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Casa de la Aduana, Sede del Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdahl, Puerto de la Cruz, Tenerife. (*)

Eduardo Westerdahl, nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1902 y fallecido en esa misma ciudad en 1983, puede considerarse el precursor de la creación de los Museos de Arte Contemporáneo en España. Honor que comparte con el arquitecto José Luis Fernández del Amo, fundador el Museo Español de Arte Contemporáneo en Madrid (posteriormente reconvertido en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía), que junto con el Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdahl de la ciudad turística de Puerto de la Cruz (Tenerife), fueron concebidos en el año 1952.

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Gaceta de Arte: Westerdahl como crítico de arte, editor y organizador del II Congreso Internacional Surrealista en Tenerife

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Domingo López Torres, Benjamin Péret, Eduardo Westerdahl, Jacqueline Lamba, André Breton, Agustín Espinosa, José M. de la Rosa y Domingo Pérez Minik en la exposición Arte Surrealista, celebrada en Tenerife en 1935.

Aunque siempre trabajó en una oficina bancaria para poder ganarse la vida, su verdadera pasión era el arte y, en especial, el arte de vanguardia venido de Europa. Desde las páginas de las revistas Hespérides, La rosa de los vientos, Cartones y, sobre todo, Gaceta de Arte, esta última su gran proyecto vital en defensa de las nuevas tendencias del arte, apoyó la estética surrealista, la abstracción pictórica, la arquitectura racionalista y la escuela alemana de diseño Bauhaus.

Nuestra posición de isla –aislará los problemas- y a través de esta soledad propia para la meditación, para el estudio, procuraremos hacer el perfil de los grandes temas, descongestionarlos, buscarles una expresión. Primer número de Gaceta de Arte, febrero de 1932.

Gracias a sus viajes por Europa y al contacto con los círculos de vanguardia parisinos, entró en contacto con el líder del movimiento surrealista, André Breton, quien ya conocía a uno de los grandes exponentes del arte canario, el pintor Óscar Domínguez, amigo personal de Westerdahl. Estas amistades permitieron que una delegación francesa se desplazara a Santa Cruz de Tenerife para celebrar el II Congreso Internacional Surrealista en 1935 –el primero de ellos se llevó a cabo en la ciudad de Copenhague-, a la que acudieron el propio Breton, su mujer Jacqueline Lamba y Benjamin Péret; que se unieron en Tenerife a algunos de los redactores de Gaceta de Arte como Pedro García Cabrera, Domingo López Torres o Agustín Espinosa.

Este congreso, llevó aparejada la inauguración de una muestra llamada Arte Surrealista, que se inauguró en mayo de 1935 en las salas del desaparecido Ateneo de Santa Cruz y que contó con 76 obras de arte (32 óleos, 26 acuarelas, diseños, collages y aguafuertes y 17 fotografías). Algunas de estas obras habían sido realizadas por Salvador Dalí, Joan Miró, Óscar Domínguez, Max Ernst, René Magritte, Yves Tanguy, Marcel Duchamp o Picasso y, la falta de visión de la época, hizo que, a pesar del escaso precio de las mismas, no se compraran. Aún así, la muestra sirvió para situar a la revista Gaceta de Arte y, por supuesto a Eduardo Westerdahl, en el panorama internacional.

Las colecciones de Westerdahl, el Instituto de Estudios Hispánicos y el Museo de Arte Contemporáneo (MACEW)

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Juan Ismael, el Trovador, 1954.

Ya ha quedado patente que Eduardo Westerdahl tenía una sensibilidad especial hacia el arte contemporáneo que se estaba desarrollando en Europa, actitud que siempre tuvo y que le acarreó numerosas críticas, incluso dentro de sus propios círculos intelectuales. La base de esta crítica es el ya famoso enfrentamiento entre el cosmopolitismo y el regionalismo. Los defensores de la primera postura, entre los que se encontraba Westerdahl, abogaban porque Canarias (y, por ende, España), se modernizara desde un punto de vista artístico y se sumara a las nuevas corrientes artísticas surgidas en Europa. Sin embargo, sus contrincantes dialécticos eran partidarios de remarcar la identidad canaria y exportarla hacia el exterior como signo diferenciador de nuestra cultura.

