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Si lees este blog asiduamente ya sabrás que estamos obsesionados (sí, esa es la palabra) con que las personas asistan a los museos y aprovechen los recursos educativos, estéticos, artísticos, históricos, antropológicos, arqueológicos, científicos, etc., que allí se nos brindan. Aun así seguiremos insistiendo como un mantra zen que se repite una y otra vez (nótese la estrategia pedagógica basada en la repetición): ¡ve al museo!

Por cierto, ¿conoces el libro Por Qué Estudiar Historia del Arte?

Te recomiendo que le eches un vistazo.

Nuevas tecnologías sí, pero también hay que ir al museo

Si crees que puedes saber de, por ejemplo, historia del arte sin ir a los museos y que a través de internet ya tienes a tu disposición todo lo que necesitas, estás equivocado. Hazle caso a August Renor: “para saber de pintura hay que ir a los museos”. Ya sé que en la época de Renoir no existían los mismos recursos que existen en la actualidad, pero lo cierto es que nos estamos concentrando demasiado en las TIC y en todo en el entramado del Social Media y estamos olvidándonos de lo esencial: hay que personarse físicamente en el museo. Internet es un medio y como tal es una barrera que se interpone entre nosotros y la obra de arte.

Para saber de pintura hay que ir a los museos. August Renoir

Cuando me trasladé a vivir a Madrid hace unos años, para estudiar el Máster de Museos y Patrimonio Histórico de la Universidad Complutense de Madrid (Consulta la página de quienes somos para saber más), lo primero que hice fue ir al Museo del Prado. Mi idea era no ver las obras de arte a través de reproducciones en papel, diapositivas, internet, etc. Aunque ya había estado anteriormente en repetidas ocasiones, mi idea era ir allí, ver si eran realmente tan buenas obras y créeme que sí lo eran y, en última instancia, eliminar todo impedimento que se interpusiera entre la obra de arte y yo.

Por eso NO confío ciegamente en las nuevas tecnologías cuando intento aprender sobre algún aspecto artístico, porque ese medio, en este caso internet, puede modificar la percepción real de la obra al alterar aspectos esenciales como el color, la pincelada, las dimensiones, etc. ¿Incluso con las reproducciones de altísima claridad que están en google? Sí, incluso así. Para ser justos, diré que los detalles pueden ser más fácilmente apreciables pero los colores, por ejemplo, no. A lo mejor te llevas una increíble sorpresa cuando visites el museo.

Además, las nuevas tecnologías (de momento) no resuelven la cuestión del contexto en el que se encuentran las obras. Ya veremos si las famosas google glasses de las que todo el mundo habla introducen nuevos elementos en juego, pero de momento la pantalla plana del ordenador no permite hacerse una idea de la totalidad de objetos que exponen las salas y cómo se relacionan éstos entre sí.

Y mucho peor, no nos dicen prácticamente nada del lugar en el que se encuentran esas obras, es decir, el museo, la ciudad, el país, el continente. A veces olvidamos que las obras se encuentran expuestas en algún lugar del mundo y no es lo mismo que estén en París o que estén en Estados Unidos. ¿Qué representa esa obra para ese país? ¿Cómo llegó esa obra hasta allí? ¿Cómo estudian a Picasso a Nueva York? Si van al museo encontrarán obras diferentes y, por lo tanto, el acercamiento a la historia del arte será diferente. ¿O es acaso lo mismo contemplar un Velázquez en Londres que hacerlo en Madrid? Dejo la pregunta abierta para que hagas uso de los comentarios si te apetece.

Esto no significa que sea un tecnófobo ni nada parecido, sería absurdo ir a contracorriente en este sentido, pero lo que sí puedo decir es que no me conformo con ver las obras a través del ordenador, prefiero verlas con mis propios ojos y, aunque sé que tampoco me sirven para ver la realidad tal y como es, seguro que minimizo el margen de error.

Por eso YO voy al museo ¿y tú?

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(*) Imagen de portada: morguefile.com.