louise-bourgeois

Louise Bourgeois contemplando Germinal, 1967.
Fotografía: I. Bessi Carrara.

La casa se ha convertido en uno de los temas elegidos por los artistas para expresar las relaciones entre el mundo público y el privado. Como fuente de inspiración desde una perspectiva psicológica y bastante poética a través de experiencias personales. Numerosos artistas utilizan en sus obras experiencias de carácter psicológico que han influido e influyen de manera decisiva en su producción artística. La vivencias personales en cada uno de ellos ha provocado un sinfín de manifestaciones artísticas que van desde las representaciones más tradicionales hasta el uso de nuevas tecnologías.

Una de las artistas considerada máxima exponente de la consideración del espacio de la casa con una fuerte connotación psicológica, trasladada a la experiencia propia de encontrar en este recinto una sensación de aprisionamiento, es Louise Bourgeois con sus llamadas “Cells” o las famosas “habitaciones rojas”.

La casa como primer universo de un individuo, tiene la facultad de guardar, en muchos casos los recuerdos de éste, siendo el lugar donde recaen los pensamientos y se van formando imágenes y memorias. La misma fisionomía de la casa, sus espacios abiertos y cerrados, oscuros y luminosos, los pasillos, sótanos y altillos, suman valores a la memoria, que hacen la experiencia totalmente íntima, al hacer el ejercicio de recordar el momento en que se habitó ese mismo espacio.

De esta manera, el recinto en el que se habita o se ha habitado nos provee de un marco físico al que asociar los recuerdos y generar imágenes de aquello que nos ha influido a lo largo de nuestra vida. La casa es un espacio donde se han integrado los pensamientos y los sueños ayudándonos a profundizar sobre la experiencia que se ha vivido en ella.

Para que entiendas esta relación entre el arte y lo doméstico en la obra de Louise Bourgeois, es necesario conocer algunos aspectos de su infancia que la marcaron profundamente. Pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia en los alrededores de París donde su familia trabajaba en la restauración de tapices. Empieza en este taller a aprender a dibujar para colaborar en las tareas familiares. Estos primeros años van a estar marcados por la figura de la madre trabajadora y serena, imagen de la estabilidad así como por un padre brillante pero infiel al que Bourgeois siente amor y odio a la vez.

En 1932 estudia filosofía y matemáticas en la Sorbona, pero pronto se inclina por la formación artística. Entre 1934 y 1938 frecuenta escuelas y talleres entrando en contacto con artistas como Fernand Léger. Esta formación profesional puede explicar su concepción de la memoria como una forma de arquitectura, representando sus emociones a través de imágenes de viviendas y formas arquitectónicas. En 1938 contrae matrimonio con el historiador de arte norteamericano Robert Goldwater y se traslada a Nueva York donde transcurre toda su carrera.

Toda su producción gira en torno a las emociones provocadas por los recuerdos de su infancia, sobre todo por la traición de su padre hacia su madre a causa de la relación de infidelidad que mantuvo con la institutriz que le habían asignado a la artista y a sus hermanos. El hecho de esa convivencia bajo el mismo techo con la amante de su padre, provocó un ambiente de celos, mentiras e hipocresía que dejaron profundas huellas en la artista.

Es por ello que en su producción presenta espacios domésticos llenos de objetos que son al mismo tiempo realidad y metáfora de aquello que no se puede decir. Según la propia artista es en el seno de la familia donde se representa el drama de la opresión sexual, la violencia de la autoridad patriarcal, la sumisión de la figura materna, etc. Mediante su escultura es capaz de revivir la experiencia del miedo y la inseguridad dándole una dimensión física. Parte de su obra se caracterizará por una constante: la utilización de la arquitectura como elemento simbólico.

Femme-maison

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Louise Bourgeois, Femme-maison, 1946-47. Fotografía: Rafael Lobato.

Bourgeois realizó desde el principio y hasta finales de los años cuarenta dibujos y grabados, en los cuales ya se vislumbra su profundo interés por el tema de la casa en su iconografía. Muestra de ello son varias pinturas y dibujos de 1946-47 titulados Femme-maison, que son imágenes donde el cuerpo o la cabeza de una mujer son sustituidos por la representación de una vivienda.

