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La ciudad de Madrid cuenta con un gran número de jardines, unos más conocidos que otros. Merece la pena ser visitados, sobre todo ahora que va a llegar la primavera. Además de poder pasear, respirar aire fresco o descansar, queremos que tu visita sea más completa y profundizar un poco más en sus características y en su historia. Ya habíamos analizado el Jardín del Capricho en la Alameda de Osuna, ahora queremos acercarte a uno muy especial: el Jardín del Museo Sorolla.

El jardín de La Casa-Museo Sorolla se encuentra en la Calle General Martínez Campos 37. Sorprende cuando visitas el Museo Sorolla el bello jardín andaluz que rodea al edificio. Inspirado en los Reales Alcázares de Sevilla y en el Generalife de Granada, es sorprendente encontrar en una zona tan céntrica de Madrid un frondoso jardín de estilo andaluz acompañado además de elementos italianos. ¿Te lo vas a perder?

Joaquín Sorolla pintando en su jardín

La vivienda fue construida entre 1910 y 1911 por el pintor Joaquín Sorolla y Bastida como residencia propia. Vivió en ella los últimos diez años de su vida. Joaquín Sorolla siempre quiso que su vivienda-taller se convirtiera algún día en un lugar donde se pudiera disfrutar de su arte. De aquí la importancia de esta Casa-museo, que conserva su aspecto decimonónico y su carácter subjetivo.

Sorolla puso un especial interés en el esquema y la plantación del jardín que rodea a su vivienda. En él imitó los jardines históricos que había ido conociendo tras sus viajes por España e Italia. Se trata de un jardín creado por su propio dueño, un jardín plantado exactamente según sus diseños con un fuerte sentido historicista.

La fuerte implicación del artista en el diseño tanto de la casa como del jardín antes de su edificación, lo demuestran sus numerosos dibujos preparatorios. Algunos de estos dibujos representan rincones de la ciudad italiana de Florencia y otros están basados en la jardinería andaluza por la que sentía una clara admiración.

El carácter ecléctico e historicista del edificio se refleja también en su jardín. Sorolla lo decora con esculturas, fuentes y columnas. Las esculturas dotan al jardín de un carácter clasicista, son de artistas conocidos como Blay, Clará, Benlliure y su hija Elena. El jardín cuenta además con setos de boj que separan los espacios del jardín. A este aspecto clasicista se une una gran influencia hispanoárabe, sobre todo por la utilización de la decoración cerámica en estanques, bancos y pavimentos. El pintor sentía una gran admiración por Andalucía y pintó en numerosas ocasiones sus pueblos, sus paisajes y numerosas vistas de los más bellos rincones que encontró en los jardines del Alcázar de Sevilla, de la Alhambra y de los cármenes granadinos.

Partes del jardín

El jardín está formado por tres espacios que forman una “L”:

1) El primer espacio está inspirado en Los Reales Alcázares de Sevilla: Éste se encuentra delante de la fachada principal que consta de dos arcos de medio punto con óculos entre ellos sujetos por columnas de piedra y formando una galería con ventanas enrejadas. Este espacio recrea el jardín de la Troya de los Reales Alcázares de Sevilla. Esta galería había sido pintada por el propio artista en 1908 y 1910.

Joaquín Sorolla. El grutesco, Alcázar de Sevilla. 1908. Museo Sorolla de Madrid

Joaquín Sorolla. El grutesco, Alcázar de Sevilla. 1908. Museo Sorolla de Madrid.

La fachada del Museo Sorolla en la Actualidad

La fachada del Museo Sorolla en la Actualidad.

En la parte central destaca una fuente de mármol blanco de inspiración sevillana y está rodeada por seis parterres de boj que forman una disposición cruciforme. A la derecha se encuentra el Banco de Triana, decorado con cerámica andaluza y sobre el que se encuentran tres escudos de los siglos XV y XVI. El pavimento recuerda al del Alcázar de Sevilla. Los rosales imitan a los que Sorolla pintó en sus cuadros.

Joaquín Sorolla. Diseño para el segundo Jardín. 1910. Museo Sorolla

Joaquín Sorolla. Diseño para el segundo Jardín. 1910. Museo Sorolla.

2) El siguiente espacio está inspirado en el Generalife: separado del anterior por un muro donde descansan dos columnas con un espacio central flanqueado por dos columnas que sujetan las esculturas de Benlliure-El gaitero- y de Clará- Desnudo femenino-para acceder mediante escalones. En este segundo espacio, de un nivel inferior, el agua es protagonista mediante la colocación de una fuente de taza baja de mármol y un estrecho estanque que recuerda al Patio de la Acequia del Generalife granadino. Rodeándolo se colocaron macetas de geranios y setos de boj.

Vista de la segunda parte del jardín influenciado por el Generalife granadino

Vista de la segunda parte del jardín influenciado por el Generalife granadino.

