Un objeto es la suma de todas sus partes y unos objetos remiten a otros, están relacionados entre sí. En otros artículos te propusimos seguir una técnica que podía ayudar a contemplar las obras en lugar de solo verlas. Ahora, la idea es ir un paso más allá y ver cómo están ordenadas las piezas para descubrir cuál es el discurso expositivo.

La importancia de saber cuál es el discurso expositivo

La mayoría de los museos están concebidos como si fueran libros y las salas como capítulos de ese libro. Si nos limitamos a observar los objetos que se exponen sin relacionarnos entre sí, es probable que no se llegue a comprender el discurso expositivo. Pero, ¿esto no entra en contradicción con la propuesta de reducir el número de obras o salas que se van a recorrer que siempre estamos haciendo? En absoluto, la recomendación es, siguiendo la metáfora propuesta, no leer todas las novelas al mismo tiempo.

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El British Museum como ejemplo

Vayamos al British Museum, ejemplo paradigmático de gran museo, para tratar de comprender esta idea. Allí se encuentran organizadas de una forma determinada un gran número de piezas, en concreto, el orden es geográfico y cronológico, es decir, está organizado por culturas de diferentes continentes y a su vez desde lo más antiguo a lo más moderno. Pues bien, la idea es que solo «leamos» la historia de una o dos culturas como máximo. Se puede hacer un recorrido breve para disponer de una idea general de lo que se encuentra en ese museo, pero posteriormente, es altamente recomendable limitar el número de salas que recorrer.

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Leona Herida (Detalle), Palacio de Nínive, s. VII a. C., British Museum.

Ahora bien, introduzcamos un nuevo elemento del que todavía no hemos hablado en profundidad: el discurso expositivo. Si entendemos el museo como un lugar con una colección de piezas ordenadas de una forma específica, es preciso advertir también que esa ordenación está realizada por personas (los conservadores del museo) y aunque lo hacen siguiendo criterios científicos, también es cierto que no existe una única forma de ordenar la colección y de presentarla.

Los problemas de ordenación del Museo del Prado

En cuanto a la ordenación, existen una gran cantidad de opciones que es preciso tener en cuenta. En el caso del Museo Nacional del Prado, por ejemplo, uno de los mayores problemas que ha tenido que afrontar este museo es precisamente la disposición de los diferentes cuadros de una forma coherente. Esto significa que la colección podría estar continuamente reordenándose siguiendo diferentes criterios: podría ser una categorización por escuelas de pintura, por autores, por cronología, etc., pero lo importante es detectar cuál se ha seguido.

En el caso de una exposición temporal es la figura del comisario (también llamado curador en Latinoamérica o curator en los países de habla inglesa) quien se encarga de elaborar el discurso expositivo.

En el museo pueden desempeñar esta función los conservadores o el propio director. En cualquiera de las dos opciones existe una idea detrás de la colocación de las piezas y es así como debemos entender el museo.

De hecho, podemos aplicar la técnica de la descripción propuesta en el capítulo anterior pero no centrándola en una pieza concreta sino en todas las de una sala o incluso en todas las del museo. Así, veremos que unas piezas se relacionan con otras y que es de esta manera como se va construyendo el discurso, o lo que es lo mismo, cómo se nos está contando la historia.

La museografía

Sin embargo, es preciso introducir un nuevo elemento para entender mejor el discurso expositivo: la museografía. La museografía se refiere a todos aquellos componentes que, no siendo la pieza, ayudan a mostrarla y conservarla adecuadamente. Se trata por tanto de las vitrinas, soportes, cartelas, paneles explicativos, pantallas táctiles, luminarias, etc.

Los museos de arqueología, por ejemplo, recurren a estos elementos para facilitar la lectura visual de unas piezas que lo requieren en la mayoría de los casos, por lo cual nos encontramos con grandes montajes museográficos, como es el caso del Museo Arqueológico de Alicante (MARQ).

Otro ejemplo de la misma temática y que explica la gran utilidad de la museografía es el Museo Arqueológico de Córdoba, y más concretamente las salas de exposición que muestran in situ los restos arqueológicos del teatro romano de la ciudad romana de Corduba, donde vemos cómo los recursos museográficos disponibles facilitan su lectura visual, a la vez que aumentan la estética del monumento en cuestión.

La Victoria de Samotracia en el Musée du Louvre

La victoria de Samotracia

La Victoria de Samotracia expuesta en el Museo del Louvre de París.

Puede que parezcan elementos menores, pero sin duda no lo son, porque influyen en la forma en que percibimos los objetos. Por ejemplo, la Victoria de Samotracia, una escultura griega de época helenística que se encuentra expuesta en el Musée du Louvre de París, está colocada en lo alto de una escalinata y en un espacio con iluminación cenital. Se trata de un montaje muy teatral y efectista que logra captar la atención del visitante de forma muy significativa. Seguramente la impresión que causa en el público no sería la misma si esta obra estuviera colocada en un espacio sombrío y a ras de suelo.

En conclusión, el montaje de la obra que usa los elementos museográficos sabiamente puede dar lugar a diferentes interpretaciones, y es preciso advertir que esto sucede si queremos tener constancia de cómo actúa el montaje en la percepción de la obra.

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(*) Imágenes: Erzsèbet (Creative Commons License) y Wikimedia Commons (Public Domain).