Venus de Milo

El filósofo e historiador polaco Wladyslaw Tatarkiewicz (1886 – 1980) perteneció a la Escuela de Leópolis-Varsovia del período de entreguerras, una escuela creada por Kazimierz Twardowski que dio a Polonia importantes científicos y académicos (filósofos, psicólogos, sociólogos y estudiosos de la lógica). Desde siempre le interesó la historia y la filosofía y, no sólo eso, también tuvo interés por el arte. Por ello, estudió Filosofía e Historia del Arte en diferentes universidades y se hizo doctor. Desde la 1ª Guerra Mundial, Tatarkiewicz ocupó diversas cátedras y fue profesor en varias universidades de su país y, en 1930, fue nombrado miembro de la Academia Polaca de Ciencias. Durante la ocupación nazi organizó diversas conferencias clandestinas, poniendo en peligro su vida.

La figura de Tatarkiewicz es, sin duda alguna, muy importante en lo que se refiere a la historia de la estética. Siempre indicó que el objetivo de su propia investigación era la estética, la cual persiguió de dos maneras: a través de la filosofía general y a través de la historia del arte. Hay que destacar, sobre todo, la multitud de obras que escribió, de entre las cuales sobresalen por su importancia los tres volúmenes de Historia de la filosofía y los otros tres volúmenes de Historia de la estética. Además, destacamos sus obras tituladas Sobre la felicidad, Camino a través de la estética e Historia de seis ideas.

Historia de las seis ideas

Tatarkiewicz plantea en esta obra un compendio teórico muy completo sobre las más importantes cuestiones de la historia de la estética. Se centra sobre todo en los conceptos y definiciones de arte, belleza, forma, creatividad, mímesis y experiencia estética, además de en su evolución histórica y su desarrollo. Se trata de una historia de la estética planteada como una historia de los problemas estéticos, sus conceptos y sus teorías.

Actualmente muchos de estos conceptos importantes dentro del mundo del arte y la estética han cambiado y han llegado a ser secundarios. Así, por ejemplo, los conceptos de belleza o de mímesis -entendida como imitación de la naturaleza-, que tanta importancia tuvieron en el mundo clásico o en el Renacimiento, para el arte contemporáneo apenas tienen relevancia. Las discusiones teóricas sobre estos conceptos se han ido apaciguando a lo largo del siglo XX y nos han abierto el camino hacia una situación artística plural y abierta a cualquier revolución artística.

Por otro lado, una idea que subyace a lo largo de toda la obra es la de pluralismo estético. Según el autor, este es la interpretación más acertada de la existencia de diferentes valores estéticos. Unas veces se mantuvo dentro de un pluralismo más moderado, mientras que otras lo hizo en torno a un pluralismo asociado a la defensa de su objetividad y naturaleza absoluta o incluso relacionó su pluralismo estético con el relacionismo y el relativismo moderado.

Esta idea de pluralismo estético influye en su concepción de la obra de arte, la cual define como “una reproducción de las cosas, o la construcción de formas o una expresión de tipo experimental que pueden deleitar, emocionar o conmocionar”. Se trata de una definición más bien incompleta, pero esta era su intención. Considera que no debe haber límites y que deben verse las cosas de otra manera. Defiende que el arte no debe reducirse a obras maestras y a los llamados géneros elevados. Por esta razón, se observa en su obra un carácter liberador-revelador que tanto nos gusta. Sin duda, la definición de arte y obra de arte debe cubrir todos los tipos de arte sin discriminar ninguno de ellos. Pero todos estos planteamientos, al parecer tan ligeros, también pueden platear problemas a la hora de definir ciertas cosas o integrarlas dentro de un grupo u otro.

1. Arte

En primer lugar, el libro se encarga del concepto de arte desde la Antigüedad -cuando ya existían diferentes concepciones acerca del arte- hasta llegar a los tiempos modernos y al actual enfrentamiento sobre qué es el arte. Para estudiar la evolución del concepto a lo largo de la historia es fundamental analizar las diferentes clasificaciones que se han hecho. En este sentido, el debate de las artes liberales ha mantenido en vilo a muchos artistas (entre los que podemos destacar, por ejemplo, a los plateros) que pretendían que se entendiese su arte como un arte liberal. Sin duda se trataba de un rango más importante que el de un artesano. Ha sido una gran lucha en la que muchos han intervenido, cada uno aportando sus ideas y otros rechazándolas.

El arte ha estado en continua relación con la poesía desde tiempos antiguos. Poesía, música, arquitectura, etc., todas estas son expresiones de origen griego. Aunque los pueblos modernos las han recibido designando con ellas las artes, los griegos las utilizaron con otras intenciones y con un significado más amplio y que en muchas ocasiones no sólo se refería al arte.