Al fondo del estanque se encuentra un banco de cerámica y destacando sobre la hiedra se sitúan a ambos lados dos columnas con capiteles califales de avispero (originales de Medina Azahara). En el centro una escultura de la Antigüedad romana de mármol, El Togado. Esta escultura fue un regalo del Marqués de Viana en 1906 y procede de Cástulo. En este espacio hay un almendro que murió en los últimos años, por lo que hoy se puede ver su tronco ennegrecido pero además destacan acacias y un árbol del amor.

A la izquieda del eje central del agua destaca una fuente de inspiración barroca que ya fue pintada por el artista antes de ser colocada. Esta fuente fue adquirida por el artista en 1910 en Granada.

3) Influencias árabes (alberca) e italianas (pérgola): Una bancada revestida de cerámica andaluza separa el segundo espacio del tercero, que se sitúa de nuevo a un nivel más alto. Esta bancada consta de columnas unidas por hierros que sujetan plantas trepadoras y además destacan unos pedestales sobre los que se sitúan esculturas de bronce que reproducen figuras pompeyanas, reproducciones que se trajo a Madrid el artista desde Italia.

Este tercer espacio es difícil de clasificar porque conviven en él elementos diferentes:

La fuente de las confidencias, obra de Francisco Marco Díaz Pintado, colocada delante de la rotonda del salón de la casa que forma un saliente semicircular. Así mismo se encuentra sobre una alberca y constaba de dos esculturas en yeso que compró el artista en 1911 en la Exposición Nacional de Artes Decorativas. En 1975 el autor sustituyó las esculturas por una fundición en bronce patinado de verde oscuro. Estas esculturas quedan separadas por un pilar central. Este espacio no recibe mucha luz, por lo que queda bastante sombrío.

Este espacio consta de un suelo de cerámica, cantos rodados y arriates separados por setos de boj. Originalmente en él se encontraban plantas de flor, nísperos, acacias, adelfas y un magnolio que todavía se conserva. También existe un laurel que plantó Sorolla. De sus ramas se trenzó una corona que se colocó sobre el féretro del pintor.

De este espacio destacan esculturas como una reproducción de la Venus de Esquilino, que fue llevada al interior del edificio para evitar que se deteriorase. También se encuentra una Figura femenina sentada de Elena Sorolla.

La rotonda del Salón de la Casa y la Fuente de las Confidencias

La rotonda del Salón de la Casa y la Fuente de las Confidencias.

La pérgola en el jardín del Museo Sorolla

La pérgola en el jardín del Museo Sorolla.

La pérgola está formada por seis columnas con capiteles genoveses que soportan vigas de madera rematadas en zapatas talladas. Actualmente se encuentra allí una planta trepadora, en concreto unos rosales de la especie banksia, de flor blanca y amarilla pero originalmente había una glicinia de flor morada.

En la pérgola se cobija un busto de Sorolla -regalo de la Hispanic Society of América en 1932, con motivo de la inauguración del Museo-, réplica en piedra de un original de Mariano Benlliure, en bronce, que se guarda en la sede americana. Actualmente hay allí, además, unas mesitas y sillas metálicas y unos paneles explicativos del jardín.

La plantación de todo el espacio verde finalizó hacia el 1917. Sorolla disfrutaba en su jardín, donde solía sentarse a pintar o a descansar. Lo representó en más de cuarenta cuadros que se conservan en el museo, desde distintos ángulos, solos o como fondo para retratos de miembros de su familia.

Restauración del Jardín

En el año 1987 se emprendió una restauración en profundidad del jardín histórico. Según indica un informe del Ministerio de Cultura sobre esta restauración, “…se levantó casi todo el jardín para dotarle de canales de desagüe y de las demás infraestructuras necesarias. Se mantuvieron las plantas primitivas que se encontraban sanas y se cambiaron todas las demás”. Se restauraron y limpiaron las fuentes, la pérgola tuvo que ser reconstruida por completo, se cambió toda la instalación hidráulica dañada, se tuvieron que replantar muchos setos de boj, etc. Se volvió a restaurar el jardín en el año 2001, pero no de forma tan profunda como en el año 87. Con todo esto podemos afirmar que el Museo ha querido siempre respetar la vegetación original que se encontraba en el jardín.

…se levantó casi todo el jardín para dotarle de canales de desagüe y de las demás infraestructuras necesarias. Se mantuvieron las plantas primitivas que se encontraban sanas y se cambiaron todas las demás.

Uno de los aspectos interesantes del jardín es la señalización e información que se le da al público que viene a visitarlo. Se colocaron carteles en las plantas originales que plantó Sorolla y en la pérgola destacan atriles donde en español e inglés se explica la construcción de la vivienda y la distribución del jardín.

Te invitamos a que visites el Museo Sorolla, tanto al edificio como el jardín. Los visitantes del museo se sienten inmediatamente atraídos por este recinto, un lugar para descansar, leer, poder respirar los olores de su vegetación, escuchar el sonido del agua de sus fuentes y poder adentrarse a la vez en un jardín con influencias hispanoárabes e italianas. Este espacio íntimo, lleno de evocaciones románticas, hace pasar, en cuestión de segundos, desde una concurrida y ruidosa calle de Madrid a un rincón que parece perdido en otro tiempo.

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