La semana pasada estuvimos analizando varios autorretratos realizados por Giorgio de Chirico, ahora nos adentraremos en los numerosos paisajes urbanos que pintó este artista de origen griego y que encierran toda una serie de símbolos y construyen una iconografía propia que seguro te van a sorprender.

El concepto de revelación

Tuve la extraña impresión de mirar aquellas cosas por primera vez, y la composición se reveló al ojo de mi mente.

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El método de contemplación de Giorgio de Chirico está basado en la filosofía de Schopenhauer y consiste en observar todas las cosas como si fueran novedosas para poder captar su esencia. Además, de Chirico trata de encontrar también la esencia de los objetos y de las personas (que son vistas también como objetos) utilizando no sólo el método de indagación filosófica propuesto por Schopenhauer sino, en este caso, el de su admirado Friedrich Nietzsche, que decía a este respecto que era necesario:

Ver toda cosa, incluido el hombre, en su cualidad de cosa.

Esta forma de entender la realidad, de hecho, está presente en una de las obras claves de Nietzsche, el Ecce Homo, en la que alude a este problema de la revelación de la naturaleza del ser y se refiere a ello con estas palabras:

Nosotros sólo somos encarnación, instrumento sonoro, medio de poderes que nos superan. El concepto de revelación, en el sentido de algo que, de repente, con indecible seguridad y sutileza, se torna visible, audible, de algo que nos conmociona y zarandea en lo más profundo de nosotros.

Giorgio de Chirico se representaba a sí mismo precisamente como un visionario, como un filósofo y un poeta capaz de descubrir, de desvelar lo que otros no ven. Es un juego consistente en revelar, velar y desvelar que veremos reflejado constantemente en las siguientes obras.

Enigma de una tarde de otoño

Giorgio de Chirico, Enigma de una tarde de otoño, 1910.

Giorgio de Chirico, Enigma de una tarde de otoño, 1910.

La propia obra Enigma de una tarde de otoño subraya esta condición del visionario profético que desvela una realidad no evidente cuando Chirico representa los cortinajes cerrados que se encuentran entre los pórticos arquitectónicos.

La arquitectura como masa marmórea interrumpe la mirada hacia el horizonte, hacia el más allá, pero una cortina cerrada deja un pequeño espacio al descubierto que nos permite imaginarnos algo pero, en definitiva, es un enigma para nosotros. La escena se fracciona en dos espacios (algo que, como veremos sucede constantemente en su obra) uno inmediatamente cercano a los ojos del espectador y otro que se encuentra tras el muro de ladrillo.

La estatua nos da la espalda, es Dante, el poeta florentino, el único que contempla el horizonte porque su situación es la más alta, desde allí puede ver lo que a otros les está vedado. Los otros son los dos personajes que se encuentran en la base de la estatua. Dante es Chirico en sentido metafórico, él se ve como el gran poeta italiano, como el contemplador del más allá. Dante (Chirico) es el único que puede observar la vela del barco que se vislumbra al final de la escena, el barco es el viaje hacia la nada, hacia ninguna parte, su destino no lo conocemos, para él simboliza el sinsentido de la vida.

Enigma del oráculo

Giorgio de Chirico, El enigma del oráculo, 1910.

Giorgio de Chirico, El enigma del oráculo, 1910.

Enigma del oráculo (1910) es otra de las grandes composiciones de este periodo, que nos sirven para comprender el significado de la pintura metafísica. Desde el punto de vista formal, el encuadre de la imagen está realizado desde el interior de una habitación. Al contrario que en Enigma de una tarde de otoño, esta vez, la imagen se nos muestra entre cuatro paredes.

Es una habitación situada en un lugar elevado, desde donde puede contemplarse un paisaje al fondo. Dos figuras escultóricas antropomorfas se hallan en la pintura. Una de ellas está junto al vano de la cortina descorrida y movida por la brisa del viento, la otra está encerrada y su cabeza sobresale mirando al espectador.

De Chirico se identifica con la figura del oráculo, que es quien puede dar las respuestas del mundo exterior, es como un monje cuyo conocimiento es más agudo que el del resto, un sabio que ve más allá y que comprende lo que existe a su alrededor. Es quien ha descorrido la cortina y todo lo contempla desde la superioridad, desde la altitud, desde la distancia, que es desde donde mejor se puede interpretar todo.

