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En ocasiones la ciencia descubre fenómenos de belleza incomparable que permanecen invisibles e inalcanzables a simple vista para el ser humano. La naturaleza, el cuerpo y sus componentes esconden en lo más profundo de su interior imágenes que escapan a la percepción del ojo humano, y sólo a través del empleo de instrumentos tecnológicos a merced de la investigación científica llega a contemplarlas y a recrearse en ellas. De esta manera es posible establecer una cierta proximidad entre el arte y la ciencia, donde la naturaleza en sí misma se convierte en artífice de creaciones asombrosas, más allá de la capacidad del hombre para crear a partir de su pensamiento y de sus propias manos.

Esta vez, esa aproximación a lo artístico a partir de lo científico procede del descubrimiento de imágenes halladas en el interior del cerebro, uno de los órganos más desconocidos y complejos para la ciencia médica. Su estudio ha requerido –y requiere- un gran esfuerzo tecnológico y económico para avanzar en su conocimiento y comprensión científica, debido sobre todo a su complejidad como materia no localizable a simple vista.

La profundización en el estudio del cerebro a través de las diferentes técnicas científicas ha conducido al hallazgo de imágenes que constituyen la base de todo el sistema nervioso y neuronal; un escenario plagado de micropaisajes internos e inexplorados de nuestra mente e inteligencia.

La naturaleza, el cuerpo y sus componentes esconden en lo más profundo de su interior imágenes que escapan a la percepción del ojo humano

El punto de partida de “paisajes neuronales” tuvo que ver con el centenario de la concesión del Premio Nobel de Medicina a Ramón y Cajal (1852-1934) en 1906. Con motivo del cumplimiento de este aniversario, en el año 2006 Javier de Felipe, neurobiólogo del Instituto Ramón y Cajal (CSIC) de Madrid, comenzó un proyecto científico-artístico que ha terminado convirtiéndose en una exitosa exposición homenaje a la figura de uno de los pioneros en la investigación neurológica como fue Santiago Ramón y Cajal (con permiso de Camillo Golgi o Gustaf Retzius, contemporáneos al médico español).

Los minuciosos dibujos del impulsor de “la doctrina de la neurona” conforman el origen de un conjunto de imágenes que continúan su senda metodológica pero apoyándose en las nuevas técnicas y en los avances tecnológicos, determinantes de una apreciación “real” de las células nerviosas. Se trata de una serie de microfotografías tomadas por diferentes centros de estudio neurológico, seleccionada entre 433 imágenes que fueron enviadas por 62 laboratorios neurocientíficos de todo el mundo.

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Exposición itinerante

A partir de esa selección de imágenes se organizó un proyecto expositivo que comenzó en Barcelona con la inauguración de Neuroscapes 2006. El Museo CosmoCaixa de la Ciencia acogió esta muestra que sirvió además como escaparate para la presentación de un congreso sobre neurología, contando con la colaboración de la Organización Internacional de Investigadores sobre el Cerebro (IBRO), del Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) y de la Fundación La Caixa. Como colofón al proyecto neurocientífico, se publicó un año después el libro homónimo Paisajes neuronales: homenaje a Santiago Ramón y Cajal, a cargo también de Javier de Felipe y de Henry Markram.

Desde entonces, la exposición no ha parado de recorrer diferentes puntos de la geografía nacional e internacional para su presentación y difusión pública a través de importantes centros culturales o científicos. En este año 2012, la muestra ha llegado a la isla de Tenerife. El Centro Cultural de Los Cristianos (Arona) acoge en estas fechas –desde el 4 de septiembre hasta el 17 de octubre- este conjunto de imágenes neuronales que continúa contando con el patrocinio de la Obra Social “la Caixa” y con la dirección y el comisariado de Javier de Felipe.

Obras expuestas

Son cincuenta fotografías las que componen una muestra que está dividida en tres secciones:

  1. Mirar y dibujar.
  2. Mirar y fotografiar.
  3. Mirar e interpretar.

La primera nos remonta al principio de la investigación neurológica mediante la exhibición de los detallados dibujos de Ramón y Cajal y de otros ejemplos ilustrativos del trabajo previo a la aparición del microscopio; una serie de imágenes sobre papel donde los primeros investigadores del cerebro interpretan y dibujan lo que ven.

De la figura del científico-artista, la exposición pasaría a la presentación del grupo de fotografías concebidas a partir de las nuevas técnicas, capaces de visualizar y captar el universo de formas y colores que habitan el interior cerebral.

Por último, se incluyen medios audiovisuales donde las imágenes neuronales se proyectan en movimiento y se acompañan de explicaciones e interpretaciones científicas como complemento a las imágenes expuestas en la sala.

A la vista del visitante queda, junto a la colección de dibujos facsímiles, el conjunto fotográfico seleccionado: todas ellas fotografías digitales que oscilan entre los 30×20 cm. y los 50×50 cm., logradas a partir de la tinción microscópica y de la aplicación de sustancias empleadas para el estudio de enfermedades cerebrales, y cuyos resultados (colores y formas) dependen de su reacción, según los tipos de proteínas que recorren el cerebro. Así es como se descubre este fantástico mundo artístico y microscópico, sin modificación ni manipulación alguna.

