Cuando se piensa en el patrimonio cultural de Milán, lo primero que se nos viene a la cabeza es:

  • La impresionante catedral gótica plagada de pináculos.
  • El refectorio de Santa Maria delle Grazie con la Última Cena de Leonardo.
  • La románica basílica de San Ambrosio.
  • El Castello Sforzesco, donde se muestra la Pietà Rondanini de Miguel Ángel.

Sin duda, son lugares que justifican por sí mismos una visita a la ciudad. Pero además, Milán tiene museos especializados en pintura, que albergan algunas obras especialmente relevantes y que, a veces, pasan más desapercibidos de lo que merecen. Se trata de la Pinacoteca Ambrosiana, la Pinacoteca di Brera y el Museo Poldi Pezzoli.

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La Pinacoteca Ambrosiana

Pinacoteca Ambrosiana

Pinacoteca Ambrosiana, Milán.

El origen de esta institución se remonta a 1618, cuando la constituye el cardenal Federico Borromeo como complemento a la Pinacoteca Ambrosiana, instaurada nueve años antes. Su primera colección, de hecho, fueron las doscientas cincuenta obras que donó el propio cardenal y que siguen exponiéndose de manera conjunta en homenaje a su fundador. En 1621, el conjunto se amplía al adherirse también la Accademia del Disegno, donde se encontraban las copias para el estudio de los alumnos, tanto de pinturas y como de las esculturas en yeso. De esta manera, se pretendía que la formación artística fuera lo más completa posible.

Cesto con frutas

Caravaggio, Cesta con Frutas, 1596, Pinacoteca Ambrosiana, Milán.

Desde entonces, la colección se ha ido ampliando en épocas posteriores. Se compone especialmente de pintura italiana del renacimiento y el barroco, entre las que destaca la Cesta de frutas de Caravaggio, el Músico de Leonardo, la Adoración de los Magos de Tiziano o el cartón de la Escuela de Atenas de Rafael. Cuenta también con obras flamencas y alemanas del mismo periodo, una colección arqueológica, la wunderkammer de Manfredo Settala, la colección de pequeños bronces neoclásicos de otros de sus benefactores, el conde Giovanni Edoardo De Pecis y su hermana Maria, frescos de edificios desaparecidos y pinturas de artistas milaneses de los siglos XIX y XX.

La Pinacoteca di Brera

Pinacoteca di Brera

Pinacoteca di Brera, Milán.

La Pinacoteca toma su nombre de su ubicación, el antiguo convento de los Humillados de Santa Maria Brera. Esta orden se abolió en 1571 y el edificio pasó a los jesuitas, que corrieron una suerte similar en 1772. Fue entonces cuando la emperatriz María Teresa de Austria transformó el edificio en Academia de Bellas Artes, que aún persiste en la planta baja del edificio, mientras que en la planta principal se estableció la Pinacoteca. Junto a estas dos instituciones culturales, se situaron:

  • La Biblioteca Nacional Braidense.
  • El Instituto Lombardo de Ciencias y Letras.
  • El Huerto Botánico.
  • El Observatorio de Brera.
El Beso

Francesco Hayez, El Beso, 1859, Pinacoteca di Brera, Milán.

La colección tiene un enfoque universal que hace que el marco temporal de sus obras vaya desde la Prehistoria al siglo XX, aunque se centra en obras modernas, sobre todo de la Lombardía y el Véneto. Entre sus obras, hay que resaltar el Cristo muerto de Mantegna, el Descubrimiento del cuerpo de San Marcos de Tintoretto, la Pala Montefeltro de Piero della Francesca, los Desposorios de la Virgen de Rafael, la Cena de Emaús de Caravaggio y El beso de Hayez. Lamentablemente, el estado de conservación de la colección no es el idóneo, puesto que la mayoría de las pinturas están sucias y oscurecidas y necesitan una restauración.

El Museo Poldi Pezzoli

Sala dedicada al Quattrocento en el Museo Poldi Pezzoli.

Sala dedicada al Quattrocento en el Museo Poldi Pezzoli.

El menos conocido de los tres museos es el Poldi Pezzoli. Fue inaugurado en 1881 por disposición testamentaria de Gian Giacomo Poldi Pezzoli, fallecido dos años antes, y expone en la casa de la familia su colección y la de su madre, Rosa Trivulzio, además de las ampliaciones que se han ido efectuando desde entonces.

El edificio fue muy dañado en los bombardeos de 1943 y no finalizó su restauración hasta 1974. En esos momentos, se optó por no hacer una reproducción de la decoración original historicista, sino que se le rindió homenaje situando en algunas salas una fotografía anterior a la guerra del mismo espacio.

Sala del Museo Poldi Pezzoli.

Sala del Museo Poldi Pezzoli.

Al tratarse de una colección de origen privado, es muy heterogénea, y cuenta con pinturas, bronces, armas y armaduras, tejidos y tapices, y porcelana. Entre las pinturas que expone, sobresalen los Retratos de Lutero y su esposa de Cranach, el Llanto por Cristo muerto de Botticelli, la Imago Pietatis de Giovanni Bellini y el cuadro que se ha convertido en el emblema del museo, el Retrato de dama atribuido a Pollaiolo.

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(*) Imágenes: Masterprelece Art, Dvdbramhall, Jerry Dohnal, Davide Oliva. Creative Commons License.