La diferente clasificación que hicieron los griegos de la poesía y las artes visuales puede apreciarse de un modo más sorprendente en la estima social del poeta y del artista visual. Este último era considerado como un artesano, mientras que el poeta era considerado un filósofo. La división de las artes se hacía en relación al esfuerzo físico: artes liberales y subordinadas o serviles. El poeta no podía tener ayuda más que de Apolo y de sus musas y la poesía tenía que influir en la vida espiritual. Sin duda, los griegos carecían del punto de vista estético; pero no sólo eso, también de una comprensión creativa del arte. Sólo valoraban la perfección integral y la producción artística se entendía como algo rutinario.

Platón, sin embargo, señaló el parecido existente entre poesía y artes visuales y combinó ambas en una teoría común de la estética. Aristóteles, por su parte, rechazó las ideas de Platón: en la mente de este enemigo de lo irracional no había lugar para ninguna comprensión de la poesía. Finalmente, durante el Helenismo, se hizo una segunda aproximación al arte. Cicerón decía que la poesía depende sólo del talento innato, que es producido puramente por una actividad mental.

En la Edad Media se dio una nueva separación entre poesía y arte, pues se volvieron a aceptar las anteriores concepciones del arte antiguo. Este retroceso al pasado estaba muy influenciado por el Cristianismo. Una actitud moral intransigente dejaba poco espacio para una actitud estética; la espiritualidad cristiana no podía sentir ninguna afinidad con la belleza sensible.

Pero, de la misma manera que el Helenismo siguió a la época clásica en Grecia, el Renacimiento significó también un cambio después de la Edad Media. Durante este periodo se conservó el concepto clásico de arte, aunque existía una importante multiplicidad de divisiones que persistió durante mucho tiempo. Algunos dividían las artes en principales, como la arquitectura, y subordinadas, como la pintura. Aunque también es importante hablar de una separación entre pintura y poesía, ya que esta última es una criatura verbal en forma de verso y con un contenido trascendente. Pero lo más importante es que durante el Renacimiento el arte visual se liberó de las restricciones que le habían impuesto los principios morales y religiosos y surgió el arte por el arte y por la belleza.

Durante el periodo de la Ilustración se hizo una división entre artes bellas y mecánicas. Fue también entonces cuando se estableció el término de bellas artes. Actualmente existe una división de las artes igual de poco exacta que en épocas anteriores, ya que las clasificaciones que se hacen de las artes se entienden ahora en un sentido más limitado de la palabra: en el de Bellas Artes.

2. Belleza

En lo referente a la belleza, se sigue la misma pauta que con el arte, hablando primero de la historia de este concepto, desde la Antigüedad hasta el momento actual. [Artículos relacionados: Adisson y el concepto de belleza, El fin de la belleza, La esclavitud de la belleza].

Existen diferentes interpretaciones de este concepto, aunque la gran teoría general de la belleza -que se planteó ya en tiempos antiguos- afirmaba que la belleza se basa en las proporciones de las partes, su ordenamiento y sus interrelaciones. Esto puede ilustrarse haciendo referencia a la arquitectura. Esta gran teoría, que persistió largo tiempo y comenzó con los pitagóricos, se enunciaba junto a una serie de otras proposiciones que hacían referencia a la naturaleza funcional y cuantitativa de la belleza, a su base metafísica, a su objetividad y a su alto valor. Con el declinar de la Antigüedad esta concepción de belleza acabó sucumbiendo al cambio de mentalidad y en la actualidad se ha transformado en un concepto meramente estético.

Por otro lado, la belleza posee diferentes categorías. Podemos decir que tiene un carácter diverso cuando se trata de objetos bellos, obras de arte o paisajes de la naturaleza. Cuando nos referimos a la arquitectura incluye elementos como la estructura y el ornamento, pues estos sin duda pueden en un conjunto llegar al punto de belleza. Pero abarca también una serie muy amplia de cualidades, como la agudeza, la gracia o la elegancia. Según el momento histórico, se ha considerado que la aptitud es una variedad de la belleza. Otros adjetivos que se suelen asociar al concepto de belleza son los de la atracción, la sutileza, la sublimidad…

Sin embargo, poder determinar algunas cualidades de la belleza no nos permite identificar con claridad aquello que es bello. En un sentido amplio, pensamos que es bello todo lo que vemos, oímos o imaginamos con placer y aprobación y, por tanto, también aquello que es graciado, sutil o funcional. Sin embargo, en otro sentido más limitado, no sólo pensamos que la gracia, la sutileza o la función no son atributos de belleza, sino que los oponemos totalmente a la belleza. Sin suda, la belleza es un concepto general y algo muy difícil y complicado de definir. Podríamos decir, incluso, que según qué parámetros se tomen en cuenta se generan diferentes tipos de belleza, como por ejemplo la belleza clásica o la belleza romántica.

