Pandora

John William Waterhouse, Pandora, 1896.

Sé que la mayoría de nosotros necesita un salario mensual para poder sobrevivir decentemente, es decir, que este artículo no está pensado tan sólo para los afortunados que tienen una cuenta bancaria que les permite llevar el dolce far niente como modo de vida. Pero si estás en ese selecto grupo y te interesa el arte y la historia, también es para ti.

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El enfoque va por otros derroteros: en la actualidad, la práctica totalidad de estudios superiores no garantiza, ni por asomo, un puesto de trabajo relacionado, ni bien pagado, ni siquiera implica que vayas a poder trabajar. La realidad es ésta, al menos en el panorama español.

Por eso, si tu vocación se relaciona con la cultura y el patrimonio, ¿por qué dejar escapar ese interés en pos de una carrera que, a priori, parece que se adapta mejor al mercado, pero que luego todos sabemos que no es así? Si no te convence la administración de empresas, el derecho o la economía, por ejemplo, ¿por qué dedicarle unos años cruciales de tu vida a su estudio? ¿Por un hipotético futuro trabajo que no sabes si se va a cruzar en tu camino?

Supongo que todos conocemos a personas que eligieron licenciaturas o grados pensando en el gran sueldo que iban a tener después, y realizaron un sobresfuerzo tremendo para poder sacar adelante unos estudios que poco se acercaban a sus gustos personales.

Imagino que estimaron que valía le pena por el salario que tendrían desde pronto, porque si lo que haces no te gusta durante la carrera seguramente ejercerlo durante el resto de tu vida tampoco. Cada cual con su criterio de selección, no voy a ser yo quien critique buscar la seguridad económica por encima de la vocación. Pero ojo, que el mundo ha cambiado, y en las listas del paro también hay arquitectos y médicos.

Yo, que soy totalmente partidaria de seguir las vocaciones, está claro que no tomé esa vía. Pensé que si el mundo laboral al que me iba a enfrentar era tan árido como lo pintaban (y lo es), al menos iba a dedicar mis esfuerzos y mi tiempo a algo que realmente me interesara. Y si algún día lograba ese ansiado puesto de trabajo al que dedicar el resto de mi vida laboral, que fuera en un trabajo que me motivara. Ocho horas al día, cinco días a la semana, durante años y años, haciendo algo que para mí es un suplicio no encaja con mi forma de organizar mi vida.

Poneos en situación: cuatro o cinco años a tiempo completo para hacer una carrera que no te interesa lo más mínimo con su consiguiente esfuerzo mental, un dineral en algún máster y formación complementaria, becas y prácticas apenas remuneradas y con horarios ilegales en distintos trabajos que te resultan una tortura y, finalmente, aparece esa oportunidad de un trabajo de verdad, con contrato y todo, y resulta que te es anodino, te aburre o hasta te mortifica. Te quedan entre dos y tres décadas yendo todos los días a ese puesto, efectuando esas tareas nada emocionantes, ¿os imagináis un futuro más gris?

Así que, de nuevo, apelo a la vocación. Fijaos cómo cambia: cuatro o cinco años a tiempo completo para hacer una carrera que te maravilla y te motiva cada día, un dineral en algún máster y formación complementaria en la que no te cansas de aprender, becas y prácticas apenas remuneradas y con horarios ilegales en distintos trabajos que, a pesar de las condiciones, te resultan muy interesantes, en el que absorbes todo lo que puedes y te ayuda a esforzarte cada día y, finalmente, aparece esa oportunidad de un trabajo de verdad, con contrato y todo, y resulta que es de lo que te interesa y te enriquece, en el que das todo de ti porque es realmente a lo que querías dedicar tu vida. Te quedan entre dos y tres décadas yendo todos los días a ese puesto, efectuando esas gratificantes tareas.

No sé si esa segunda hipótesis se cruzará algún día en nuestras vidas, pero espero que así sea. ¿Y si no? O cambiando la pregunta para no perder la esperanza, ¿y mientras? Pues vamos con la segunda opción, con la que muchos historiadores del arte vivimos. Porque si te gusta de verdad la historia, la cultura, el patrimonio, el arte, entonces, sabrás que no se trata solamente de un recorrido en pos de un trabajo. Es un modo de vida. Y eso no lo tienen todas las carreras, por muchas salidas que puedan tener.

Es decir, que estudiar en la universidad historia o historia del arte no te conduce, directamente, a una profesión concreta. Retomando el ejemplo del arquitecto, que sale sabiendo hacer edificios, nosotros no tenemos una línea de actuación tan clara. En esos años y en los postreros, si realmente es algo que te interesa, aprendemos a contemplar el mundo con otros ojos, la mirada de la perspectiva histórica, la mirada de la estética.

Richard Samuel

Richard Samuel, Las musas en el templo de Apolo, 1778, National Portrait Gallery, Londres.

Cambiamos el enfoque con el que nos enfrentamos a las realidades del día a día, porque conocemos lo suficiente para poder comparar, para tener un criterio razonado, y lo que para los demás es plano, puede alcanzar una gran profundidad de matices para nosotros. Buscamos los por qués, nos recreamos con lo que nos ofrecen los sentidos, contextualizamos para comprender mejor. Y todo eso nos da una riqueza a la que no renunciaría de ninguna de las maneras.

Luego, puede que tengas un trabajo en el que puedas desarrollar y compartir esos conocimientos, o puede que no. Pero no importa, no te vas a realizar menos si no lo haces porque tu objetivo no era algo concreto, no tienes que estar diseñando continuamente edificios para sentirte realizado. Tú has optado por entrar en un ciclo vital de aprendizaje para ti mismo, para comprender al ser humano en su esencia más pura, la que le hace trascender el día a día, exponer su alma y su pensamiento y crear belleza. Y todo eso es para ti, para desarrollarte como persona. Si una revista rechaza tu artículo, si no puedes dar clases, si ninguna editorial quiere tu libro, si rechazan tu proyecto expositivo, si no puedes participar en un congreso, si nadie te contrata como guía, es el resto de la humanidad la que pierde, no tú.

Eso sí, precisamente por lo que aprendes y por cómo vas desarrollando tu juicio, hay un punto negativo que tienes que tener en cuenta: gracias precisamente a ese conocimiento y a ese sentido crítico, podemos ver continuamente cómo las personas cometen los mismos errores del pasado, muchas veces sin tener la más mínima idea de que algo parecido ya sucedió. Vemos cómo la gente actúa sin respeto a lo anterior, a veces creyendo que hacen lo correcto, que es un avance, otras simplemente porque no tienen consideración. Vemos cómo la cultura encabeza la cola de las listas de prioridades, y se considera elitista algo que es la esencia misma del ser humano y nos hace ser lo que somos.

Y queremos gritarles que paren y lean, que aprecien lo que nos ha llegado y no lo mancillen, que se preocupen ellos también por aprender y nos ayuden a continuar aprendiendo, que valoren en su justa medida y sobre todo, que respeten los milenios de historia que nos preceden.

Estas son las consecuencias de saber, con las que tenemos que convivir. Y con no encontrar trabajo. A partir de aquí, que cada cual decida si sigue o no su vocación, ¿tú qué opinas, te merece la pena?

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