Berthe Morisot, Niña con delantal rojo, 1886

Berthe Morisot, Niña con delantal rojo, 1886.

Esta obra de Berthe Morisot nos sirve para ilustrar perfectamente el París renovado y embellecido por el Plan Urbanístico de Haussmann (1848-1870) que se acababa de estrenar, y que las pintoras impresionistas no pudieron pintar. En ella, una niña mira a través de una ventana el mundo exterior, aunque la intención de Morisot con esta obra presumiblemente no era reivindicar nada, sin embargo, nos puede valer como metáfora de la situación y condición de la mujer artista en la sociedad de la segunda mitad del siglo XIX, la cual estaba relegada a desarrollar su trabajo en un espacio doméstico; aunque en ocasiones se saliesen de este ámbito para pintar el espacio público, siempre lo hacían desde un punto de vista discreto.

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Eva Gonzalès, El despertar, 1878

Eva Gonzalès, El despertar, 1878.

Este escenario doméstico no fue una elección libre, Berthe Morisot, Eva Gonzalès, Mary Cassatt o Marie de Bracquemond, no eligieron este espacio, sino que, le vino impuesto por las normas del decoro de una sociedad decimonónica; en donde la mujer todavía tenía unos niveles de emancipación prácticamente nulos. Debemos tener en cuenta, que según las prácticas sociales del momento, una mujer joven, como eran todas ellas, no podía salir sola a la calle sin compañía. El hecho de que una mujer se pusiera a pintar en la calle, en un bar, en un teatro o en un cabaret, tal como hacían los pintores, era algo impensable para la época. Por ejemplo, cuando Morisot se inscribió como copista en el Louvre para copiar las grandes obras maestras, o cuando iba al estudio de Manet para posar, siempre iba acompañada de su madre.

Marie Bashkirtseff, escritora, pintora y escultora de la época, se lamentaba diciendo:

Lo que anhelo es la libertad de ir por ahí sola, entrar y salir, sentarse en las Tullerías, y especialmente el placer de pararse y mirar las tiendas de arte, entrar en las iglesias y museos, caminar por las calles de noche; éso es lo que busco; y ésa es la libertad sin la que no se puede llegar a ser un verdadero artista (..) Maldita sea, esto es lo que me hace rechinar los dientes cuando pienso que soy mujer. Con un vestido burgués y una peluca, me pondré tan fea que seré libre como un hombre.

Si comparamos con otros movimientos artísticos anteriores, el impresionismo (1873-1886) fue un movimiento en donde las mujeres ostentaron un cierto número, y aunque padecieron las cortapisas de la sociedad del momento, sin embargo, establecieron relaciones con pintores como Manet, que las retrató en numerosas pinturas. Así como, Degas y Mary Cassatt establecieron una estrecha relación profesional colaborando en varios proyectos, Eva Gonzalès fue alumna de Manet, y Marie Bracquemond, tuvo como mentores a Monet y Renoir. Es decir, todas lograron establecer relaciones con la élite cultural del momento y no solo en el ámbito de la pintura, sino con otros intelectuales y artistas como Mallarmé, Puvis de Chavannes o Emile Zola.

Berthe Morisot, Mujer en el baño, 1875.

Berthe Morisot, Mujer en el baño, 1875.

Hoy es algo incomprensible, pero las mujeres no fueron aceptadas en la Escuela de Bellas Artes hasta 1897, por lo que su formación la adquirieron en academias particulares como la academia de Rodolphe Julian; una academia no oficial en donde las mujeres podían seguir el mismo plan de estudios que los hombres recibían en la enseñanza oficial. En esta academia podían pintar desnudos con modelos naturales, un hecho sin precedentes para las mujeres pintoras. Un factor positivo de su impedimento en el acceso a la enseñanza oficial, fue la frescura y la espontaneidad con que acometieron sus cuadros, frente a una enseñanza más disciplinada que recibían los hombres, restándoles naturalidad.

Otro lugar de aprendizaje fue el Museo del Louvre, en donde sí podían ir al igual que los hombres, para copiar a los grandes maestros de la pintura, formándose en la composición, en las diferentes técnicas y la aplicación del color.