Propósito de la Muestra

A pesar de la incuestionable belleza de las imágenes –de asombroso aspecto artístico-, el objetivo primordial de la exposición, según palabras del propio Javier de Felipe, se centra en atraer al público general al estudio del cerebro; aunque el discurso expositivo no esté desprovisto en ningún caso de la intuición artística. En su conjunto, la muestra pretende acercar al público hacia la comprensión científica en el estudio del cerebro, además de trazar una línea educativa y didáctica que abarcaría desde las investigaciones de Ramón y Cajal –padre de la neurociencia moderna- hasta los resultados determinados por los avances científicos y la aplicación de las nuevas técnicas y herramientas.

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Para establecer un vínculo de carácter intuitivo y artístico para con las imágenes, éstas se acompañan de interpretaciones de distintos intelectuales (pintores, filósofos, médicos,…). Las fotografías son así definidas o tituladas de manera subjetiva –sin llegar a conocer en principio su procedencia-, al margen de la correspondiente explicación científica de cada una de ellas.

La Fusión del Arte y Ciencia

Si bien el propósito será más científico y divulgativo que artístico, las relaciones de estas imágenes con el mundo del arte son inevitables y altamente asociativas: Miró, Picasso, Renoir,… son algunos de los nombres que aparecen en varias de las libres interpretaciones del conjunto fotográfico. Sin embargo, esas composiciones abstractas de formas irreales, a veces geométricas, en las que el color transmite una extraordinaria fuerza visual, recuerdan esencialmente a los fundamentos artísticos del expresionismo abstracto; y no exclusivamente por su aspecto formal.

Muchas de las obras creadas por los artistas adscritos a aquel movimiento pictórico contemporáneo, que en España tuvo su cénit en grupos informalistas como Dau al Set (desde 1948) o años después El Paso, respondían a un marcado carácter cósmico y especialmente metafísico. Ese intento por buscar una explicación a la vida, ese afán por lanzar preguntas sin respuesta sobre la existencia humana, puede emparentarse con el objetivo que persigue la investigación científica en su intento por indagar y recorrer lo más profundo de la mente y del cerebro.

Lo que parece indiscutible es que la ciencia y el arte pueden llegar a compartir una serie de preocupaciones y de inquietudes en común ante la problemática del ser humano y de su entorno

Los colores expresionistas y las formas abstractas que vemos en las pinturas de artistas como Antoni Tàpies o Luis Feito, plagadas de incógnitas y de elementos oníricos, pueden verse recreados en esas imágenes neuronales, como si estos artistas hubieran sido capaces de pintar y de mimetizar su propio interior. Por otra parte, la complejidad de este lenguaje artístico, declarado elitista e intelectual, se podría también vincular a la profundización científica que exige el estudio de un órgano como el cerebro, cuya materia debe traspasar la barrera de lo visualizado para alcanzar su entendimiento. En este aspecto, la ciencia se presenta como un obstáculo mucho más elevado que el arte en la búsqueda del conocimiento, y por ello su prestigio y su credibilidad a los ojos de la sociedad es mucho mayor que el de cualquier artista.

Lo que parece indiscutible es que la ciencia y el arte pueden llegar a compartir una serie de preocupaciones y de inquietudes en común ante la problemática del ser humano y de su entorno. Incluso en ocasiones ambas disciplinas llegan a vincularse para afrontar aspectos problemáticos de la naturaleza. Esta cooperación entre ciencia y arte corre el riesgo de sobrepasar los límites adulterando los estados naturales. Al caso vendría el uso de ratones transgénicos en algunos de los laboratorios que participaron en esta propuesta micro-fotográfica para conseguir resultados más lumínicos en las tomas fotográficas cerebrales.

El apoyo en técnicas experimentales consideradas como artísticas dentro del gremio científico –como podría ser el transgenic art- no escapa al planteamiento de cuestiones de tipo moral o ético frente a tales prácticas que atentan contra la naturaleza.Sin llegar a puntualizar en casos tan concretos como el señalado, podríamos considerar este proyecto expositivo un intento de interpretar los diagnósticos científicos como creaciones artísticas, sirviéndose de las técnicas aplicadas al estudio del cerebro; de esa forma lo convierten en un pequeño universo en el que cabe un escenario multicolor y de formas diversas constituido por paisajes visuales que se manifiestan de forma poética como un cosmos neuronal.

Datos de Interés

Horario de visita: de lunes a viernes, de 8 a 22 h y sábados, de 9 a 14 h.
Entrada gratuita.
Fecha: hasta el 17 de octubre de 2012.
Lugar: Centro Cultural de Los Cristianos (Plaza del Pescador, 1) – Arona (Santa Cruz de Tenerife).

Colaboración

Ricardo Martín.

(*) Imágenes de elaboración propia. Ricardo Martín.