La Exposición Minimalista

El año pasado tuve la ocasión de disfrutar de una exposición única. De hecho, dejé constancia de ello en este mismo blog (“Tiépolo en la intimidad”). Se trataba de una muestra celebrada en la Fundación Juan March que llevaba por título «Giandomenico Tiepolo (1727-1804). Diez retratos de Fantasía».

Por cierto, ¿conoces el libro Por Qué Estudiar Historia del Arte?

Te recomiendo que le eches un vistazo.

Te animo a que consultes el artículo para que puedas leer los detalles, ya que mi intención no es tanto hablarte de esta exposición como de un tipo de exposición que escasea en los museos, centros de arte, centros culturales, galerías de arte, etc. Hablo de las exposiciones minimalistas. No hablo de las exposiciones sobre el movimiento artístico y musical conocido como minimalismo o minimal art. Hablo de aquellas exposiciones que conceden a la obra de arte o a la pieza que se expone el espacio que se merece.

Me explico: desde mi punto de vista, uno de los principales problemas que aquejan los museos es la saturación de obras de arte y es un problema prácticamente irresoluble, ya que los museos se deben a su colección, a su espacio y a su(s) público(s). Esto significa que los museos no se pueden permitir no exponer determinadas piezas porque se ven en la obligación de cumplir con ciertas funciones:

  1. Abastecer las salas de obras.
  2. Minimizar el número de obras guardadas en sus almacenes.
  3. Mostrar al público un relato más o menos coherente de su colección.

Nada que objetar al respecto, excepto que esta situación produce una saturación estética importante en los visitantes a la vez que convierte los museos en lugares menos accesibles si los analizamos desde una perspectiva pedagógica. Además, los museos, por este motivo, se convierten en lugares de exceso y no digamos los grandes museos.

Si estamos rodeados de obras de los grandes maestros del arte, por ejemplo, ¿valoraremos adecuadamente todas y cada una de las obras expuestas? Claramente no. Si estamos en un museo en el que la colección es ligeramente peor que la que menciono anteriormente, es decir, que no posee tantas obras maestras sino solo unas pocas, ¿valoraremos mejor esas pocas obras? Sí.

Con esto no pretendo decir que sea mejor ir a museos mediocres, sino que el exceso de obras no permite valorar adecuadamente la singularidad de cada una de ellas. Pero, otra vez, nada que objetar, ya dije unas líneas más arriba que esto es un problema consustancial de los museos. Si acaso, se puede incidir en mejorar el montaje expositivo mediante elementos museográficos, ya sea a través de la iluminación dirigida u otros giros efectistas que estamos acostumbrados a ver a menudo. Para entendernos, se podría realizar un montaje al estilo de la Victoria de Samotracia en el Louvre, pero esto no solucionaría el problema de fondo, que cada obra disponga de su lugar, que respire y no se vea asfixiada por cientos de obras alrededor que compiten por nuestra atención y nuestra mirada.

La exposición minimalista

Por el contrario, en las exposiciones temporales se puede ser más original, no solo en el montaje, sino también en la concepción misma de la muestra y, lo más importante, se puede resolver mejor el problema de la saturación estética. Por eso me he referido a la exposición de Tiépolo, porque se trataba de una exhibición de tan solo diez obras de arte en un espacio limitado. A esto es a lo que me refería con una exposición minimalista, a una exposición de la contención y no del exceso.

La exposición minimalista que propongo vendría a ser algo así:

  • Número muy limitado de obras: desde una hasta veinte. Puede ser solo una, no existe ningún problema al respecto.
  • El tiempo de visualización de la muestra no debería exceder los sesenta minutos. Más tiempo es contraproducente porque se deja de prestar atención y sería preciso descansar.
  • Cada obra debe tener una separación conveniente respecto de las otras.
  • El espectador se centra en la obra y no se distrae. Es un contacto directo obra-espectador.

Esta es solo una propuesta muy personal sobre las posibilidades pedagógico-estéticas de las exposiciones minimalistas, en la que siguiendo la famosa máxima “menos es más” intento proponer, y no solo criticar (constructivamente), una nueva forma de concebir exposiciones temporales. Es fruto de la experiencia de visitar continuadamente tanto museos como exposiciones temporales y de sentir prácticamente siempre la misma sensación de abigarramiento formal.

Sé que pueden surgir muchas preguntas al respecto y me gustaría que participaras para, entre todos, tratar de mejorar la experiencia del visitante en el museo o exposición temporal. Así que, por favor, deja un comentario en el blog o en la página de facebook para saber qué opinas al respecto. Muchas gracias.

(*) Imagen de portada: Janvdee. Creative Commons License.