peter hujar autorretrato

Peter Hujar, Autorretrato saltando, 1974.

Peter Hujar (1934-1987) fue un magnífico fotógrafo que, sin embargo, pasó casi desapercibido en su tiempo. Su obra puede llegar a ser enigmática y sorprendente, aunque también puede ser arrebatadoramente sincera. En ella encontramos una conjugación perfecta entre la belleza y la brutalidad.

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Peter Hujar hace fotografías directas y sin complicaciones sobre temas complicados y difíciles.

Peter Hujar: A la velocidad de la vida estará en la Sala Garriga i Nogués de Fundación Mapfre hasta el 30 de abril de 2017.

Formación y primeros años

Peter Hujar tuvo una infancia difícil. Nunca conoció a su padre, ya que desapareció antes de que él naciera, y su madre, Rose, lo llevó a casa de sus padres cuando era pequeño para que lo criaran. Sus abuelos eran unos inmigrantes ucranianos que vivían en una granja en Nueva Jersey y con ellos estuvo hasta los 11 años.

Entonces, una disputa familiar entre su madre y su abuelo provocó que ella se llevara de nuevo a su hijo consigo y Hujar pasó a vivir en un un pequeño apartamento de Nueva York junto con la pareja de su madre, un corredor de apuestas. De vivir una feliz infancia en mitad del campo, Hujar se vio abocado a una triste adolescencia en un ambiente de alcoholismo: a los 16 años, después de que su madre le tirara una botella a la cabeza, decidió huir de casa.

Su amor por la fotografía comenzó pronto. A los 11 años ya realizó sus primeras tomas con una cámara que tenía su madre y con 15 consiguió ser admitido en el School of Industrial Art. En el instituto conoció a una de las personamas más fundamentales en su vida: su profesora de inglés Daisy Aldan.

Ella no solo lo introdujo en los circuitos de la cultura, sino que fue un enorme estímulo para él. Cuando acabó el instituto, en 1953, entró a trabajar como ayudante de algunos fotógrafos comerciales. Aparte de un sueldo, estos trabajos le dieron la oportunidad de desarrollar su propia fotografía, pues tuvo la suerte de que le permitieran usar los estudios para realizar sus propias imágenes.

En 1956 conoció a su primer gran amor, el pintor Joseph Raffaele, una relación que influyó en su obra al abrirle las puertas de un círculo de jóvenes artistas. En 1958 Raffaele consiguió una beca Fulbright y con ella ambos se fueron a vivir a Italia, donde permanecieron dos años. Al final de su estancia, la relación se rompió y Hujar, por su parte, comenzó a sentirse atraído por el cine.

En 1962 consiguió su propia beca Fulbright, la cual aprovechó para regresar a Roma, esta vez a estudiar cine. Sin embargo, no le debió de llamar demasiado la atención, pues al regresar volvió a trabajar de ayudante y no realizó ningún intento por introducirse en la industria cinematográfica. Eso sí, la influencia del cine quedaría patente en su obra posterior: sus imágenes pueden entenderse como historias concentradas en único fotograma.

En 1967 hubo un punto de inflexión en su carrera al conseguir una plaza para las clases magistrales de Richard Avenon y Marvin Israel. Estas clases le motivaron a montar su propio negocio y, entre 1968 y 1972, intentó desarrollar su propia carrera como fotógrafo de moda, música y publicidad. Sin embargo, pronto descubrió que ni el ambiente ni el modo de trabajar en ese mundillo iba con su modo de ser:

¿Sabes? Era como si tuvieras que ser encantador con la gente todo el rato y quedar con ellos después en el Elain’s. Y cuando alguien decía que había visto una de mis fotos en el Bazaar, a mí me daba vergüenza.

