Oscar Niemeyer, Centro Niemeyer, Avilés, Asturias.

Oscar Niemeyer, Centro Niemeyer, Avilés, Asturias.

La longeva vida de Oscar Niemeyer (Río de Janeiro, 15 de diciembre de 1907- Río de Janeiro, 5 de diciembre de 2012), nos permite disfrutar a día de hoy de su gran obra arquitectónica; obra que se caracteriza fundamentalmente por su libertad en las formas, pero que hunde sus raíces en el racionalismo europeo de principios del siglo XX.

Fundamentalmente el Centro Niemeyer de Avilés (Asturias, España), que lleva su mismo nombre, nos va a servir de referente para hacer un recorrido por toda su trayectoria artística, y es que, paradójicamente, esta construcción fue la última de toda su carrera; espacio donde se va a ver reflejado con más nitidez el quehacer de este humanista “tropical” (como muchos de sus contemporáneos le han denominado), que dedicó su existencia a la noble tarea de cambiar la sociedad a través de la arquitectura.

Graduado en 1934, Oscar Niemeyer tuvo la suerte de recibir clases de Lucio Costa (persona con la que posteriormente diseñaría la ciudad de Brasilia), el cual le empezó a introducir en el racionalismo ortodoxo. Dos años más tarde, gracias a la gran simbiosis entre profesor y alumno, fue seleccionado por Costa para asistir a Le Corbusier durante su mes de estancia en Río. Este hecho le permitió al arquitecto brasileño interiorizar el trabajo del maestro racionalista: la definición de las relaciones formales y espaciales a partir de los trazados regulares, la organización de las funciones o la relación del edificio con el medio natural circundante, pasaran a formar parte de su discurso arquitectónico. La influencia de los códigos corbusieranos se materializará en el ministerio de Educación y Salud de Río de Janeiro (1936-1943), pero superará al maestro en la solución final, ya que será más liviana y aérea que los proyectos de éste.

El gusto por la ligereza empezará a ser una constante en su obra, donde la curva (en contraposición a la línea racionalista) se consolidará. Tenemos que recordar que Niemeyer tenía un gran sentido de la estética, y su objetivo principal era alcanzar la belleza y, según él, ésta era más fácil de conseguir a través de las formas irregulares, las cuales generaban sorpresa y asombro. El mismo desarrolla esta idea escribiendo un poema titulado “Oda a la Curva”. En un fragmento del mismo dice:

No es el ángulo recto el que me atrae, ni la recta, dura e inflexible, trazada para los hombres. La que me atrae es la curva libre y sinuosa que encuentro en las montañas de mi país, en el sinuoso cauce de sus ríos, en las nubes del cielo, en el cuerpo de la mujer amada. De curvas está hecho el universo, el universo curvo de Einstein. (Poema do curva, modulo 97).

Por lo tanto el arquitecto creará una nueva realidad, a medio camino entre lo racional y lo sensual; racional por su influencia occidental, y sensual por todo ese imaginario tropical que le acompañará durante toda su vida. Esta fusión la podemos ver por primera vez en el complejo Pampulha en Belo Horizonte, Brasil (1940-1943). A su vez hay que recordar que el trazo “libre” de sus formas arquitectónicas también se “alimentara” de la modernidad norteamericana identificada con el estilo streamline, y las experiencias de las formas (libres) de los surrealistas ( Miro, Brancusi, Matisse).

Iglesia dentro del Complejo Pampulha.

Iglesia dentro del Complejo Pampulha.

En paralelo también tenemos que hacer hincapié en la enorme influencia que ejerció sobre Niemeyer otro arquitecto racionalista, llamado Mies Van der Rohe (influencia que se puede observar en el centro de Avilés como veremos a continuación). De él “copiará” sus famosas estructuras cúbicas de acero y cristal, realizadas por el maestro alemán en su exilio americano, coincidiendo con la llegada al poder por el partido nazi.

Una vez que hemos recompuesto los trazos más importantes de la obra del arquitecto brasileño, afrontaremos con más nitidez el análisis del centro cultural Oscar Niemeyer de Avilés. En primer lugar, para saber el origen de la relación entre el maestro y esta Comunidad Autónoma tenemos que retrotraernos a 1989, año en que el arquitecto recibe el Premio Príncipe de Asturias. Sería años más tarde, con motivo del XXV aniversario de estos premios, cuando el brasileño, en agradecimiento al interés que despertaba su trayectoria, donaría un proyecto arquitectónico al Principado.

Posteriormente, tras comprometerse Niemeyer a realizar una construcción en Asturias, el debate que se abrió es dónde se materializaría. La única condición que puso el brasileño es que tenía que ser una ciudad de costa, por lo que en un primer momento Oviedo ya quedaba descartaba. Todo apuntaba entonces a que sería Gijón la gran beneficiada pero, tras largas discusiones, se llegó a la conclusión que esta ciudad no disponía del espacio que el arquitecto necesitaba para realizar su obra. Fue entonces cuando se puso el foco en Avilés y en su amplia zona portuaria. Las autoridades de este municipio no lo dudaron ni un momento y vieron en este ilusionante proyecto una forma de atraer el turismo, y al mismo tiempo poner en valor la zona del puerto, la cual llevaba degradada desde la época de la reconversión industrial. Tras un comienzo, no exento de contratiempos políticos y económicos, el centro cultural fue inaugurado el 26 de marzo de 2011.

