patrimonio

En muchas ocasiones nos encontramos con expresiones como patrimonio histórico-artístico, patrimonio cultural o bien cultural. ¿Cuál es la diferencia? Creemos que es necesaria una aclaración entre tanto término, pues la realidad es mucho más simple de lo que parece: todos vienen a significar exactamente lo mismo y en las últimas décadas se utilizan como sinónimos, sin hacer distinciones.

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Es muy complicado encontrar una palabra que abarque todo lo que se considera producto cultural, así que desde los albores de la era contemporánea se ha ido buscando la expresión más acorde, a sabiendas de que ninguna definición es totalmente completa y de que el término que más se aproxime ahora probablemente en el futuro será sustituido por otro más certero.

Sin embargo, desde una perspectiva lingüística sí que podemos apreciar diferencias de significado notables, que van en consonancia con esa evolución que ha sufrido a lo largo del tiempo la percepción de la cultura. Vamos a aproximarnos un poco a ellas:

Patrimonio Histórico-Artístico

El primero, patrimonio histórico-artístico, es el más lejano en el tiempo, y poco a poco se ha ido viendo sustituido por las otras dos terminologías, puesto que conceptualmente es el más restrictivo de los tres, ya que implica a priori antigüedad y una valoración estética.

Por un lado, nos encontramos con histórico. ¿Qué significa exactamente? Consultando la Real Academia, nos dice que es “perteneciente a la historia”, lo cual no nos aclara nada, puesto que todo resultado de una actividad humana tiene que enclavarse forzosamente en la historia, como seres históricos que somos.

Más interesante es otra de las acepciones de la Academia: “Digno, por la trascendencia que se le atribuye, de figurar en la historia”. Según esta definición, es necesaria una trascendencia que le dé a ese patrimonio un cariz especial. Nos encontramos pues con la limitación de la actividad popular, lejos de los grandes hitos artísticos. ¿O un hórreo, un vaso de cerámica griega o un trozo de marfil tallado para volverlo exvoto han sido trascendentes para la historia? Y sin embargo, sí los incluiríamos en objetos patrimoniales.

Este matiz se repite con la puntualización de artístico, puesto que no abarca a todo lo que entendemos como bien cultural. Toda obra de arte es un bien cultural, pero no al contrario. Una romería, por poner un ejemplo, no tiene finalidad artística sino devocional, o las armas de combate que se exhiben en muchos museos están lejos de esa intencionalidad estética.

Patrimonio Cultural

El siguiente término es patrimonio cultural, mucho más amplio que el anterior porque corrige esas dos grandes limitaciones, sustituyéndolas por cultural, un concepto mucho más amplio.

Cultura es, según la Real Academia, el “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grande de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc”. En resumen, la forma de vivir del hombre y sus resultados, materiales o no, incluyendo así lo etnográfico e inmaterial. Abarca prácticamente todo, sin necesidad de hacer un juicio de valor previo sobre su trascendencia o intencionalidad artística.

Bien Cultural

Sin embargo, la expresión más utilizada en los últimos años es bien cultural, pues bien es aún más abstracto que patrimonio, y de esta manera hace referencia de una forma más certera a ese carácter no necesariamente tangible, donde una técnica artesanal o un rito tienen cabida.

Este último término fue utilizado por primera vez por la UNESCO en la Convención de la Haya de 1954, centrada en la protección de los bienes culturales en casa de conflicto armado. Puesto que es una expresión novedosa, el artículo 1 del primer capítulo se dedica, precisamente, a definirlo. Desde entonces, en sucesivos encuentros de la UNESCO se ha ido ampliando el concepto de bien cultural, configurando una extensa definición que sigue aún matizándose y que es probable que no tenga fin.

Por lo tanto, patrimonio histórico-artístico, patrimonio cultural o bien cultural, tres maneras decir lo mismo que utilizarlas aleatoriamente, aunque la semántica nos indique que no son sinónimas.

Para acabar, quisiera hacer un inciso. Es interesante que en la legislación cultural española actual, de 1985 y que sigue estrechamente las definiciones de la UNESCO, no se llame Ley de los Bienes Culturales Españoles, como probablemente hubiera sido lo más correcto dado el momento en el que fue creada, si no que hayan preferido recurrir al primero de los términos, el más restrictivo, y la denominen Ley del Patrimonio Histórico Español. El por qué de esa vuelta atrás en término (que no en contenido) es algo que no ha sido explicado y que genera curiosidad.

Podéis consultar las actas de la Convención de La Haya y la Ley del Patrimonio Histórico Español.

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