La otra figura nos mira pero no sabemos cómo es, su forma total está oculta, intuimos cuál puede ser esa forma pero no la vemos, es el enigma. Está enclaustrada en una especie de biombo, no ve sino una habitación desde su perspectiva, no alcanza a entender el mundo exterior e incluso éste le sobrepasa, por eso, las nubes están sobre su cabeza pero no puede verlas.

El muro del centro de la composición, que separa ambas figuras, nos sirve como metáfora de la separación que existe entre las dos figuras. En realidad sólo existe una tela que bastaría mover para que se encontraran, pero en realidad, hay un muro, una separación difícil de superar. Sólo la estatua-oráculo es la que tiene recibe la revelación y es capaz de resolver el enigma del mundo exterior, la otra estatua no puede ver más allá del muro y por eso está en el interior.

El enigma de la hora

Giorgio de Chirico, El enigma de la hora, 1912.

Giorgio de Chirico, El enigma de la hora, c. 1910-1911.

El Enigma de la hora (1910-1911) nos introduce en la atmósfera metafísica. Otra vez nos encontramos en un espacio exterior dominado por una arquitectura clásica que interrumpe nuestra visión hacia el horizonte. La clave de esta imagen es el reloj, la representación más clara del tiempo, junto con las sombras. Son las tres menos cinco de la tarde, la hora del sol alto, donde se une el mundo real y el mundo de las representaciones, la hora del superhombre (que diría su admitado Nietzsche).

De Chirico es el superhombre, el que ve más que el resto, el que no se guía por el rebaño, el que tiene su propio sistema de valores. El tiempo es el enigma y el reloj su ironía. Este reloj se encuentra en el centro de la composición y justo debajo el abismo, el vértigo que produce su contemplación, quizás la muerte, la nada. La hora es el enigma irresoluble, que lo subrayan las sombras, el desconocimiento. La incomunicación entre las figuras es el silencio, la no obtención de la respuesta de la existencia.

El enigma de la llegada y del mediodía

Giorgio de Chirico, Enigma de la llegada y de la tarde, 1912.

Giorgio de Chirico, Enigma de la llegada y del mediodía, 1912.

En Enigma de la llegada y del mediodía (1912) la pintura se nos muestra fragmentada, igual que la anterior, pero en esta ocasión, podemos establecer un eje axial de referencia. La obra se divide en dos mitades (izquierda y derecha) y en dos planos o profundidades separadas por la pared.

El primer plano nos muestra un espacio acotado por un muro de ladrillo de reminiscencia romana. Ese fragmento de pared no cierra totalmente el espacio ya que llega a media altura y, por tanto, nos permite ver más allá.

La zona izquierda está habitada por unos personajes estáticos frente a un tablero de ajedrez y a continuación de una arquitectura clásica, elementos que acentúan el efecto de perspectiva y profundidad, a la vez que dan orden y clarifican el espacio.

La parte derecha es una zona no habitada, no hay figuras humanas, es una zona donde domina la sombra. La sombra es una clara alusión a la idea de ocaso de la civilización que postuló Nietzsche, en referencia al concepto de nihilismo y la pérdida de valores de una sociedad decadente. Por último, detrás del muro podemos observar una arquitectura clásica y un barco.

El mundo que representa la imagen es el de la dualidad, subrayado por estos dos espacios pictóricos: uno donde la realidad se nos muestra como un espacio en el que la mirada puede abarcar todo lo cognoscible (o finito); y otro en la parte posterior que se nos presenta de manera infinita, ilimitada, inconmensurable y misteriosa, todo ello reforzado y acentuado por la figura de la vela del barco, que alude a la inmensidad del mar y al misterio de la vida.

Los objetos descontextualizados

En el próximo artículo sobre Giorgio de Chirico analizaremos algunas de las obras de la etapa metafísica en las que introduce la descontextualización de objetos cotidianos para dotarlos de un nuevo significado. Hasta entonces, puedes consultar el capítulo anterior: Giorgio de Chirico y los autorretratos del profeta.

(*) Imágenes: Wikimedia Commons, Wikiart y The Athenaeum. Creative Commons License y Fair Use License.