Tras estos intentos fallidos de insertarse en el mundo de la fotografía profesional, optó por un retiro voluntario. En 1973 se instaló en un loft sobre el Eden Theatre y, a partir de entonces, se dedicó a sobrevivir con los pocos ingresos que iba consiguiendo. Llevó una vida discreta, sumida en el Downtown neoyorquino y creando un arte que nunca acabó de encajar con los circuitos comerciales. A pesar de haber publicado un libro (Retratos de vida y muerte, 1976) y de haber realizado unas cuantas exposiciones individuales, su obra nunca se popularizó y a su muerte, aunque entre su círculo más próximo sí era un personaje de referencia, poco más se lo conocía fuera de él.

Su obra

Peter Hujar fue un personaje más del paisaje humano del Downtown neoyorquino, de ese ambiente de contracultura y vida bohemia que vio nacer tantos artistas a lo largo del siglo XX. Era un barrio que bullía de arte en todas sus posibles manifestaciones y un lugar ideal para la heterodoxia. Hujar formó parte de este mundo y se relacionó muy estrechamente con él y con todos sus protagonistas (entre los que estaban, por ejemplo, Susan Sontag o Andy Warhol). Ellos son los que normalmente aparecen en sus fotografías, hombres y mujeres muchas veces extravagantes, pero siempre mostrados con la naturalidad y la calidez de la amistad que los unía.

Para mí las personas que fotografío no son tipos raros o curiosidades. Me gusta la gente que se atreve.

Peter Hujar se consideraba a sí mismo un retratista, pero con una concepción del retrato todo lo amplia que esta puede ser. Así lo vemos en su exposición «N. Y. Portraits» (1977), en la que incluía una serie de “retratos” de rascacielos, esos neoyorquinos a gran escala en los que el fotógrafo soñaba poder vivir algún día. Asimismo, realizó series de retratos de animales, que sorprenden porque siempre parece que están posando, como si fueran conscientes de que les están haciendo una fotografía.

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Peter Hujar, Susan Sontag, 1975.

Sin embargo, su serie de retratos más destacada es la que dedica al cuerpo –con frecuencia desnudo–, que a veces muestra entero y a veces muestra solo en parte. Pero no se trata de imágenes de cuerpos sin más: Hujar era, ante todo, un retratista y para él el cuerpo, o cualquier parte de él, podía ser tan expresivo como el rostro a la hora de transmitir la esencia del personaje.

Peter Hujar, Gary contorsionándose

Peter Hujar, Gary contorsionándose, 1979.

Unas piernas o unos pies en ocasiones era suficiente. En sus fotografías circulan cuerpos jóvenes o de edad avanzada, así como aquellos que muestran ambigüedades (los hombres travestidos son muy habituales), habilidades, rasgos únicos (tatuajes, cicatrices…) o estados transitorios (como el embarazo o la excitación). El sexo, frecuentemente presente en sus imágenes, es visto con total naturalidad y solo como un elemento más del cuerpo.

El autor mira al modelo como una forma o lo mira como una persona. Y Peter buscaba a la persona.

Retrato de Ethyl Eichelberger

Peter Hujar, Ethyl Eichelberger como Minnie the Maid, 1981.

Sus retratos se caracterizan siempre por la intimidad y la belleza, aunque al mismo tiempo son raros y audaces. Destaca, sobre todo, lo desapercibida que pasa la técnica: a pesar de poner un gran esmero en los aspectos técnicos, pasan totalmente indavertidos al espectador, lo que otorga mayor cercanía y naturalidad a la imagen. Y es esta intimidad y esta naturalidad la que desvincula la obra de Hujar de otras galerías de artistas y escritores famosos que se habían hecho con anterioridad (Nadar, Julia Margaret Cameron, Berenice Abbott, Richard Avedon…) y le da un carácter propio a sus retratados.

Fotografío a aquellos que se empujana a sí mismos hasta cualquier extremo. Eso es lo que que me interesa, y los que se aferran a la libertad de ser ellos mismos.

En 1987 Hujar fue diagnosticado de sida. Inmediatamente abandonó su trabajo, se retiró de la vida pública y se sumió en un estado de abandono. Viendo el fin cerca, dedicó sus últimos meses a hacer una selección de sus copias y a destruir aquellas defectuosas. Falleció el día de Acción de Gracias de ese mismo año.