¿Por qué somos tan proclives al drama? Nos gusta lo barroco, nos gusta lo romántico, nos atrae la sangre de los santos cayendo a borbotones y el suicidio por aquellos amores no correspondidos. Nos gusta la noche, la oscuridad, el misterio de la muerte y el valor heroico del suicidio atormentado por una vida insatisfecha. Entonces, si existe una representación pictórica que merezca nuestra atención atendiendo a estos motivos que he mencionado, esta es: La muerte de Séneca.

La historia de Séneca

La historia de Séneca es la del patricio sabio, rico y cercano al poder que aun pudiendo sortear los males del destino debido a su situación privilegiada, se ve abocado al más trágico final. Séneca era consejero de Nerón, el gobernante con fama de despiadado que la leyenda dice que incendió Roma mientras tocaba la lira y que era capaz de asesinar a sus seres más allegados. Solo con este currículum de sangre a sus espaldas se entiende que el destino de Séneca fuera el suicidio, aunque habría que matizar esta cuestión porque en realidad, Séneca no murió por voluntad propia sino que fue condenado a acabar con su vida.

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Con este currículum de sangre a sus espaldas se entiende que el destino de Séneca fuera el suicidio.

Se cree que el motivo que desencadenó tales circunstancias fue un posible complot con el que se pretendía asesinar al propio Nerón y del que se acusó (probablemente sin tener razón) al ya anciano Séneca, que en muchas otras ocasiones había sido el fiel consejero del emperador y que en realidad no tenía motivos para cometer tal fechoría. Aún así, el heroico Séneca como fiel practicante de las doctrinas del estoicismo, aceptó su condena y él mismo seccionó sus venas, tomó la cicuta, el veneno de Sócrates y se sumergió en un baño de vapores que le provocó la asfixia debido al asma que padecía. Lo hizo siguiendo sus principios de virtud, honor y templanza ante las circunstancias externas que no se pueden controlar, ya que según él mismo predicaba: “el hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo”.

Él mismo seccionó sus venas, tomó la cicuta, el veneno de Sócrates y se sumergió en un baño de vapores que le provocó la asfixia debido al asma que padecía.

Esto es bien diferente al drama romántico, en el que el individuo está fuera de control, donde es la irracionalidad la que provoca el acto catastrófico y el sujeto no acepta las circunstancias que le impone la vida. Aprendamos algo de Séneca, aprendamos a aceptar los vaivenes de la vida, la montaña rusa de emociones contrapuestas, el sentido y el sinsentido. No por resignación ni por determinismo sino casi por amor propio. En los momentos en los que parezca posible la utopía, el hedonismo y el confort, disfrutémoslo sabiendo que nada permanece y aceptemos que habrá momentos de una dureza tal que parecerá que no somos capaces de afrontarlos. Para mí, una de las grandes enseñanzas profundas de Séneca es que la muerte forma parte de la vida y no debe ser ningún tabú para los seres humanos, él así lo entendió y lo llevó hasta sus últimas consecuencias. Veamos ahora cómo se ha representado en el arte este suceso histórico.

El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo.

Las representaciones de la muerte de Séneca

Aunque existen muchas imágenes sobre este hecho, me voy a centrar en dos representaciones clave de la muerte de Séneca, la primera de ellas durante el barroco y la segunda dentro del romanticismo.

El Séneca de Rubens

La muerte de Séneca

Rubens, La muerte de Séneca, 1612, Museo del Prado, Madrid.

En cuanto a la pintura de corte barroco, cabe destacar la magnífica pintura realizada por el maestro de Amberes Peter Paul Rubens en torno a 1612 y de la que conservamos dos ejemplares: uno de ellos en el Museo del Prado y otro en la Alte Pinakothek de Múnich.