El centro Niemeyer

En primer lugar tenemos que decir que el centro Niemeyer consta de cinco partes independientes, y a la vez complementarias: plaza, auditorio, cúpula, torre y edificio polivalente. Esta segmentación del espacio (herencia del racionalismo de Le Corbusier como vimos anteriormente), va en paralelo al carácter escultórico que el arquitecto da al conjunto de su obra. Si la observamos desde una perspectiva cenital podemos identificar un río que nace de una montaña (la cúpula), y que rompe en una ola de mar (el auditorio). En la parte central estaría la torre, que simularía un faro costero.

Esta iconografía, muy recurrente por el arquitecto, nos muestra la cosmovisión de una persona que está muy familiarizada con estos elementos.

Quiero recordar que su ciudad natal es Río de Janeiro (ciudad costera); paisaje tropical que se caracteriza por lo brutal de su naturaleza, y a su vez por la sensualidad de una cintura recibiendo el sol en las playas de Copacabana. Como ya hemos visto, todo este imaginario que inspira al arquitecto, aparece de forma temprana en su famoso poema de la Oda a la curva.

Antes de empezar a analizar su obra por segmentos, tenemos que recordar algo que ya hemos dejado entrever a lo largo de todo este artículo. Y es que existen dos trazos bien diferenciados en su composición arquitectónica: uno firme y seguro, que corresponde a la creación de las formas geométricas (prismas, cubos, cilindros, bóvedas y cúpulas), y otro que es el producto de la “mano libre” (gesto poético).

En el lado derecho de la composición tenemos la cúpula; espacio diáfano que ocupa una extensión aproximada de 4000 m2, utilizado para exposiciones de todo tipo. Antes de introducirse en el interior puede dar la sensación que la construcción es demasiado pétrea, pero una vez dentro sorprende la percepción de ligereza con la que te sientes embargado.

La torre-mirador

Torre-mirador que forma parte del Centro Niemeyer.

Torre-mirador que forma parte del Centro Niemeyer.

El edificio consta de dos plantas, y se accede de una a otra por una escalera. Precisamente esta escalera merece una mención especial, destacando su atrevido y original diseño (que parece “flotar” en el espacio). Recordar que este recurso arquitectónico no es nuevo, y lo vemos por primera vez en el Palacio Itamaraty de Brasilia (1962).

Escalera del Palacio de Itamaraty.

Escalera del Palacio de Itamaraty.

En la parte central está la Torre; lugar donde actualmente se ubica el restaurante y la coctelería. De esta construcción tenemos que destacar, sobre todo, la rampa helicoidal, que permite el acceso a la parte superior. Su forma se puede interpretar como una arquitecturalización del meandro (o río), tantas veces ridiculizado por Le Corbusier. La consecuencia del uso de la rampa es el placer de penetrar en el edificio, prolongando la exposición de su belleza en relación con su entorno.

Escalera en el interior de la cúpula.

El auditorio

En el lado inverso a la cúpula tenemos el auditorio. Consta de dos plantas: sala de exposiciones en la planta inferior (de unos 3000m2), y auditorio en la superior. Cuando entras en el auditorio te llama la atención su gran amplitud. También observas que la distribución de las butacas es diferente, si lo comparas con otras construcciones de la misma tipología. Por ejemplo, carece de palcos; elemento muy recurrente del brasileño, que se relaciona con su deseo “idílico” de una sociedad igualitaria.

Auditorio

Auditorio del Centro Niemeyer.

Otra característica es que el escenario se abre al exterior; por lo que de esta manera se pueden acondicionar sillas en la plaza para que los visitantes puedan disfrutar de una interpretación teatral, o musical, al aire libre (quiero matizar que este recurso arquitectónico ya fue utilizado en 2002 en el Auditorio Ibirapuera de Sao Paulo, Brasil). A su vez, el exterior de esta construcción está decorado con colores puros (rojo, amarillo).

El hecho de que utilice estas tonalidades se puede interpretar como una influencia clara del movimiento arquitectónico (y artístico) neoplasticista; que le llegó a él en los años treinta por medio de la Bauhaus.

Edificio polivalente

Por último tenemos que citar el edificio polivalente, el cual tiene una clara influencia del arquitecto alemán Mies Van der Rohe. La composición lo conformaría una caja estructural de vidrio y acero, recubierta por una carcasa de hormigón armado. En este recinto se encuentra la cafetería y la tienda, y el resto del espacio es utilizado para uso administrativo.

Oscar Niemeyer, Centro Niemeyer, Avilés, Asturias.

Torre mirador, cúpula y auditorio.

Para muchas personas Oscar Niemeyer ha sido sin duda el mejor arquitecto latinoamericano del siglo XX. Y es que por un lado se le ha considerado el último heredero de los códigos formales y espaciales de la modernidad, y por otro, el que mejor ha sabido reflejar la complejidad y ambigüedad del Ser de América Latina.

(*) Imágenes: © Lavidadenol, Thomás, Amateur photography by michel, Claudioruiz, 6u57avo y carloswes. Creative Commons License, excepto lavidadenol, Fair Use License.