Esta obra fue una clara llamada en contra del carácter opresivo de las amas de casa en su vida cotidiana y en contra de la proyección del difundido estereotipo de la mujer como esposa feliz que, por ser mujeres, sólo podían desarrollarse en la pasividad sexual, el sometimiento al varón y dedicarse al de los hijos. Por esta razón durante los años 70 la obra de Buorgeois llamó la atención a algunas artistas feministas, interpretando su obra como una denuncia contra la posición tradicional de la mujer dentro del espacio doméstico.

Estas viviendas que sustituyen partes del cuerpo de la mujer, son edificios entendidos como cárceles y a la vez refugios. Podemos vislumbrar en estas obras una clara referencia al entorno familiar de su infancia. La casa entendida como espacio materno, como refugio cálido y protector, pero a su vez como el reino del padre, del autoritarismo y la mentira donde se desarrolla el drama familiar: el triángulo padre-madre-amante. Pero es importante destacar como pone de manifiesto la artista esa naturaleza contradictoria que ha tenido el espacio doméstico en la historia de las mujeres. Es un espacio donde se experimentan los placeres de la maternidad pero a su vez es imagen de reclusión, de rechazo de la mujer en los asuntos públicos y será su papel exclusivo el de madre, esposa feliz y reproductora.

Cells

Louise Bourgeois, Cell VII, 1998.

Louise Bourgeois, Cell VII, 1998.

Una vez más, en relación con el mundo doméstico, Bourgeois realizará una importante serie llamada Cells, que consta de seis instalaciones, para la Carnegie International de Pittsburg.

El título Cells, hace alusión a la palabra célula, en inglés, con la que hace referencia al origen y unidad mínima de vida, creando una metáfora con la palabra celda, que refleja su concepción de la casa como prisión, generando una interesante dicotomía. Para llevar a cabo ésta representación, introducirá por primera vez en su producción elementos arquitectónicos y escalas naturales, que generan nuevos espacios físicos que permiten la participación del espectador en la obra.

Estas celdas son una especie de grandes jaulas, instalaciones que consisten en unos espacios cerrados, opresivos, como si fuesen una especie de habitaciones de la memoria, recuerdos del hogar natal de la artista, que albergan una serie de elementos heterogéneos, simbólicos y domésticos. Objetos oníricos pero cotidianos recurrentes en cada una de ellas, tales como formas corporales, esculpidas en cera, bovinas de hilo como recuerdo a la figura de su madre, tejedora y remendadora de tapices y como metáfora de protección.

En la Cell I, el espacio se delimita por una serie de puertas de madera desconchadas dispuestas en espiral, que obligan al espectador ir rodeando la celda; este recurso aunado a las ranuras en las mismas consigue despertar la curiosidad del espectador que se siente invitado a espiar el interior. Al girar un poco más se encuentra una puerta de cristal que permite, por fin, observar lo que hay en el interior. Estos cristales los presenta sucios e incluso algunos rotos, por lo que el espectador consigue observar directamente metiendo la cabeza por alguna apertura, pero siempre sin permitir la entrada. Se nos permite ver el interior pero no acceder a él, de esta forma Bourgeois logra crear una tensión entre lo accesible y lo prohibido, lo público y lo privado.

En el interior de la celda encontramos una cama de hierro iluminada por una lámpara y cubierta por trozos de tela de saco. Junto a la cama aparece una silla de hierro y una mesa de madera donde veremos toda suerte de objetos: trozos de cuerda, tornillos, botellas, frascos de cristal que parecen abandonados y llenos de polvo. El conjunto provoca una sensación de angustia y abandono, escena con la que Bourgeois quiere plasmar el dolor entendido como miedo.

Más adelante, en 1993 es encargada de representar a Estados Unidos en la Bienal de Venecia. Para ello realiza un conjunto de seis celdas donde continúa destacando las relaciones entre el dolor físico y el psíquico.

