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Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, ha publicado recientemente la obra La civilización del espectáculo, un libro recopilatorio de artículos de su autoría aparecidos en el periódico El Páis desde finales de los noventa junto con varias reflexiones paralelas que vienen a completar este breve ensayo.

La tesis fundamental que defiende el libro es que la cultura ha devenido en puro espectáculo, en mero entretenimiento para las masas. Para Vargas Llosa, la época actual puede ser definida como la era poscultural. Un momento histórico en el que la filosofía y las bellas artes han sido desplazadas por el deporte, la gastronomía y la música popular; y donde la palabra escrita ha sido condenada a la desaparición total debido al surgimiento de medios electrónicos como el ipad o el ebook que favorecen la cultura audiovisual.

Se trata, según el autor, de un movimiento hacia la banalización de la cultura que ha tenido lugar desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que ya fue anunciado por prestigiosos autores como T. S. Elliot en su obra Notes Towards the Definition of Culture (1948), George Steiner en In Bluebird Castle. Towards the Redefinition of Culture (1971) y, sobre todo, en La Société du Spectacle de Guy Debord (1967), de la que la presente obra parece que quiere tomar el testigo.

Desde esta perspectiva distópica, analiza diversos aspectos de la realidad con el objetivo de argumentar su tesis. Así, toma partido en cuestiones como el arte, la cultura popular, la posmodernidad, la educación, la multiculturalidad, el erotismo, la política, los medios de comunicación, la religión, el capitalismo, la tecnología y la literatura.

