Louvre Lens

Museo Louvre-Lens. Foto: Hisao Suzuki.

Las minas de carbón que sostenían la economía de la ciudad de Lens en el norte de Francia dejaron de producir en la década de los ochenta del pasado siglo, provocando una desaceleración económica para la zona, una de las más pobres de este país en aquella época. Treinta años después, uno de estos terrenos se vuelve a explotar para impulsar su economía, apoyándose en una actividad muy propia de nuestro tiempo que conocemos como turismo cultural de masas. El plan fue dotar a la ciudad de una sede del museo parisino del Louvre, conocido como Museo Louvre-Lens y que abrió sus puertas el 12-12-2012. La intención es utilizar esta nueva instalación como reclamo para atraer turismo y dinamizar esta localidad.

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Este tipo de proyecto, por poner un ejemplo cercano, ya había sido ensayado y con éxito en Bilbao (1997) con la construcción de una sede de la fundación Guggenheim, en donde las repercusiones urbanísticas fueron notorias; una modificación profunda del paisaje urbano y a su vez la construcción de un icono turístico. Intervenciones que modificaron el territorio circundante, dando lugar a la desaparición de la imagen caduca de ciudad industrial que conservaba Bilbao.

Paisaje-exterior

Paisaje exterior del museo Louvre -Lens.

El proyecto museológico del Louvre-Lens tiene como objetivo convertirse en un gran centro de exposiciones temporales, que se irá renovando con las obras de la colección permanente y la de los depósitos de la sede parisina. Según su equipo de dirección este proyecto se concibe como un laboratorio, como un lugar de experimentación, en donde se podrá interrogar a las distintas colecciones del Louvre, creando de esta manera la posibilidad de nuevos discursos expositivos tanto en su contenido como en su forma de presentación.

Además, en la concepción de esta nueva sede se ha tenido en cuenta un gran almacén para guardar fondos del Louvre que se encuentran en sus abarrotados sótanos, expuestos a filtraciones o fugas de agua que se pueden producir por su cercanía al río Sena. También se ha pensado en un taller para restauración de obras, un espacio para talleres pedagógicos, así como un auditorio, además de los servicios de librería, biblioteca, cafetería y restaurante.

En cuanto a la afluencia de público se prevé una cantidad que ronda los 500.000 visitantes al año, ya que la ciudad de Lens se encuentra en un lugar estratégico por su cercanía con París, Bélgica, Holanda, Alemania e Inglaterra a través del eurotúnel.

Este amplio espacio museístico ha sido promovido por el Consejo Regional de Nord-Pas de Calais y cuyo proyecto ha redactado el estudio japonés SANAA, formado por los arquitectos Kasuyo Sejima y Ryue Nishizawa. La estrecha colaboración de un equipo multidisciplinar e internacional compuesto por Imrey Culbert Architects (New York), el estudio de paisaje Mosbach Paysagistes (París), la firma de ingenieros Bollinger + Grohmann (Frankfurt), y el Studio Adrien Gardère (París) que ha realizado el novedoso proyecto museográfico, y ha conseguido abrir nuevos caminos en el concepto del museo contemporáneo.

Maqueta digital de proyecto sobre el terreno natural Estudio SANAA

Maqueta digital de proyecto sobre el terreno natural Estudio SANAA.

El proyecto arquitectónico se plasma con una serie de pabellones rectangulares y alabeados que se enlazan por sus esquinas con un gran desarrollo horizontal, con el objetivo de integrarse en el terreno sin estridencias, adaptándose al imperceptible desnivel topográfico del terreno, acorde con la concepción ecologista del estudio japonés en su respeto por la naturaleza existente.

Plano de zonificación Estudio SANAA

Plano de zonificación Estudio SANAA.

El edificio se concibe como un espacio continuo comunicado por sus esquinas, en donde se suprime el tradicional tabique de separación. En su exterior el cerramiento va cambiando de aspecto y materiales según la función de los pabellones, al igual que su cubierta. Es un edificio que busca el sincretismo con el entorno y para ello la envolvente de la Galería del Tiempo y la del pabellón de Exposiciones Temporales y el Auditorio se ha utilizado un aluminio anodizado altamente reflectante, que retorna imágenes desdibujadas de los alrededores que cambian en función de la incidencia de la luz. Se consigue así una continuidad del paisaje minimizando la presencia de lo construido. A la vez el Vestíbulo y el Pabellón de Vidrio, trabajan en este sentido ya que se conciben como dos cajas de cristal, de manera que el visitante pueda desde el interior establecer una conexión visual con el paisaje exterior.

Detrás de todo esto se esconde la sutileza de estar presente pero sin interferir, con el propósito de conseguir un diálogo silencioso con el lugar.

Vista exterior de la Galería del tiempo.

Vista exterior de la Galería del tiempo.

Paisaje circundante. Foto: Hisao Suzuki

Paisaje circundante. Foto: Hisao Suzuki.