Por otro lado, aunque ninguna de ellas procedía de familia de pintores, sus orígenes burgueses, les permitió acceder desde muy jóvenes a una educación artística estimulada desde el seno familiar. Hablamos de una época que veía permisible que las mujeres se dedicaran a la pintura por afición, como entretenimiento, pero que se dedicaran como profesionales, era algo que inquietaba los prejuicios de esta sociedad. Sin embargo, esto fue superado por ellas ya que todas participaron en los salones (como se les conocía a los lugares donde se realizaban las exposiciones) y llegaron a vender cuadros.

La pintura impresionista tuvo una gran influencia de los pintores de la Escuela de Barbizon, situada en las afueras de París en la localidad de Fontainebleau. Una escuela formada por Millet, Corot y Daubigny entre otros, que realizaban una pintura de paisaje directamente del natural, pintando al aire libre y no en los estudios.

Camille Corot, Concierto en el campo, 1857.

Camille Corot, Concierto en el campo, 1857.

Berthe Morisot, El lilo de Maurecourt, 1874

Berthe Morisot, El lilo de Maurecourt, 1874.

Pero también, la influencia de paisajistas románticos ingleses como William Turner y John Constable fue notoria, impregnándose del tratamiento desdibujado y atmosférico de sus pinturas.

William Turner, The Scarlet sunset, 1830-1840.

William Turner, The Scarlet sunset, 1830-1840.

Claude Monet, Impresión, sol naciente, 1873

Claude Monet, Impresión, sol naciente, 1873.

El impresionismo investigó nuevos recursos formales, suprimiendo el trazo y sugiriendo las formas con manchas de color. Se sustituyó la técnica del claro oscuro por la del contraste cromático, y para ello se suprime el color negro por colores fríos que intensifican más las sombras, utilizándose los colores primarios y sus complementarios. Se trataba de investigar las distintas posibilidades de la conjugación de estos colores para crear los volúmenes sin la utilización del trazo. La técnica consistía en ir realizando manchas o pinceladas con los diferentes colores, para que en una visión de conjunto dieran lugar a una forma reconocible. Los colores no se mezclan en la paleta, se usan los colores puros, y es el ojo del espectador el que los mezcla. Si nos colocamos muy cerca de una pintura impresionista, veremos que son manchas sin sentido (sería como una pintura abstracta), pero si nos alejamos todo cogerá su sentido. El contraste entre manchas de colores cálidos y fríos con una estudiada colocación, es lo que hace que podamos reconocer lo que se representa en las obras impresionistas.

Berthe Morisot, El balcón, 1882

Berthe Morisot, El balcón, 1882.

El interés de esta nueva estética era captar la impresión del momento, poder aprehender los cambios lumínicos, y retratarlos como inciden en las personas, en los objetos y en el paisaje. Se trata de una pintura de la percepción y no de la emoción como en el romanticismo, esto implica un desapego frente a lo que se pinta, de ahí, que sus personajes tengan la mirada ausente, con una cierta inexpresividad. Sus pinturas son imágenes desenfocadas, vaporosas, porque lo importante es el efecto y no la información, en donde se relata la vida cotidiana sin más.

Berthe Morisot

Èdouard Manet, El descanso (Retrato de Berthe Morisot), 1870

Èdouard Manet, El descanso (Retrato de Berthe Morisot), 1870.

Berthe Morisot (1841-1895) recibió una gran influencia de Emille Corot en los inicios de su carrera, como se puede apreciar en su interés por el paisaje, hasta que más tarde conoció a Édouard Manet, el pintor más contestatario y escandaloso de París de la época y que luego se convertiría en su amigo, influyéndole decididamente en su orientación hacia la figura humana. Su vinculación con el ambiente cultural de su época fue estrecha, fue amiga de Renoir y amiga íntima del poeta Stéphane Mallarmé; el cual apadrinó a su hija Julie, cuando su marido Eugéne Manet murió. Eugéne era el hermano del pintor Manet, y él también pintaba como aficionado, todas estas circunstancias le favorecieron, ya que no tuvo que dejar la pintura como profesión por el hecho de casarse, algo muy común en la época.

Su cercanía con el grupo impresionista fue muy íntima, ya que en su casa familiar se celebraban reuniones al igual que en la de Manet, a las que acudían pintores e intelectuales, lo que le permitió conectar con el pensamiento moderno de la época. En una carta que Morisot le envía a su hermana Edma, que también había sido pintora hasta que se casó, le transmite este pensamiento:

Los hombres se inclinan a pensar que ellos llenan toda la vida de una mujer pero, en cuanto a mí, pienso que no importa cuanto sienta una mujer por su marido, no es fácil romper con una vida de trabajo.