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Carla Prina, Abstracción, 1942.

Como es natural, las obras que Westerdahl fue adquiriendo durante su vida, muestran sus gustos estéticos y queda patente su predilección por los artistas que se acogieron a los diferentes lenguajes de la modernidad. Así, en sus colecciones, encontramos obras de Juan Ismael, César Manrique, Pepe Dámaso, Óscar Domínguez, Manolo Millares, Felo Monzón, Pedro González, Wolfgang Paalen, Maud Bonneaud, Karl Drerup, Eileen Agar, Will Faber, Willi Baumeister, Carla Prina, Tony Stubbing, Edgar Pompecky, Ángel Ferrant, Enric Planasdurá o Eduardo Úrculo, entre muchos otros.

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Manolo Millares, Tauromaquia, 1954.

En la temprana fecha de 1952, al mismo tiempo que el arquitecto Fernández del Amo pretendía crear un museo de arte contemporáneo en Madrid, Eduardo Westerdahl pronunció una conferencia en la ciudad del Puerto de la Cruz (Tenerife) con motivo de la inauguración de de una muestra del pintor sueco Eric Nordlöw, en la que propuso la creación de un museo y una residencia de artistas.

Las circunstancias, en un primer momento fueron propicias, ya que se preveía la constitución del Instituto de Estudios Hispánicos en esa ciudad y, su fundador, Antonio Ruiz Álvarez aceptó la propuesta. Además, al proyecto se sumó el arquitecto de origen italiano Alberto Sartoris, quien llegó incluso a realizar una propuesta museológica para el mismo, pero que finalmente no llegó a realizarse.

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César Manrique, Abstracción, 1957.

El fondo, en principio, no se constituiría exclusivamente con obras del crítico tinerfeño, sino que se irían incorporando donaciones de artistas. Así, poco a poco fue cuajando la idea de crear un museo, que por primera vez abrió sus puertas el 28 de marzo de 1953 como una sala dentro del propio Instituto de Estudios Hispánicos.

Conocemos de primera mano cuáles fueron esas primeras obras expuestas en el museo: Composición de Óscar Domínguez, Figuras en la Playa de Juan Ismael, Abstracción de Manolo Millares o Figuras de Joan Miró, entre otros. En total, 26 obras. Colección que se fue ampliando considerablemente, hasta que a partir de 1959 comenzaran a aparecer diversos problemas que impedían su apertura al público y que condujeron a que en 1965 tuviera que cerrar sus puertas.

Afortunadamente, desde el año 2007 la colección ha vuelto a mostrarse al público y puede contemplarse en la antigua Casa de la Aduana, edificio del siglo XVII que el Cabildo de Tenerife ha puesto a disposición del Instituto de Estudios Hispánicos para que sirva de espacio para albergar este riquísimo legado artístico, que en un futuro es posible que llegue a disponer de espacio propio.

En cuanto a la Residencia de Artistas, aunque el arquitecto Alberto Sartoris dispuso unas maquetas sobre cómo debía llevarse a cabo, el proyecto nunca llegó a cuajar. Ahora, parece ser que se pretende recuperar la iniciativa para atraer a nuevos talentos al archipiélago y, con ello, fomentar el intercambio cultural que vuelva a hacer de este lugar, lo que nunca dejó ser, un enclave cosmopolita que, a buen seguro, tendrá su reflejo en el arte.

Referencias

AA VV, Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdahl [Catálogo exposición realizada en el Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid], 2010.

Carreño, P., Eduardo Westerdahl. La suma de la existencia. IODACC, Santa Cruz de Tenerife, 2002.

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(*) Imágenes: Javier Albelo.