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Si eres un artista plástico seguramente permanecerás frente a una obra de arte expuesta en un museo durante varios minutos contemplando:

Por cierto, ¿conoces el libro Por Qué Estudiar Historia del Arte?

Te recomiendo que le eches un vistazo.

  • La composición.
  • El dibujo (si lo hubiera).
  • Los materiales.
  • El color.
  • La temática.
  • La relación con otras obras.
  • La relación con el espacio.
  • Etc.

¿Sólo 9 segundos delante de una obra de arte?

Sin embargo, si no lo eres, el tiempo que estás delante de una obra se reduce a tan sólo nueve segundos de media, según nos indican recientes estudios. Esto nos lleva a preguntarnos si realmente sirve para algo visitar un museo, una galería de arte, centro cultural, etc., y si esa visita resulta de provecho para nosotros. Lo diré de la forma más clara posible: esto equivale a no aprender nada. Puede servir para hacerse una composición de lugar para conocer muy someramente qué colección posee un museo, cómo es la obra de nuevos artistas o cuáles son las nuevas tendencias, ¡pero nada más!

Por eso, cada vez es más necesario plantearse cómo podemos revertir esta situación y propiciar que las personas no sólo se acerquen a ver las obras de arte a los museos y demás instituciones similares sino que permanezcan mucho más tiempo delante de ellas y, por supuesto, logren entender su significado o simplemente se pierdan en los juegos de formas y volúmenes que plantean.

La siguiente cuestión es clave ¿cómo lo logramos? En ocasiones anteriores ya nos hemos referido en este blog a la posibilidad de limitar las exposiciones temporales a un escaso número de obras en La exposición minimalista: la obra de arte y tú, a la necesidad de dosificar y planear las visitas a los museos por adelantado en 5 consejos para visitar un museo y, por último, nos hemos referido también a cómo debemos relajar el estresante ritmo con el que visitamos los museos para saber ¿cómo degustar una obra de arte?

Parecer ser que esta cuestión está suscitando numerosos debates en el seno de la academia (con la aparición de estudios sobre públicos de museos), entre los propios artistas y responsables de museos (que empiezan a programar incluso exposiciones abordando esta problemática (Museum Minutes) y los medios de comunicación más importantes ya empiezan a hacerse eco de que es urgente un cambio de comportamiento de público e instituciones al respecto.

El hecho es que desde hace un tiempo, los propios museos ya han tomado parte en el asunto y han comenzado a difundir su obra a través de los nuevos canales que nos proporcionan internet y las nuevas tecnologías, tal es el caso de Google Art Project o de la reciente aparición de guías de museos en formato ipad, como la que acaba de presentarse en el Museo del Prado.

Las nuevas tecnologías puede que sean parte de la solución al problema y, sin lugar a dudas, son de gran ayuda para disfrutar y comprender las obras de arte de una forma reposada y tranquila, pero en mi opinión pueden llegar a tener un efecto disuasorio, desincentivando las visitas a los museos. En otras palabras, si el usuario puede ver la obra de arte con más tranquilidad, sin agobios, disponiendo de más información y más calidad de imagen desde su propia casa…. ¿Para qué tendría que acercarse físicamente al museo?

Las nuevas tecnologías puede que sean parte de la solución al problema y, sin lugar a dudas, son de gran ayuda para disfrutar y comprender las obras de arte de una forma reposada y tranquila, pero en mi opinión pueden llegar a tener un efecto disuasorio, desincentivando las visitas a los museos.

De lo que se trata es de que las persona acudan a los museos (ya lo hacen y de forma masiva) pero es todavía más importante que permanezcan mucho más tiempo frente a las obras, las entiendan y las disfruten a la vez. El museo no se puede convertir en una especie de cadena de montaje en la que las personas reciban breves “flashes” de arte que la memoria no tardará en olvidar. No obstante, si la otra opción consiste en mantener alejado al visitante del museo y que éste permanezca sentado frente a la pantalla del ordenador, creo que no estamos haciendo del todo bien nuestro trabajo.

Las visitas físicas a los museos deben mantenerse a toda costa porque…

  1. La contemplación directa de las obras es insustituible.
  2. Los edificios que albergan las colecciones han supuesto una inversión muy considerable para las arcas públicas.
  3. Los museos constituyen un importante foco de atracción turística.
  4. Los museos deben estar en la primera línea de fuego en el contexto de la economía del conocimiento.
  5. Los museos deben servir de punto de encuentro entre público y creadores.

Si no valoramos éstos y otros aspectos singulares que aportan los museos, caeremos en el error de convertir en virtual la experiencia de la contemplación de las obras de arte. Ahora puede que no lo parezca, pero lo entenderemos más claramente en cuanto la tecnología empiece a desalojar los museos, ya que el ser humano preferirá la comodidad de las google glasses que se presentarán previsiblemente el año próximo y cuyas características las hacen idóneas para cambiar radicalmente el modo en que visitamos los museos para bien y para mal.

Ese extraño lugar llamado museo

Por eso, en Croma Comisarios Culturales (organización sin ánimo de lucro) ya hemos tomado cartas en el asunto y próximamente presentaremos el libro “Ese extraño lugar llamado museo. Guía breve para sacar el máximo partido a tus visitas al museo”. Un libro con el que pretendemos dar respuesta a las preguntas que hemos sugerido con anterioridad y mejorar la experiencia de los usuarios en los museos.

Se trata de un libro para todos los públicos con ilustraciones que hacen más placentera la lectura y que se encontrará disponible en la página web Croma.