disculpen-molestiasÉpoca de crisis, sin duda. Crisis financiera, sí. Pero mejor hablar de crisis social, y a todos los niveles. Debido a nuestra formación, vemos la crisis desde otra perspectiva, de hecho, el ámbito profesional de la cultura lleva en crisis muchos años; incluso puede llegar a pensarse que la cultura es algo de lo que se puede prescindir. Como profesionales de la cultura, tal vez no hayamos sabido comunicarnos. Disculpen las molestias, quizás deberíamos haber empezado por explicar qué es la cultura, y para qué sirve.

La cultura es una herramienta que tiene y que debe ser utilizada.

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La cultura significa conocimiento, es decir, toda la sabiduría que como seres humanos hemos producido desde los primeros orígenes hasta la actualidad. La cultura se ha entendido como algo estético, que en tiempos de bonanza todos tienen y todos quieren, pero que llegado un período de crisis (como el actual), resulta caro, incluso se diría que vanidoso, una joya que no nos podemos permitir. También se ha entendido la cultura como una forma de englobar todas las llamadas artes. Pero la cultura no es solo teatro, cine, novela, poesía, fotografía, pintura, etc. Geología, matemáticas o economía también son cultura. Cuando tratamos de profundizar, de querer saber más sobre un tema, y luego pretendemos difundir nuestros conocimientos adquiridos, estamos creando cultura, y por tanto, conocimiento. Y es que deberíamos haber explicado antes qué es la cultura.

Disculpen las molestias, quizás deberíamos haber empezado por explicar que la cultura es, además, rentable. Sí, rentable, de esa rentabilidad que hace que el dinero crezca. Pero nos referimos a otra rentabilidad, la rentabilidad social, pues la cultura es un motor de desarrollo social. ¿De qué sirve la rentabilidad social? ¿Alimenta el estómago la rentabilidad social? Rotundamente sí. ¿Cómo? Por ejemplo, podemos comenzar mediante programas culturales de desarrollo local, explotando productos nuevos (entiéndase por productos aquellos destinados a satisfacer las necesidades humanas), creando nuevas ofertas de mercado y por tanto nuevos perfiles profesionales, además de potenciar otros campos profesionales ya existentes. El crecimiento de una sociedad se refleja en la inversión cultural como manera de ampliar nuevos horizontes, y que revierte de manera positiva en la sociedad. Y es que la cultura es rentable.

El problema de la cultura como campo profesional es un problema de comunicación

Disculpen las molestias, quizás deberíamos haber empezado por explicar que la cultura es útil. La cultura es una herramienta que tiene y que debe ser utilizada. Los grandes avances actuales se apoyan en los grandes descubrimientos pasados. Ignorar todo lo que sabemos significa dar un paso atrás. La aplicación del conocimiento es el objetivo y a la vez el método de satisfacer nuestras necesidades humanas. En el siglo XIX se creó en España el Museo Industrial (posteriormente sería el Museo Nacional de Artes Decorativas), enfocado como un lugar para el aprendizaje de artesanos, fabricantes y artistas, entre otros. ¿Se imaginan los museos abarrotados de estudiantes, aprendices y profesionales buscando inspiración en sus salas? No hace falta que se lo imaginen, es un hecho que se da en determinados museos del mundo, y también en España, aunque a menor escala. Y es que la cultura es útil.

Hoy queríamos lanzar esta reflexión tanto a los profesionales de nuestro campo como a las personas que sacan partido de la cultura. El problema de la cultura como campo profesional es un problema de comunicación. La solución es dejar de justificar nuestra existencia como profesionales y la utilidad de cada disciplina, y aprender a llegar a la sociedad.

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