Finalmente, en torno al debate de la belleza existe la disputa entre el objetivismo y el subjetivismo: ¿los objetos poseen la cualidad de belleza per se o se la atribuimos nosotros a algo que nos parece bello? En efecto, todas las cosas son en sí mismas estéticamente neutrales, ni bellas ni feas. A lo largo de la historia ha ido cambiando el punto de vista sobre este tema. Así, en la Antigüedad encontramos un enfoque sobre todo subjetivista, aunque pitagóricos y estoicos abogaban por el objetivismo. En la Edad Media hubo diferencias entre los periodos, pero un factor importante fueron los escolásticos, que pusieron en tela de juicio el punto de vista objetivista de los antiguos filósofos. En el Renacimiento se consideraba que la belleza era objetiva y que el deber del artista estribaba simplemente en revelar sus leyes objetivas e inmutables. Sobre esta cuestión se poseen claras afirmaciones hechas por el gran teórico Leon Battista Alberti y por Marsilio Ficino. En el Barroco se creía en la existencia de unas leyes universales, en unos cánones obligatorios y en unas perfectas proporciones cósmicas -esto se aplicó sobre todo a la arquitectura y escultura, pero pronto también se hizo a la pintura y poesía-. A finales del siglo XVIII triunfó la estética subjetivista, que contaba con numerosos partidarios tanto en Gran Bretaña como Francia.

3. Forma

Sin duda el concepto de forma es uno de los más duraderos e internacionales. Sin embargo, la ambigüedad del término tiene tanta importancia como su persistencia.

La historia de la estética revela al menos cinco atributos diferentes de la forma, importantes todos ellos para una adecuada comprensión del arte:

  • La disposición de las partes.
  • Lo que va directamente a los sentidos.
  • El límite o contorno de un objeto.
  • La esencia conceptual de un objeto.
  • La contribución de la mente al objeto percibido.

Existen aparte otros significados de la forma que, aunque sean menos importantes, se emplean en la teoría y la práctica de las artes como, por ejemplo, el de instrumentos que sirven para dar forma. También existen algunos conceptos nuevos de forma que todavía no tienen historia o su historia es muy breve.

4. Creatividad

La creatividad artística es algo de lo que nos hemos acostumbrado a hablar de una manera muy natural, hasta tal punto que los conceptos de artista y creador nos parecen inseparables. Sin embargo, el término no siempre existió y no siempre tuvo el mismo significado. De hecho, surgió dentro del ámbito teológico y no fue hasta el siglo XIX que el término de creador se incorporó al mundo del arte.

En el siglo XX el concepto de creatividad se amplía. Mientras que en la centuria anterior se pensaba que sólo el artista podía ser creativo, a finales del 1900 empieza a considerarse que no sólo los artistas pueden gozar de la creatividad. En el siglo XX el concepto de creatividad se usa ya en un sentido más amplio: denota cada actuación del hombre que trasciende la misma recepción. El hombre es creativo cuando no se limita a afirmar, imitar o repetir y cuando da algo de sí mismo.

5. Mímesis

La mímesis o imitación, sin duda, abarca la historia de la relación del arte con la realidad. El término, que ha existido desde la Antigüedad -aunque el concepto ha cambiado con el tiempo-, se refiere a la reproducción del mundo externo (como en el siglo V a. C.) o a copiar la apariencia de las cosas. Aristóteles ya hablaba de que la imitación artística podía presentar las cosas más o menos bellas de lo que son y seguir aparentemente fiel a Platón. Esta idea de que el arte imita la realidad predominó en la cultura europea durante unos veinte siglos, aunque aconteció de diferentes formas y con una terminología diferente.
La mímesis tiene un importante papel en la relación entre el arte, la naturaleza y la realidad. Sin duda la realidad es un concepto más extenso que la naturaleza, ya que comprende también las obras humanas. En lo referente al término de naturaleza, ha tenido una gran influencia en su evolución la concepción que de él se tuvo en la antigua Grecia. Además, es importante destacar los parangones entre la naturaleza y el arte.

6. Experiencia estética

Finalmente, por lo que respecta a la experiencia estética, está claro que también tiene una importante historia. Es de suponer que, en las épocas en las que al artista se lo consideraba más bien como un artesano, la experiencia estética no tuvo gran relevancia, mientras que con la llegada de la Ilustración tuvo una mayor importancia. En los grandes sistemas filosóficos de la primera mitad del siglo XIX, la belleza fue el principal concepto de la estética, pero esto no duró mucho, pues a partir del siglo XX los conceptos de belleza son más individuales y se puede decir que existen muchos tipos de belleza.

Tatarkiewicz distingue tres clases de experiencias estéticas:

  • La más elemental, derivada de la contemplación de objetos concretos.
  • La experiencia literaria, en la que interviene el intelecto.
  • La experiencia poética, que es emocional e imaginativa.

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(*) Imagen: Shawn Lopowski. Creative Commons License.