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Puerta del Alcázar, Ávila, 1864. (*)

Muchas veces, cuando nos enfrentamos a un monumento, nos gustaría ser capaces de desentrañar su historia a simple vista y poder entenderlo. Evidentemente no todo se puede saber mediante la observación, pero hay muchas cosas que sí que podemos adivinar si educamos nuestra mirada y aprendemos a fijarnos en algunos detalles. A continuación os ofrecemos algunas claves para aprender a observarlos y conseguir sacar el máximo partido a vuestras visitas.

1. Las técnicas constructivas

Las técnicas constructivas empleadas nos pueden dar muchas pistas sobre el momento en el que el edificio fue elevado. Hay muchos periodos históricos y movimientos artísticos que han recurrido a unas técnicas muy concretas que le son características.

Por un lado, podemos fijarnos en las técnicas empleadas en la elevación de los muros. Así, por ejemplo, si vemos un edificio construido con opus caementicium (hormigón), seguramente se trate de un monumento de época romana. Del mismo modo, existen otras técnicas que son propias del mundo romano, como el opus signinum o el mosaico. Avanzando un poco más en el tiempo podemos encontrar más ejemplos, como el que nos permite diferenciar un edificio propio del Románico lombardo de otro del Románico pleno: mientras que el primero levantaba sus muros empleando sillarejo (pequeños bloques de piedra escuadrados), el segundo empleaba sillares, más grandes y mejor labrados.

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Paramento románico-lombardo. (*)

Por otro lado, también es importante fijarse en los sistemas de sustentación: arcos, bóvedas, pilares, arquitrabes… No es lo mismo un edificio románico cubierto con bóveda de cañón que un edificio gótico cubierto con bóveda de crucería. Ni tampoco lo es un edificio del Gótico inicial, cuyas bóvedas emplean un sistema de crucería bastante sencillo, que otro del Gótico tardío, con un sistema de crucería ya mucho más complejo (proliferación de nervaduras, nervios curvados…).

2. La decoración

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Detalle decorativo conocido como mocárabe. (*)

La decoración de un monumento es un elemento clave que nos puede dar muchas pistas, ya que cada periodo artístico ha empleado unas formas decorativas muy concretas y bien definidas. Prestando atención a estos elementos seremos capaces de averiguar en qué momento fue construido el monumento.

Por ejemplo, ver una decoración a candelieri te está hablando de un edificio renacentista, mientras que si vemos estípites seguramente se trate de un edifico barroco. Las profusas decoraciones en yesería a base de entrelazos y mocárabes son propias del arte musulmán, mientras que unos austeros muros de piedra pertenecerían a un monumento cisterciense.

3. Las restauraciones

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Interior reconstruido del monasterio de Santa María de Ripoll. (*)

A la hora de enfrentarse a un monumento, una de las primeras preguntas que debemos hacernos es si ese edificio ha sufrido alguna restauración. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los edificios abiertos al público en la actualidad han sufrido algún tipo de intervención y que no lo veremos tal cual estaría si no se hubiera hecho nada. El tiempo no pasa en vano para nadie y tampoco para los monumentos, así que muchas veces es necesario intervenir para asegurar su supervivencia. Si nos parece que todo está “demasiado nuevo” como para tener unos cuantos cientos de años, es que ese monumento ha sido restaurado.

En este sentido, es necesario diferenciar las intervenciones que solo buscan una consolidación de sus elementos para evitar su degradación, de las intervenciones que implican reconstrucciones. Estas últimas pueden llevarnos a confusión si se han añadido elementos nuevos sin diferenciarlos suficientemente de la parte original. Los criterios actuales de restauración lo que buscan generalmente es integrar los elementos añadidos en el conjunto, de modo que no llamen la atención, pero que sean claramente diferenciables si se presta un poco de atención. Normalmente se usan recursos como texturas diferentes, tonos un poco más claros o un poco más oscuros… que en un primer vistazo no se ven, pero que se pueden encontrar fácilmente si se buscan. Si prestamos atención a estos detalles podremos saber qué de lo que estamos viendo es original y qué no.

Más complicado es, sin embargo, descubrir reconstrucciones más antiguas llevadas a cabo antes de que existieran unos criterios científicos de restauración. Así, durante el siglo XIX muchos monumentos fueron reconstruidos (y no siempre ciñéndose a como debió de ser el original, sino reinterpretando y reinventando el monumento) y ahora es difícil averiguar qué es original y qué no sin recurrir a fuentes documentales.

4. El edificio como algo vivo

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Puerta del Alcázar, Ávila, en la actualidad. (*)

Pero lo más importante a tener en cuenta a la hora de enfrentarse a un monumento es que un edificio es algo vivo que va cambiando con tiempo. No es algo inalterable ni inamovible, no se trata de una foto fija de un periodo histórico concreto que ha llegado hasta nosotros tal cual se concibió. Cambios de uso, nuevas necesidades, reconstrucciones por daños sufridos en las estructuras y un sinfín de razones han hecho que los edificios hayan sido modificados con el paso del tiempo.

Volviendo a los puntos primero y segundo, si nos fijamos en las técnicas constructivas y en los elementos decorativos, es probable que descubramos mezclas que nos hagan pensar que una parte es más nueva que otra. Por ejemplo, una capilla cubierta con bóveda de crucería en una iglesia claramente románica debería hacernos suponer que se trata de una ampliación posterior; un muro que muestra dos paramentos diferenciados puede llevarnos a pensar en una reconstrucción.

El problema, quizás, es que en muchas ocasiones los criterios de intervención modernos han perseguido la recuperación de la imagen original del edificio, eliminando añadidos posteriores. Por esta razón ahora podemos ver perímetros amurallados totalmente exentos y sin viviendas adosadas, por ejemplo. Es probable que así sea más fácil apreciar la belleza del monumento, pero también está perdiendo parte de su propia historia y de sus vivencias personales. En estos casos lo que se busca es convertir en una foto fija, inalterable e inamovible, algo que durante siglos estuvo vivo.

Yo os invito a que cada vez que visitéis un monumento os sumerjáis en sus muros y escuchéis lo que os cuentan, porque siempre es fascinante. Y tú, ¿tienes algún truco para visitar los monumentos? ¡Cuéntanoslo!

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(*) Imágenes: J. Laurent, Wikimedia Commons. Creative Commons License.