Tras la disolución del Estado de Prusia mediante los acuerdos territoriales de la Segunda Guerra Mundial, la Fundación para el Legado Cultural Prusiano (Stiftung Preußischer Kulturbesitz) se convirtió en un organismo de carácter nacional dirigida y financiada por todos los länder de la Alemania Occidental. La Fundación se encargó desde ese mismo momento de gestionar los -ahora conocidos como- Museos Estatales de Berlín (Staatliche Museen zu Berlin), entre los cuales se encontraba la Nueva Galería Nacional.

Esto significa que existía una única política cultural para todo un Estado (la República Federal Alemana) y una dirección conjunta para los museos de Berlín occidental, es decir, algo parecido a un Ministerio y una Concejalía de Cultura. Esto hizo que, desde el primer momento, Berlín contase con una coherente política cultural dirigida desde las Administraciones Públicas, pero en cualquier caso (y no se debe olvidar), dirigida políticamente. Sólo así se entiende que la remodelación urbanística de los alrededores de la Kemperplatz tuviera una clara intención de marcar la diferencia entre el anterior régimen nazi, o que la arquitectura propuesta para la Nueva Galería Nacional utilizara un lenguaje moderno.

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En consecuencia, el contenido de la Galería no podía ser otro que la colección de arte del siglo XX de la ciudad, es decir, aquella que había sido tachada por el régimen nazi como arte degenerado (Entartete Kunst) y que ahora, legitimado por el nuevo gobierno, volvería a la ciudad. Sin embargo, esta colección había sufrido numerosos avatares, desde la destrucción de piezas hasta la venta o dispersión de las mismas, por lo que el número total de obras de arte se había reducido considerablemente. Para tratar, en la medida de lo posible, de paliar esta situación la Fundación para el Legado Cultural Prusiano procedió a comprar algunas importantes obras en el mercado para así conseguir rellenar ciertas lagunas que existían en la colección y actualizarla hasta la década de los sesenta del siglo XX que es cuando se construye la Nueva Galería.

Esta serie de esfuerzos dieron como resultado una amplia colección de pintura y escultura que abarcaba una cronología de casi un siglo y medio. Las pinturas del siglo XIX y principios del XX las aportaba la Galería Nacional de Prusia, un museo creado en 1861 cuando un mercader de Berlín legó su colección al rey prusiano Federico Guillermo III y que en 1933 ya se había convertido en una de las principales pinacotecas del mundo en arte posterior a 1800, pero que en 1937, con la llegada de Hitler al poder, perdió aproximadamente quinientas obras y muchas otras desaparecieron durante la Guerra Mundial o se quedaron en posesión del bando soviético.

El resto de la colección, fueron adquisiciones, sobre todo las relacionadas con el expresionismo abstracto americano de los años cincuenta y sesenta, pero también las esculturas realizadas ex profeso para ser expuestas en los jardines de los alrededores de la Galería. No obstante, esta amplísima colección de pintura y escultura se vio reducida en gran medida cuando la ciudad dejó de estar dividida por el Muro, ya que la pintura del siglo XIX (sobre todo neoclasicismo, romanticismo e impresionismo) volvió a su lugar de origen, esto es, la Antigua Galería Nacional situada en la Isla de los Museos.

Edvard Munch, Melancolía, 1906.

Edvard Munch, Melancolía, 1906.

Por lo tanto, debemos tener en cuenta que actualmente la colección que exhibe la Galería sólo comprende arte europeo y norteamericano de los dos primeros tercios del siglo XX aproximadamente, es decir, entre 1900 y 1970. Podemos contemplar obras de Edvard Munch, Pablo Picasso, George Braque, Ernst Ludwig Kirchner, Vassily Kandinsky, Max Beckmann, Otto Dix, Paul Klee, Salvador Dalí, Giorgio de Chirico, Francis Bacon o Barnett Newman, entre otros. Todos ellos extraordinarios representantes de la vanguardia alemana e internacional y a través de los cuales puede hacerse un recorrido por el movimiento cubista, expresionista, surrealista, bauhaus, la Nueva Objetividad o el expresionismo abstracto americano.

Ernst Ludwig Kirschner, Potsdamer Platz, 1914.

Ernst Ludwig Kirschner, Potsdamer Platz, 1914.

Sí es cierto que probablemente exista un mayor número de piezas de obras referidas a la vanguardia alemana, lo cual confirma la teoría acerca de la intención del gobierno de Berlín occidental de reivindicar a estos artistas condenados por el régimen nazi. Con esto se conseguiría, por una parte, regenerar toda una zona urbana absolutamente ligada al nazismo (recordemos que cerca estaba el Parlamento, el búnker de Hitler y la Estatua de la Victoria), por otra, dar una imagen de modernidad en contraposición al Berlín Oriental, cuyo gobierno soviético había censurado la vanguardia plástica rusa.