El pabellón de recepción es una zona de acceso libre con distintos servicios, por el que los ciudadanos de Lens y turistas pueden deambular. De esta forma se introduce este espacio y los jardines circundantes en el paseo urbano de la ciudad. La arquitectura de este pabellón juega a favor de esta invitación, ya que se ha formulado como una caja de cristal totalmente transparente, en la que se han diseñado varias entradas que permiten su acceso desde diferentes barrios de la localidad de Lens.

Vista del vestíbulo.

Vista del vestíbulo.

Los diferentes servicios del vestíbulo se ubican en células acristaladas, este recurso es utilizado por SANAA en muchos de sus proyectos, con el propósito de generar espacios aislados pero en comunicación visual con el resto. Esta práctica es casi una premisa en el discurso arquitectónico de Sejima y Nishizawa con el fin de dotar a sus edificios en transparencia pero también en diafanidad y levedad. Obsérvese la delgadez en los pilares estructurales, y el uso del vidrio con la finalidad de que percibamos este espacio como un lugar ligero y elegante.

En el pabellón de recepción existe una planta sótano, donde se ha ubicado los almacenes para el resguardo de las obras y un taller de restauración, pero con la singularidad de que se pueden observar los trabajos de restauración desde las cristaleras situadas en el nivel del vestíbulo.

Desde el punto de vista constructivo, tanto el pabellón de Exposiciones Temporales como la Galería del Tiempo son espacios totalmente diáfanos forrados en su interior del mismo material de aluminio reflectante que recubre su exterior. Además se ha podido establecer un novedoso sistema de iluminación cenital que no daña a la obra expuesta. Para ello se ha creado un mecanismo de oscurecimiento en el plano de exterior de cubierta y una membrana inferior fotosensible, el resultado es un espacio con luz natural que se dispersa y ayuda al juego de los sutiles reflejos de las paredes.

La Galería del Tiempo

La Galería del Tiempo.

Al margen de las cuestiones técnicas y la calidad de sus espacios, lo excepcional de este museo se encuentra en su original, interesante y sabio proyecto museográfico, y en concreto el que se diseña para la Galería del Tiempo. Un espacio en donde los contenidos de las exposiciones se irán renovando cada cinco años. Al contrario que los museos tradicionales en sus paredes no se cuelgan obras, éstas se sitúan a lo largo de la galería sobre peanas, paneles, vitrinas, etc. El museógrafo Adrien Gardère ha sido el encargado de diseñar esta exposición a la que le ha otorgado un marcado carácter escenográfico en cuanto a la disposición de las piezas, lo que consigue que la visita sea mucho más amena.

La Galería del Tiempo

La Galería del Tiempo.

La denominación de Galería del Tiempo debe su nombre a que las obras se han colocado atendiendo a un orden cronológico y no según estilos o autores. Para ello se ha grabado una línea de tiempo –de cinco mil años de evolución- en los paneles de aluminio, que comienza en la civilización mesopotámica hasta llegar a finales del siglo XIX. Así a medida que vas caminando avanzas en el tiempo, pero con la particularidad de que el discurso museográfico también abarca la geografía. De esta forma en el momento que te pares, si miras a la izquierda podrás ver las obras que se realizaban en ese momento en occidente, y si miras a la derecha las realizadas en oriente, y podrás sacar tus propias conclusiones en cuanto a las divergencias y convergencias de la producción artística a lo largo de este abanico temporal.

La Galería del Tiempo.

Obsérvese en la zona superior de la imagen la línea de tiempo grabada en el aluminio.

La Galería del Tiempo.

La Galería del Tiempo.

Las salas se han construido diáfanas, perfectamente regulares, terminadas con un exquisito gusto por el blanco, todos estos factores trabajan a favor de esa neutralidad deseable que todo espacio expositivo debe tener, para que la obra expuesta adquiera su protagonismo, es decir, el contenedor al servicio del contenido y no al revés como sucede en numerosos museos de nueva planta.

La Galería del Tiempo.

La Galería del Tiempo.

En este sentido, la museografía debe posicionarse frente a la arquitectura, hay que repensar el espacio museístico en pos de una funcionalidad acorde el material a exponer. El objeto arquitectónico debe reducir su protagonismo, cediendo éste al discurso expositivo de las colecciones, por supuesto esto no impide que el edificio deba tener una idea estética en la que investigar y proyectar, pero se debe poner el mismo énfasis en su funcionalidad. Es decir, arquitectura para un museo y no la arquitectura de un museo.

La sobreexplotación de la imagen arquitectónica en busca del hito icónico ha restado economía, pensamiento y energía en crear nuevas formas de exponer el material museístico. La construcción de este hito hay que generarlo en el interior, debemos tener en cuenta que el cúmulo de cultura que se puede generar en una exposición bien fundamentada y con recursos, es mucho más enriquecedora que la imagen de una arquitectura espectacular y especuladora. En este sentido, este proyecto museológico rompe esta tendencia y abre nuevos horizontes a la museografía, que debe ser reflexiva, comunicadora y con un diálogo de tú a tú con la arquitectura que la contiene. Claro, cuando se une la exquisitez de la cultura francesa con la austeridad formal y serenidad poética japonesas se obtienen resultados como el Louvre-Lens.

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