En la segunda mitad de la década de los 90 empieza a adquirir importancia para la artista el tejido como elemento escultórico. En Cell VII de 1998 Bourgeois construye un espacio con viejas puertas de madera que, como ya hiciera en las celdas anteriores, consiguiendo crear un ambiente de desasosiego. Todo el espacio presenta un aspecto de abandono intensificado por manchas y desconchones en las puertas y la gruesa capa de polvo que cubre los muebles. Del centro cuelgan algunos vestidos de la propia artista, elemento recurrente en la iconografía de Bourgeois, acompañados por algunos huesos de animal que otorga un carácter fúnebre a la obra.

Aparece además una maqueta de la casa de su infancia, una araña que alude a la figura materna y una forma rosácea atravesada por agujas. Las agujas serán un elemento importante en la representación de la artista, que les da la connotación de elementos de remiendo y unión, reminiscencia de la actividad de tejedora de su madre.

Encontramos en estas celdas, el método de Bourgeois de reconstrucción de la memoria por medio de elementos arquitectónicos que, a su vez, hacen referencia a la vida doméstica.

La utilización de las prendas femeninas además de tener una clara alusión a los tapices y telares de su infancia, para Bourgeois es una protección del cuerpo, y constituye un indicador de la diferencia sexual. También aluden al carácter privado y público que tanto ha querido reflejar la artista en sus anteriores celdas. Estas prendas viejas rescatadas de un baúl nos hablan de la historia personal de Bourgeois, de sus miedos, sus gustos, sus deseos, y de la historia de las mujeres.

Red Room Parents, Red Room Child

Louise Bourgeois, Red Room (Parents), 1994.

Louise Bourgeois, Red Room (Parents), 1994.

En 1994 Bourgeois retoma su propio ambiente familiar en su instalación titulada Red Rooms. Con ocasión de la publicación de un libro sobre la infancia de la artista en la Galería Peter Blum de Nueva York, Bourgeois crea dos habitaciones de dimensiones claustrofóbicas, Red Room Parents y Red Room, Child, ambas inspiradas en el apartamento de Boulevard Saint Germain donde vivió durante su infancia.

Como en las celdas descritas anteriormente, en Red Room Parents, se entra a través de un pasaje estrecho formado por paredes curvas de madera que dan paso a un espacio en cuyo centro destaca una cama de matrimonio con un tren de juguete y una caja musical encima de ella. En la cabecera aparece entre dos almohadas rojas una blanca donde se ve escrito “Je t’aime” y frente a la cama un espejo ovalado que permite reflejar la escena. Todos estos elementos pueden reflejar la relación de un matrimonio en armonía por el bordado del cojín o la presencia de los juguetes que simbolizan a los hijos. Sin embargo, dos detalles vienen a cuestionar la aparente paz del ambiente: un objeto blando que cuelga del techo y un dedo de goma atravesado por una aguja colocado sobre la cama y que claramente alude al mundo de tapices.

El color rojo está asociado según Bourgeois a la sangre, la violencia, la vergüenza, los celos y la culpa.

Esta habitación hace una clara alusión a la presencia de la amante de su padre en su hogar. Es como una reconstrucción del trauma del adulterio pero también un recordatorio a la búsqueda de la verdad, y una mirada a la prohibición de la entrada a la habitación de sus padres.

Este es el inicio de una serie de post que reflexionan sobre la relación del arte doméstico en algunos artistas contemporáneos. Si sabes de alguno no dudes en mencionarlo para que tengamos todos una visión más completa de esta interesante reflexión.

Referencias

BACHELARD, G., La Casa. Del sótano a la guardilla. En: La poética del espacio. Madrid, Fondo de Cultura Económica.

CRONE, R., Louise Bourgeois: The secret of the cells, Munich, Prestel Vlg., 1998.

MAYAYO, P;  En otro país, En el origen: La Casa. En: Louise Borgeois. Hondarribia (Guipúzcua), Nerea, 2002.

MAYAYO, P; La memoria recobrada. ¿Celdas o células?. En: Louise Borgeois. Hondarribia (Guipúzcua), Nerea, 2002.

RIVERA, S., Louise Bourgeois: “Decir lo que no se puede decir, en referencia a”: Louise Bourgeois. Memoria y Arquitectura. Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Catálogo de la Exposición del 16 de noviembre de 1999 al 14 de febrero de 2000.

(*) Artículo escrito en colaboración con Fernanda Celis.