  1. Arte: su postura en este aspecto es que el arte actual está rodeado de un halo de espectacularidad e incluso de decadencia cuando no de mera transgresión vacua. Pone como ejemplo a varios autores ingleses de la nueva ola de artistas surgidos en la década de los noventa que, como Damien Hirst, son capaces de vender humo y entretenimiento al público general a la vez que sus teóricos logran seducir a compradores millonarios y asiduos del mercado del arte con palabras biensonantes, crípticas pero más valiosas que el diamante.
  2. Cultura Popular: la define como “la suma de creencias, conocimientos, lenguajes, costumbres, atuendos y sistemas de parentesco” y critica que numerosos antropólogos, en pro de lo políticamente correcto, hayan argumentado que toda cultura por el mero hecho de existir aporta una gran valor a la humanidad y que toda posible crítica a esta postura haya sido tachada de colonialista por suponer que unas culturas son superiores a otras.
  3. Posmodernidad: señala a Baudrillard como uno de los principales culpables, entre otros teóricos de la posmodernidad, de que en la actualidad estemos asistiendo a un uso forzado de las palabras y a una ideologización del conocimiento, en el que las categorías tradicionales son sustituidas por otras como la teoría de género o de raza, la teoría cultural, la cultura audiovisual, etc. Además, añade que estamos inmersos en usa virtualización de la realidad preconizada por Baudrillard, que ahora es puro simulacro o directamente espectáculo. Una realidad que es filtrada por medios de comunicación con oscuros intereses que editan según qué información.
  4. Educación: establece como fecha de referencia el Mayo del 68 francés, momento en el que la autoridad del profesor desapareció bajo las proclamas enunciadas por universitarios parisinos y situacionistas al grito de “Prohibido prohibir”. En realidad, según Mario Vargas Llosa, hecho menor el del Mayo del 68 puesto que apenas tuvo repercusiones en el ámbito político pero que en educación abrió la veda al “todo vale”, a la ausencia de jerarquías y a la horizontalidad en la relación alumno-profesor.
  5. Multiculturalidad: este factor surge como consecuencia del cosmopolitismo de las modernas ciudades en las que existe la convivencia en un mismo espacio de diferentes culturas y religiones. En particular analiza el problema del velo islámico en las aulas. Es conocida su preferencia por las tesis liberales, por lo que no es de extrañar que apueste por la defensa de la libertad individual y que se manifieste en contra de su prohibición.
  6. Erotismo: sobre esta cuestión no deja lugar a dudas. Tomando como referencia las clases de masturbación para adolescentes auspiciadas por la Junta de Extremadura, establece que aunque haya sido impartida con el noble propósito de evitar los embarazos no deseados, se trata de una auténtica aberración pornográfica que desdibuja los límites entre lo público y lo privado. Esta sexualización de la cultura es la culpable precisamente, según el autor, de que el erotismo esté muerto y sólo nos queden de él las narraciones de Choderlos de Laclos, Giacomo Casanova o el Marqués de Sade.
  7. Política: la cultura es la principal culpable de degradación política debido a la banalización lúdica de la cultura imperante, que ha creado un perverso tándem consistente en: medios de comunicación de entretenimiento, política corrupta y justicia que desatiende sus labores. Sólo así se entiende que en las principales encuestas que se realizan a la población, aparezca la política como uno de los problemas que más afectan a sus vidas. Sin embargo, toda la sociedad está aquejada de este mal de la corrupción, ya que, por otra parte, se muestra demasiado laxa en el cumplimiento de las leyes antipiratería, por poner un ejemplo.
  8. Medios de Comunicación: según Llosa “la revolución audiovisual de nuestro tiempo ha violentado las barreras que la censura oponía a la libre información y a la disidencia crítica y gracias a ello, los regímenes autoritarios tienen muchas menos posibilidades que en el pasado de mantener a sus pueblos en la ignorancia y de manipular a la opinión pública”. Por lo tanto, cabría pensar que se muestra favorable a la nueva revolución tecnológica y, en particular, de internet como medio de comunicación libre. Sin embargo, es totalmente contrario porque elimina, otra vez, la barrera entre lo público y lo privado. Para este autor, internet supone la libertad de información pero sin filtro, lo que en realidad se traduce en mero ruido, por lo que su validez como control del poder es ciertamente limitado.
  9. Religión: la religión hoy en día no ha decrecido en poder pero se ha vuelto radicalmente superficial. Llosa, que vivió en Londres en la década de los sesenta, afirma que fue precisamente en esa época cuando la religión empezó a desvanecerse en lo que respecta a su vertiente trascendal, para convertirse en simple espectáculo. Cita el movimiento contracultural hippie como inicio de esta tendencia que da más importancia a las religiones orientales como el hinduismo y el budismo pero dentro del espectáculo de la música popular. Nombra por ejemplo a los Beatles y su viaje a la India para conocer a su “Baba” espiritual y a la generalización en occidente de este tipo de religiones a partir de este hecho.
  10. Capitalismo: la principal contribución del capitalismo a la civilización del espectáculo es la confusión que establece entre precio y valor. Si, por ejemplo, una obra de arte tiene un precio determinado pero no encuentra comprador su valor disminuye. Por este motivo, se muestra contrario a un criterio estrictamente economicista para valorar las obras de arte y reivindica la figura del crítico, que antaño cumplía una función que ha desaparecido o ha entrado a formar parte del star-system del espectáculo artístico. También alude a una cuestión más polémica que es la democratización de la cultura como causa de la esta civilización del espectáculo, ya que la accesibilidad y el querer llevar la cultura a las masas ha favorecido el uso de prácticas poco recomendables en el ámbito cultural.
  11. Tecnología: su reflexión en este campo está centrado en la aparición del libro electrónico, que Vargas Llosa ve como una amenaza porque “desaparecerán librerías, bibliotecas, editores, agentes literarios, correctores, distribuidores…”. Además sugiere que algo de la inmaterialidad que caracteriza lo digital acabará por trasladarse al contenido. Tampoco acepta el concepto de textos enriquecidos con videos y audios, a la vez que vaticina una robotización del individuo y que tanto Google como Twitter o Facebook, etc., aunque tienen unas supuestas bondades tampoco serán la panacea ni darán como resultado un enriquecimiento cultural en el futuro.
  12. Literatura: dentro del pensamiento apocalíptico, el escritor, ve bastante posible que la literatura acabe siendo mero entretenimiento para el metro o el autobús y que los grandes escritores que buscaban entender al ser humano y que pretendían escribir textos con sustancia quedarán totalmente relegados a un segundo plano o directamente desaparecerán por no encontrar lectores que deseen esforzarse sino solamente divertirse. Así, concluye, la literatura será solo una evasión de la realidad y una cotidianidad completamente anodinas.

Si deseas saber cuál es la filosofía de CROMA Comisarios Culturales te remitimos a este artículo llamado Se acabó el espectáculo, empieza el conocimiento, en el que precisamente renegamos de la civilización del espectáculo y promovemos la civilización del conocimiento.

¿Te apetece leer el libro completo? Puedes hacerlo a través de este enlace: La civilización del espectáculo.