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Edificio de la Tabacalera en Málaga. Futura sede del Museo Estatal de San Petersburgo. (*)

Esta semana hemos preguntado a nuestros seguidores a través de las redes sociales (facebook, twitter) su opinión sobre la apertura de museos-“sucursales” de otros, en diversas ciudades. Generalmente se trata de grandes instituciones de reconocido prestigio internacional que establecen filiales en otras ciudades como una forma de exponer su colección al completo, promover eventos, exposiciones, generar beneficios económicos. El caso más significativo es el del Guggenheim el auténtico número 1 en lo que a franquicias de museos respecta.

El debate surgió a raíz de una noticia que leímos la semana pasada: La ciudad de Málaga tendrá una “filial” del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo. En apenas seis meses el alcalde de la ciudad ha conseguido atraer a dos importantes marcas museísticas de Europa. En noviembre de 2013 anunció la apertura de una sede del Centre Pompidou, y la semana pasada hizo público un principio de acuerdo para instalar en el edificio de la antigua Tabacalera una delegación del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.

Se sumarán, una vez en marcha, a los museos Carmen Thyssen y Picasso Málaga (en este caso puesto en pie por la Junta de Andalucía), a la Fundación Picasso Museo Casa Natal, al Centro de Arte Contemporáneo (CAC), muy reconocido por los artistas que ha cobijado y al MIMA (Museo Interactivo de la Música de Málaga). A todo ello se une la reapertura a finales de 2015 del Museo de Málaga (con los fondos del Bellas Artes y del Arqueológico) tras 17 años cerrado. Parece que la capital de la Costa del Sol está viviendo un “renacimiento” cultural sin precedentes, aunque paradójicamente éste parece ser más fruto de intereses políticos e inversiones extranjeras estratégicas (como dirían los ingleses producto del soft power).

Pero volviendo al debate, la reacciones de nuestros seguidores han sido bastante contrapuestas en algunos sentidos. Todos coincidimos en que la apertura de un nuevo museo es siempre una buena noticia y que esto puede suponer una auténtica revitalización urbana y cultural para la ciudad y una oportunidad laboral para sus habitantes o para profesionales del mundo de la gestión cultural y la museología. Además, se fomenta la arquitectura e infraestructuras urbanas y es un foco de atracción del turismo que favorecerá la economía local (sin olvidar los cuantiosos beneficios de la “marca” en cuestión). El caso más relevante y positivo ha sido el de la ciudad de Bilbao y el “efecto Guggenheim”. Sin embargo, muchos de los cargos importantes vienen nombrados por la “nave nodriza” o por los políticos locales que han firmado el acuerdo.

Un nuevo museo es siempre una buena noticia y que esto puede suponer una auténtica revitalización urbana y cultural para la ciudad

También existen otras opiniones contrarias a este tipo de museos-“sucursales” debido a la desvinculación con la cultura y la historia de estas ciudades (al menos en el caso de Málaga que no parece tener mucho que ver con el arte ruso) y a que generarán una forma de cultura rápida para turistas que reclaman consumo cultural rápido, al más puro estilo Mcdonalds. Por no hablar de la pérdida de la identidad a nivel local y comarcal.

Muchos de estos museos son fruto de intereses políticos más que de una coherencia cultural y nacen sin un programa expositivo, colección u hoja de ruta y objetivos claros

Muchos de estos museos son fruto de intereses políticos más que de una coherencia cultural y nacen sin un programa expositivo, colección u hoja de ruta y objetivos claros. No nos parece baladí que sea Rusia, uno de los países que más poder está acumulando en los últimos años y que más está invirtiendo en nuestro país, la promotora de este proyecto en plena Costa del Sol (destino favorito del turismo ruso y de muchos de sus magnates –algunos con grandes inversiones y negocios de dudosa legalidad).

Lo más importante en un museo son los contenidos

A modo de conclusión nos gustaría destacar que lo más importante en un museo son los contenidos, que deben ser de calidad independientemente de qué marca los venda o de cuál sea el nombre del museo que los exponen.

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(*) Imagen: Tyk. Creative Commons License.