Franz Marc, Tres caballos II, 1913.

Franz Marc, Tres caballos II, 1913.

¿Qué puedes encontrar en la parte inferior? | Un análisis del plan museográfico

Este plan es muy importante porque permite introducirnos en el montaje museográfico del museo y en el discurso que pretende ofrecer a los espectadores, discurso que podemos resumir en la reivindicación de la aportación de la vanguardia alemana al arte occidental.

Sección dedicada al pre-expresionismo.

Sección dedicada al pre-expresionismo.

La colocación de las obras en el espacio museístico sigue un esquema estrictamente cronológico, pero se intuye una cierta tendencia a relacionar los movimientos artísticos que no pertenecen al ámbito alemán como una influencia o como una consecuencia de éste. En otras palabras, el cubismo se muestra como una influencia en el grupo Die Brücke; Kandinsky se presenta como el precedente del expresionismo abstracto americano; el pre-expresionismo de Munch se relaciona con la Nueva Objetividad y ésta a su vez con Francis Bacon, etc. Una forma bastante adecuada de mostrar las obras pero que puede ser peligrosa en el sentido de que pueden advertirse las carencias de la colección, que es lo que ocurre cuando se insiste tanto, por ejemplo, en el expresionismo alemán, ya que se echan en falta piezas del fauvismo que expliquen ese agresivo color de las obras del grupo el Puente.

Sección dedicada al expresionismo alemán.

Sección dedicada al expresionismo alemán.

No obstante, esa relación que se pretende establecer entre los diferentes movimientos artísticos se consigue de forma ejemplar gracias a la solución arquitectónica que Mies van der Rohe plantea para esta planta baja del edificio, ya que este piso no cuenta con salas cerradas sino con una serie de secciones de muro en el que se exponen las obras. Así, se logra desdibujar las fronteras entre los diferentes movimientos artísticos sin encerrar las obras en compartimentos.

Sección dedicada al dadaísmo.

Sección dedicada al dadaísmo.

En conclusión, puede decirse que esta sabia combinación de arquitectura y artes plásticas da como resultado un plan museográfico que permite un doble discurso, cronológico y de relación entre movimientos artísticos, que está en consonancia con los propósitos que se plantearon en un primer momento para este museo. Por una parte, subrayar el carácter identitario que posee la colección permanente para identificar lo alemán con la vanguardia, la modernidad y el antifascismo presente en los grupos Die Brücke, Der Blaue Reiter, la Nueva Objetividad o el Dadaismo; por otra parte, apreciar las influencias que han recibido estos movimientos alemanes y cómo luego éstos han servido de inspiración para otras tendencias artísticas; y, por último, relacionar los distintos movimientos mediante una presentación de las obras en secciones de pared que no encierran las obras sino que las conectan con otras conceptualmente.

El jardín de esculturas

Hemos dejado para el final el apartado dedicado al montaje de las esculturas porque constituye un punto clave de la colección que relaciona las piezas escultóricas que se exhiben en el interior del edificio con el exterior y las exposiciones temporales.

La terraza de la Nueva Galería Nacional ofrece unas buenas condiciones para la exposición de esculturas de gran formato. Todas estas esculturas están realizadas por excelentes artistas del siglo XX. Destaca el famoso Obelisco Roto de Barnett Newman, las esculturas cinéticas de George Rickey o los trabajos de Henry Moore y Alexander Calder.

Barnett Newman, Obelisco roto, 1963.

Barnett Newman, Obelisco roto, 1963.

El resto de esculturas que posee el Museo se encuentran en el interior del edificio, con obras que abarcan la mayor parte de las vanguardias artísticas y las post-vanguardias, desde Renoir hasta Rückriem. Estas obras son claves para entender el montaje museográfico que ofrece la Galería, porque al estar en el exterior se muestran de forma más cercana al público sin estar encerradas en un contenedor determinado, siendo la propia ciudad el marco en el que expone la escultura. Pero además, debido al uso del cristal en lugar de paredes, la Nueva Galería Nacional ofrece unas magníficas posibilidades de relación entre las esculturas y las diferentes exposiciones que se suceden en el interior. Incluso, al estar las esculturas rodeando el perímetro del edificio -que tiene un pequeño desnivel en su parte posterior- se puede también establecer provechosos juegos de volúmenes entre el interior y el exterior del edificio, logrando de esta forma vincular la exposición permanente que se exhibe en la planta baja con las diferentes esculturas del jardín.

George Rickey, Arte cinético, 1969.

