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Giandomenico Tiepolo, Cabeza de un hombre viejo (*)

En determinadas ocasiones visitar los museos de renombre o acudir a salas de exposiciones temporales muy concurridas se convierte en una experiencia de saturación para el público. La crítica especializada ha seguido una línea crítica en este sentido, poniendo en tela de juicio la idoneidad de realizar exposiciones impactantes, o como se conoce en la jerga del gremio: blockbuster. Las ventajas de programar una exposición de este tipo son evidentes, las largas colas de visitantes se traducen en pingües beneficios para la institución organizadora y, siendo realistas, la financiación es esencial.

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Para aquellos que piensan que en la época de la sociedad de masas la única opción posible para disfrutar del arte es la asistencia a grandes exposiciones monográficas, la compra de tickets por adelantado, las colas agotadoras e interminables a las puertas de los museos y prisas para ver cada una de las obras expuestas, va dirigido este post. No es fácil encontrarlas, pero existen exposiciones de pequeño formato para disfrutar individualmente, sin nadie alrededor y con pocas pero importantes obras que degustar.

Hasta el 4 de marzo de 2012 es posible contemplar en la Fundación Juan March, obras desconocidas de Giandomenico Tiepolo, el célebre fresquista del Palacio Real de Madrid. En esta ocasión, podemos disfrutar de diez únicas obras pictóricas salidas del pincel del maestro veneciano reunidas en una única sala. Ocho “retratos” de mujer y dos de hombres en diez lienzos, no retratos – de ahí el entrecomillado- porque no reproducen personajes reales, sino más bien representaciones ideales de los conceptos de hombre y mujer.

No es fácil encontrarlas, pero existen exposiciones de pequeño formato para disfrutar individualmente, sin nadie alrededor y con pocas pero importantes obras que degustar

El título de la exposición es Giandomenico Tiepolo (1727-1804). Diez retratos de Fantasía y en ella podemos encontrar estas diez obras, que son propiedad de coleccionistas privados. Una oportunidad única para disfrutar del pequeño formato, de una exposición a escala humana, abarcable para los sentidos y que no produce fatiga ni saturación. Por eso, desde Croma Comisarios Culturales queremos recomendarte esta muestra, que en nuestra opinión es una alternativa a los circuitos tradicionales del arte en Madrid.

El montaje es exquisito, acorde con la intimidad que se desea transmitir. Una sala en penumbra acoge las diez obras, la iluminación se reduce a la mínima expresión, da la sensación de estar entrando en una estancia de un rico palacete barroco, con paredes revestidas de telas color bermejo. Se trata de una recreación museográfica que nos traslada momentáneamente al siglo XVIII, una period room o habitación de época, como se conoce en lenguaje técnico. Contexto perfecto, cálido y silente para degustar cada una de las obras.

En este ambiente se paladean cada uno de los detalles de los lienzos, los colores de porcelana brillante, los personajes imaginarios de mirada perdida, los vestidos de época y los motivos decorativos que adornan las escenas. Es arte en pequeñas dosis, como cápsulas que nos permiten apreciar matices que se perderían en otro contexto menos propicio para la contemplación. Es un encuentro persona-obra que omite incluso las cartelas, que no nos informa sobre lo que estamos observando, para que las palabras no interrumpan la mirada y la concentración sea máxima.

(*) Imagen de Portada: Wikimedia Commons. Creative Commons License.