo es dividirlos en un contexto de tensiones territoriales, componentes identitarios e incluso pretensiones nacionalistas (con fuertes tintes de propaganda política). Un ejemplo sería la rivalidad entre el Museo Nacional de Arte de Cataluña y el Museo del Prado.

Dentro de esta problemática podríamos hablar también del eterno debate mover o remover, con un ejemplo tan claro como el de la Dama de Elche y su emplazamiento en el Museo Arqueológico Nacional (ya que se trata de una pieza de importancia capital para el patrimonio nacional e internacional) o la devolución definitiva a su lugar de origen.

Del mismo modo, el boom constructivo de los museos ha generado el fenómeno de los continentes sin contenido. Por un lado, tenemos edificios de nueva planta proyectados por arquitectos de prestigio mundial –como Moneo, Siza, Gehry, Meier, Herzog y Meuron– que constituyen de por sí un atractivo para el arte contemporáneo y una experiencia estética.

Algunos de los más importantes son:

  • El ARTIUM de Vitoria.
  • El Guggenheim de Bilbao.
  • El Centro Gallego de Arte Contemporáneo en Santiago de Compostela.
  • El IVAM.
  • El Espai de Castellón.
  • El Tenerife Espacio de las Artes en Santa Cruz de Tenerife.
  • La Fundación Pilar y Joan Miró en Palma de Mallorca.

Pero, por otro lado, este modelo se adhiere con frecuencia a la concepción museística de los “muros sin museo”, un lugar donde la arquitectura es la primera tarjeta de presentación y, a su vez, lo único permanente frente a la fugacidad de los acontecimientos temporales que se desarrollan en su interior. Esta tensión entre permanencia y cambio es una constante implícita en muchos discursos arquitectónicos actuales de museos de arte contemporáneo.

¿Tú qué opinas? ¿Crees que ha servido para algo la construcción de todos estos espacios y que han revitalizado la vida cultural de las ciudades españoles o que, por el contrario, se trata solamente de especulación y apenas aportan valor a la comunidad?

(*) Imágenes: David Castañón, Fundación Caja Mediterráneo.