George Rickey, Arte cinético, 1969.

Al realizar un recorrido por las diferentes piezas para tratar de comprender el discurso que plantea el museo, lo primero que llama la atención es la variada procedencia de los artistas que exponen sus obras en el exterior. Desde el momento de su creación, la Galería intentó contar con excelentes ejemplos escultóricos del arte que se estaba realizando a finales de los años sesenta, probablemente para dotar al conjunto del museo de un mayor carácter internacional, algo que contrasta con el carácter eminentemente alemán de las obras del interior del edificio. Es posible que precisamente este carácter internacional estuviera potenciado en el exterior porque, al fin y al cabo, Berlín occidental estaba controlado por Francia, Reino Unido y Estados Unidos y el exterior del edificio era la carta de presentación del museo, reflejo indiscutible de la peculiar situación que estaba viviendo la ciudad.

alexander-calder

Alexander Calder, Abstracción, 1965.

Por otra parte, se percibe también una intención -al igual que ocurre con la exhibición interior- de querer relacionar la vanguardia internacional con la alemana. Pero en este punto es donde mayores diferencias encontramos con respecto al montaje de la planta inferior, ya que la mayor parte de artistas que exponen en el exterior no son alemanes y quizás por este motivo, en los últimos años se haya tratado de cambiar esta situación adquiriendo piezas de artistas locales como, por ejemplo, Christian Jankowsky.

En conclusión, las piezas que se exhiben en el jardín de la terraza de la Nueva Galería Nacional de Berlín presentan unas características similares a las de toda la colección, pero además se potencia mucha más el carácter internacional de los artistas para asociarlas al espíritu de la ciudad, que es lo que se pretendía en la propuesta inicial de construcción de la Galería, que contemplaba la creación de un jardín de esculturas al aire libre para embellecer esta zona de la ciudad y darle un aspecto más moderno.

¿Y las exposiciones temporales?

La verdadera modernidad del edificio no viene determinada sólo por la arquitectura de Mies van der Rohe, por las esculturas de Calder o Henry Moore o por la exhibición de la vanguardia sino, sobre todo, por las exposiciones temporales.

La ciudad de Berlín no contaba hasta el momento de la creación de la Nueva Galería de un lugar idóneo para realizar exposiciones temporales y si la ciudad quería modernizarse artística y culturalmente debía de estar conectada con el mundo exterior. La mejor forma de conseguirlo era atrayendo exposiciones itinerantes o programando muestras temporales, ya que sólo de esta forma podrían conocerse las propuestas más novedosas. De esta forma se conseguiría además fomentar la renovación del arte que se estaba realizando en Berlín occidental e internacionalizar la escena local.

Dani Karavan, Sin título, 2007.

Dani Karavan, Sin título, 2007.

La programación de las exposiciones temporales sigue el mismo esquema que hemos ido viendo para la colección permanente: la relación de la vanguardia alemana con el arte occidental, las influencias que recibe el arte alemán del resto de Europa y la proyección de la vanguardia alemana en el expresionismo abstracto americano. En esto consistiría, en líneas generales, la política de exposiciones temporales que lleva a cabo la Nueva Galería Nacional. No obstante, en los últimos años ha ido cobrando fuerza la idea de revitalizar la escena local programando exposiciones de artistas de Berlín o de cualquier parte de Alemania.

Así, recientemente la Nueva Galería ha acogido exposiciones como The Cult of the Artist: The Klee Universe, que se celebró a finales del año 2008 y que pretendía poner en valor la figura de Klee como profesor de la escuela bauhaus –situada a escasos kilómetros del museo- y gran exponente de la vanguardia pictórica alemana, muy presente en la colección permanente del museo.

Otras exposiciones han versado sobre distintos aspectos, como por ejemplo, la retrospectiva del artista Dani Karavan o la conmemoración del cien aniversario del artista alemán Rupprecht Geiger, siempre intentando relacionar el arte local con el internacional, pero, esta vez, no con el objetivo de conectar la colección permanente con las exposiciones temporales sino para establecer paralelismos entre los artistas vernáculos y los foráneos.

La intención es que la Galería esté abierta a cualquier manifestación artística moderna sea cual sea su procedencia, así, Karavan de origen israelí, expone en el mismo espacio que luego estará disponible para Geiger, que es un artista alemán. Algo impensable en el Berlín de la época inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial pero que ahora es posible gracias a la integración de todos los grupos étnicos en la ciudad. Es un mensaje de concordia que la ciudad siempre trata de manifestar en todas sus acciones culturales y cuya máxima expresión es la construcción del Museo Judío de Berlín.

(*) Imágenes: wikiart.org y wikimedia commons. Creative Commons License.