Aquí la figura de Séneca aparece imponente, ocupando un papel de centralidad en la escena. Se nos muestra como un hombre mayor de pelo cano, con la musculatura tonificada pero la piel algo arrugada y flácida, en la que se percibe el paso del tiempo. Está casi desnudo con un paño que cubre sus intimidades y el resto del cuerpo sin vestimenta, ya que se dispone a darse un baño. En el arte, el desnudo es signo de verdad, de transparencia, de mostrarse uno tal y como es, sin aditamentos, sin adornos con los que se pueda escenificar una determinada posición social. El filósofo aparece ante nosotros con la mirada perdida en el horizonte, contemplando una línea que se hallaría detrás de nosotros, no nos interpela, él ya está en el umbral de la vida y la muerte, no está queriendo comunicarse con el espectador, él ya está a punto de trascender, con sus heridas abiertas y respirando los vapores de la muerte. El resto de personajes, que se han identificado con un médico amigo y con un discípulo acompañan la escena y detrás, lo que parecen ser algunos soldados romanos pero con una indumentaria coetánea a Rubens. La iluminación y la composición son típicamente barrocas, recordando los contrastes de claroscuro de Caravaggio y las diagonales que forman los personajes de alrededor.

En líneas generales, considero que esta pintura representa con mejor acierto (y vaya que sí hay diferencia) con la que comentaremos posteriormente. Encuentro que el sentido de la pintura está convenientemente mejor lograda, ya que el pintor descarga de dramatismo la escena, que aparece ante nuestros ojos con cierta naturalidad y donde son las personas que rodean a Séneca los que contemplan el espectáculo de la muerte con casi relativa impasividad. La mirada de Séneca no es de dolor, tampoco refleja imperturbabilidad, porque al fin y al cabo, debió de sentir algún tipo de dolor físico. Él está centrado en la aceptación de su porvenir (o mejor dicho, de su no porvenir) y lo acepta con estoicismo y ese es el verdadero sentido que debería tener la escena.

Séneca, después de abrirse las venas se mete en un baño y sus amigos, poseídos de dolor, juran odio

Muerte de Séneca

Manuel Domínguez Sánchez, Séneca, después de abrirse las venas se mete en un baño y sus amigos, poseídos de dolor, juran odio, 1871, Museo del Prado, Madrid.

Por lo que respecta a la representación academicista tardorromántica de Manuel Domínguez Sánchez que se conserva también en el Museo del Prado, cabe destacar su visible afectación, en el sentido de que la escena es un tanto teatral o artificial, si se quiere. Séneca aparece ya muerto en el baño, con un brazo que cuelga por el borde de esa bañera decimonónica al estilo del Marat de Jacques Louis David, quien también produjo una obra sobre esta temática. Dos de las figuras que rodean al maestro aparecen con signos visibles de dolor por la pérdida, lo cual nos hace pensar que poco debieron aprender del maestro de la impasividad ante el destino, en contraposición al resto de personajes, que parece que no prestan atención a lo que acaba de suceder y se supone que juran odio.

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Jacques Louis David, La muerte de Marat, 1793, Museos Reales de Bellas Artes de Bruselas, Bélgica.

Desde mi punto de vista, la pintura de Rubens acierta en la elección del momento de la representación (lo que se conoce en arte como el momento pregnante), ya que es más ejemplificador mostrar el momento antes de la muerte que la muerte propiamente dicha, porque una vez que todo ha concluido ya no existe el sufrimiento. La hazaña (si se puede calificar así) de Séneca es precisamente esa, realizar un acto de un inmenso valor y honor y, en el caso de Domínguez no alcanzo a verlo tan claramente. Como tampoco es perceptible en el caso de la obra Jacques Louis David, que también está cargada de un dramatismo que no se corresponde con el verdadero sentir del episodio histórico.

Muerte de Séneca

Jacques Louis David, La muerte de Séneca, 1773, Petit Palais, Paris.

¿Y tú qué opinas? A juzgar por los hechos, ¿Qué escena consideras que resulta más convincente?

(*) Imágenes: Wikimedia Commons. Creative Commons License.