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Prima de riesgo subiendo, caos económico, despidos, desahucios, subida de tasas universitarias, desempleo, carencias en el sistema sanitario…. STOP.

Por cierto, ¿conoces el libro Por Qué Estudiar Historia del Arte?

Te recomiendo que le eches un vistazo.

Occidente ha vivido un shock económico en toda regla en los últimos siete años y estamos lejos de superar este mal trago. Sin embargo, hemos aprendido bastante en este proceso de reset que estamos viviendo y en el que absolutamente todo se ha puesto en cuestión:

  • El papel que desempeña la educación.
  • La muy discutible labor que lleva a cabo la clase política y dirigente.
  • Los desastres ecológicos que ocasiona el mal hacer de ciertas empresas.
  • El tipo de alimentación disfuncional y desnaturalizada que estamos llevando.
  • El maltrato físico y psicológico que estamos produciendo en los trabajadores, etc.

Toda esta situación nos ha conducido forzosamente a que, en menos de una década, en varios países occidentales (sobre todo en el sur de Europa), la clase media se encuentre en un momento crítico, algunos dicen incluso que ya ha desaparecido

¿O no?

Tengo que vivir para otros y no para mi mismo: esa es la moralidad de la clase media. George Bernard Shaw.

No dudo de que, por lo que respecta a la economía, aquellas variables que definían lo que se conoce como clase media, estén mermando considerablemente, ya que los descensos salariales han sido cuantiosos. Es cierto que, cada vez más, va a resultar más complicado acceder a unos estudios universitarios debido al incremento de las tasas de matriculación y que va a ser más caro adquirir bienes culturales de cualquier clase, ya sean libros, entradas de teatro o de conciertos musicales. Tampoco podremos comprarnos toda la ropa que deseemos, un utilitario y, por supuesto, ya no dispondremos de nuestra propia vivienda hipotecada de por vida.

Ahora bien ¿significa eso que ya no existe la clase media? Es obvio que no. La clase media está presente, quizás no la que obtenía unos salarios acordes con su profesión, pero sí la que presenta un cierto nivel educativo o cultural, que es la que yo aquí he denominado -si se me permite la licencia- como la clase media mental. Con estos términos quiero referirme a ese segmento de la población que, hallándose en un mundo completamente diferente al que vivimos hace una década, sigue manteniendo sus hábitos y su conducta.

No verás a esas personas hurgando en los contenedores de la basura, tampoco las verás pidiendo una limosna; es posible que ya no dispongan de un sustento propio y se hayan visto obligadas a pedir ayuda a sus familiares. Pero esto no es óbice para que sigan perteneciendo a la clase media mental, ya que sus mentes son de clase media y, por tanto, sentirán la necesidad de educarse, de asistir a sesiones de cine, quizás de disfrutar de una cena fuera de casa, quizás de realizar un viaje a tierras exóticas, quizás de vestirse de Zara.

No se puede destruir el mundo de la noche a la mañana, hacerlo requiere de más tiempo, de décadas. Estas personas son, en este momento, las que más están luchando por sostener un estatus que ya no existe, de mantener un estilo de vida acorde con su educación y con sus estudios, es la que no se resigna a desempeñar un trabajo para el cual está sobradamente cualificado (uno seguramente del sector servicios). Ahí están los ingenieros, arquitectos, médicos, historiadores, científicos, etc., que antaño fueron la envidia del resto y ahora no encuentran su lugar dentro de la sociedad. Algunos emigran, otros se quedan, algunos prosperan, otros no, algunos se reconvierten en emprendedores circunstanciales, otros esperan que las agua vuelvan a su cauce.

Todos ellos comparten algo: son la clase media mental. De ellos depende, en buena medida, que el equilibrio alcanzado vuelva a restablecerse y de su inteligencia para capear los malos tragos dependerá el futuro de las próximas generaciones. De ellos es menester emprender los cambios que todos ansían y como se suele decir vulgarmente: la pelota está en su tejado.

Y tú, ¿te sientes parte de este colectivo? ¿Qué propuestas concretas aportarías para que este estrato social volviera ser el predominante? Ahora tenemos más recursos que nunca: internet nos provee de una cantidad ingente de información que puede ser reconvertida (siempre que se extraiga de fuentes fiables) en la educación gratuita que tanto se pregona en las manifestaciones. Internet también nos provee de miles de horas de ocio cultural prácticamente sin coste alguno para el consumidor: series, películas interesantes, libros electrónicos, etc. ¿De verdad que no somos capaces de reinventarnos para mover la economía?

No podemos desplazarnos por el mundo tanto como quisiéramos (aunque todo es cuestión de buscar el modo de llevarlo a cabo), pero sabemos más de Goa, El Cairo, San Francisco o Beirut que cincuenta años atrás, cuando andábamos en pleno desarrollismo económico.

Mi propuesta es que combinemos todos esos elementos y hagamos posible un nuevo mundo de abundancia, conocimiento y bienestar. ¿Crees que las clases más favorecidas tienen algún interés en hacerlo? Seguro que no. ¿Crees que las clases bajas están capacitadas para hacerlo? Tampoco parece lo más probable. Así que nos toca ponernos en marcha si no lo hemos hecho ya, porque vivimos en la Sociedad del Conocimiento y, por tanto, la nueva economía se mueve siguiendo unos nuevos parámetros. Yo no soy un experto en la materia, no creo que nadie sepa con exactitud cuáles son las reglas de este nuevo mundo, pero lo que sí sé es que la batalla se está librando en el ámbito de las ideas.

Los medios de comunicación de masas, como siempre, están narcotizando y asustando a las sufridas clases medias para que se rindan y asuman su nuevo rol social. En el laboratorio sociológico trabajan a destajo para introducir este mensaje para hacer que cale en la población y se sienta indefensa, para que asuman la nueva normalidad.

Un aspecto positivo tienen aquellas personas que han estudiado una carrera de humanidades, especialmente las que han cursado las licenciaturas (o grados) de historia o historia del arte, ya que todos ellos saben que no existe nada parecido a la “normalidad”. Lo que es normal en una época deja de serlo en la siguiente. A medida que despertamos como colectivo, es más difícil adoctrinarnos para adoptar un rol de sometimiento, por muchos medios de comunicación y espectáculos deportivos con los que traten de distraernos.

Como dije con anterioridad, todo se libra en las mentes, en el lenguaje y en la percepción de la realidad. De esto saben más los historiadores del arte, los estetas, los filósofos. No existe algo parecido a la “realidad”, los sentidos obstruyen el conocimiento profundo de la misma, de la totalidad. La realidad se crea a golpe de lenguaje y de percepciones erróneas, de juicios de otros y de juicios propios. Por lo que, sabiendo esto, entre todos aquellos que se sientan parte de la clase media mental, pongamos solución de inmediato a este atropello que estratégicamente se cierne sobre todos nosotros. Hagamos un esfuerzo para que la clase media mental vuelva ser la clase media a secas y no desaparezca ante los embates del destino creado por nosotros mismos.

Ahora, te toca a ti. ¿Qué propones?

Actualización: recientemente (17/02/2015) he tenido la oportunidad de visionar la película Inequality for All, un film protagonizado por Robert Reich, economista y ex Secretario de Trabajo de Estados Unidos durante el gobierno de Bill Clinton (1993-1997). Si estás interesado en estas cuestiones, te recomiendo que la veas, ya que sus teorías reafirman lo que está sucediendo en España y otros países desarrollados y, en definitiva, lo que yo he querido reflejar en este artículo.

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(*) Imágen de portada: Aaron Bauer. Flicker Commons. Creative Commons License.