mujer copa

El siguiente artículo pretende hacer un recorrido por la obra de este fotógrafo del madrileño barrio de San Blas (1958, Madrid), un fotógrafo que huye de la corriente visual dominante en su época (el documentalismo) para acercarse a un tipo de imagen más meditativa y poética. Desde sus comienzos en los años ochenta hasta su actual exposición en el Centro de Arte Tomás y Valiente (Fuenlabrada, Madrid), veremos cómo ha evolucionado su discurso, analizando qué elementos visuales han permanecido y cuáles han variado.

Por cierto, ¿conoces el libro Por Qué Estudiar Historia del Arte?

Te recomiendo que le eches un vistazo.

Ya de forma muy temprana, en tiempos de la antigua Roma, el poeta Horacio afirmó:

Como la pintura, así la poesía.

Es decir, la relación entre imagen y poesía es algo que viene de muy atrás, ya que ambas disciplinas siempre se han caracterizado por retroalimentarse. Y es que en la práctica la frontera entre ambos mundos no queda clara, creándose a veces una hibridación que navega entre “dos aguas”. Es el caso de Chema Madoz, el cual lleva esta máxima de fusión artística a lo imposible. Por ello no es de extrañar la gran confusión que tienen los historiadores del arte a la hora de calificarlo.

En primer lugar, como es obvio, lo denominan fotógrafo, pero no son pocos los que afirman que es un poeta o, incluso, un escultor. Y es que, si vemos de forma rápida cuáles son las influencias de este artista, observamos que fluctúan entre ilustres literatos, como Georges Perec o Gómez de la Serna, o artistas surrealistas, como Joan Brosa o Rene Magritte. Hay que remarcar que sus imágenes gravitan sobre un eje principal: el objeto cotidiano. De este elemento Madoz dice:

Ciertamente hay algo de esa especie de capacidad de admiración por cosas absolutamente banales, que tienen una importancia mínima y como a partir de pequeños detalles puedes dar un salto dentro de la propia idea de realidad. Siempre me han interesado las cosas sin trascendencia.

Por lo tanto, vemos la gran influencia del surrealismo en su obra, ya que este movimiento de vanguardia fue el que más importancia dio al objeto cotidiano. Y es esta raíz surrealista lo que hace que su obra sea poética, aunque el enfoque sea totalmente diferente: mientras los surrealistas incidían en la introspección, los neosurrelistas (donde entraría Chema Madoz) dan por descubiertos estos mundos y aprovechan lo encontrado para hacer sus propias “herramientas” poéticas. A su vez, las obras de este fotógrafo tampoco se las podría calificar de oníricas (como en el surrealismo), sino que en realidad pretenden crear un estado de ensoñación, es decir, soñar despierto.

Chema Madoz árbol nube

Fotografía de Chema Madoz de inspiración surrealista.

Como ya hemos dicho con anterioridad, el elemento principal de sus composiciones son los objetos cotidianos; objetos que serán modificados por el artista y que mutarán de su significado habitual a otro metafórico. De esta forma, Madoz también nos muestra la arbitrariedad del idioma y, a su vez, cambiándonos el lenguaje, modificará nuestra propia percepción de la realidad. En una sociedad tan “esclerotizada”, donde la inmediatez de nuestro día a día es tan rígida (política, economía, etc.), las obras de Chema Madoz nos devuelven la mirada admirativa de un niño que descubre el mundo por primera vez. De esta manera, sus imágenes crean un tiempo en suspensión, un tiempo que desecha las cuestiones sin importancia para centrarse en las importantes, es decir, las eternas dudas existenciales que siempre han gravitado en todas las culturas.

Hay que recordar que, para que se pueda dar la “conjunción objetual”, deben coincidir una serie de elementos. El resultado solo puede ser comprendido de forma poética, no se debe prestar a la descripción y la solución final debe ser inesperada. Debemos incidir en que la piedra angular del imaginario de Madoz pretende dar como resultado algo “maravilloso”; que se utilice como palanca de transmisión para crear otra realidad, una realidad que trastoque el orden habitual. Desde el punto de vista temático, hay que decir que es muy variado pero, a pesar de su gran amplitud, hay tres temas que se repiten a lo largo de toda su carrera: paso del tiempo, notas musicales y literatura (estos tres temas los explicaremos en profundidad cuando hablemos de la exposición “Las reglas del juego”).

Desde un punto de vista técnico, el fotógrafo siempre utiliza una cámara analógica (y de forma extraordinaria digital). De esta forma consigue más plasticidad, volumen y profundidad en sus imágenes. Tampoco utiliza color; sus fotografías siempre son en blanco y negro. El resultado es una cierta distancia con sus objetos, que le ayuda a desactivar su significado, algo fundamental para crear un nuevo lenguaje poético. Por último, sus composiciones siempre tendrán luz natural. El proceso creativo del artista sería el siguiente: en primer lugar, elige los objetos que van a formar parte de su discurso; después, pinta un boceto meditando cuál va a ser la relación entre ello; por último, realiza el proceso escultórico, que dará como resultado la composición fotográfica.

Composición de Chema Madoz que trata el tema del paso del tiempo.

El objetivo del artista en ningún momento es dar una interpretación, ya que ni siquiera pone título a sus obras. Lo que realmente busca es abrir nuestros sentidos, tirando de los pensamientos y emociones que guardamos en lo más profundo de nosotros.

Chema Madoz (2008-2014). Las reglas del juego

La retrospectiva del fotógrafo Chema Madoz, que se expone en el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada (del 5 de noviembre de 2015 al 17 de enero de 2016), hace un recorrido por los últimos seis años del artista. En esta etapa, además de su conocida poética del objeto cotidiano, amplía sus referentes e influencias: la presencia de la naturaleza, la aparición de la figura animal, la inclusión del dibujo y la aparición de texto. Pero, como ya hemos dicho en líneas anteriores, habrá tres temas que seguirán siendo el eje principal de su obra.

En primer lugar, está el paso del tiempo. Madoz sabe muy bien interpretar uno de los grandes traumas de la humanidad: el miedo a envejecer. Este miedo se ha amplificado en las sociedades capitalistas, donde se interpreta que somos útiles en la medida en que somos productivos. Por ello, hacernos viejos lo percibimos como una amenaza, la cual martillea nuestra mente. De forma paralela, también nos recuerda la temporalidad de nuestra existencia, donde todos estamos abocados al mismo final: la muerte.

Por otro lado, tenemos las composiciones relacionadas con la música. Con esta temática Madoz aspira a que sus fotografías tengan cierta armonía; un elemento que sea sólido en sus imágenes y que se contraponga a otros en conflicto. El tercer tema sería la literatura, símbolo por antonomasia de la imaginación, desde donde se vertebra el esqueleto de la poesía y, por consiguiente, donde todos los mundos son posibles.

Resumiendo, con sus fotografías Chema Madoz nos invita a otros mundos. Cuando las visualizas recoges el “rocío” que desprenden sus imágenes poéticas y empiezas a tirar del hilo de tu imaginación que llega hasta el niño; ese niño que mientras jugaba modificaba la realidad a su antojo.

(*) Imágenes: Félicité Noinville y otros autores. Reproducidas bajo licencia Creative Commons.