Con esta actitud, podemos hacernos una idea del fuerte grado de compromiso que tenía con su pintura, propia de una artista que pintó hasta los últimos año de su vida, en donde a mi juicio realiza, sí no las mejores de sus obras, sí las más avanzadas, presagiando las formas de un expresionismo que luego el noruego Edward Munch y los alemanes desarrollarían.

Berthe Morisot, Lucie Leon en el Piano, 1892

Berthe Morisot, Lucie Leon en el Piano, 1892.

Es un pensamiento que nos revela a una mujer totalmente lúcida y avanzada para su época, pero por otro lado, con una gran dosis de coraje y perseverancia, para poder ser aceptada y comprendida por la sociedad cultural del momento. Solamente observando su retrato podemos darnos cuenta de su carácter, Morisot se reclina en el sillón en una posición que no cumple con el decoro de la época, la imagen nos habla de una mujer libre, con una actitud transgresora y moderna.

Morisot a los 19 años ya había realizado copias de cuadros de Veronés, Boticelli o Mantegna en el Louvre y pintó alrededor de 400 cuadros en su corta vida.

En su pintura, es predominante el color blanco, su obra El Espejo de Psique, es un ejemplo. Se trata de una escena íntima, donde una joven se mira al espejo y el Narciso que todos llevamos dentro se deja entrever.

Berthe Morisot, El Espejo de Psique, 1876

Berthe Morisot, El Espejo de Psique, 1876.

Otra escena de temática doméstica, en su obra La lectura (1870) retrata a su hermana y a su madre en un momento cotidiano, distinguiendo las dos generaciones con el color de sus trajes, el blanco para su joven hermana y un azul muy saturado para su madre.

Berthe Morisot, La lectura, 1870

Berthe Morisot, La lectura, 1870.

Morisot fue la pintora más sobresaliente de todas ellas por su profundo acercamiento a la técnica impresionista. Le distingue su gran espontaneidad en el trazo de sus pinceladas, lo que le obliga tener rapidez en la ejecución de su pintura, tal como se aprecia en su obra Niña con delantal rojo (ver 1ª imagen del texto). Su pincelada larga es algo que le distingue y en sus últimas obras realiza una pintura con figuras más orgánicas, alejándose de la técnica impresionista, como se puede apreciar en sus obras Julie Manet y su galgo Laërtes y Julie Manet pensativa.

Berthe Morisot, Julie Manet y su galgo Laërtes, 1893

Berthe Morisot, Julie Manet y su galgo Laërtes, 1893.

Berthe Morisot, Julie Manet pensativa, 1894

Berthe Morisot, Julie Manet pensativa, 1894.

En la cita que ha continuación se escribe, se puede apreciar el profundo afecto y respeto, que el pintor Auguste Renoir tenía sobre Berthe Morisot.

Quiero señalar que la señora Morisot ha sido una de las amistades más sólidas que he tenido en toda mi vida. Recuerdo las gratas veladas que pasé en su casa con Mallarmé (…) Una pintora que demostró tener una gran personalidad, a pesar de haber nacido en el entorno más estrictamente “burgués” que pueda uno imaginarse, y en época en la que un niño que quería pintar podía ser considerado la deshonra de su familia. También resulta extraño que en una época de realismo como la nuestra surja una pintora con la gracia y la finura del siglo XVIII. Puede decirse que Morisot, además de ese carácter “virginal” que logró plasmar en todas sus pinturas, es la última artista elegante y “femenina” que hemos tenido desde Fragonard. Auguste Renoir

Su importancia en el grupo impresionista y el desconocimiento por parte del público, se deja entrever en la carta que Camille Pissarro escribe a su hijo, al morir Morisot.

No te puedes imaginar cuán sorprendidos estamos todos nosotros y cuán conmovidos también, por la desaparición de esta distinguida mujer, quien tuvo un talento femenino tan espléndido y quien proporcionó honor a nuestro grupo Impresionista que desaparece – como todas las cosas-. ¡Pobre Mme. Morisot, el público apenas la conoce! Camille Pissarro

Eva Gonzalès

Èdouard Manet, Eva Gonzalès, 1870

Èdouard Manet, Eva Gonzalès, 1870.

Alentada por sus padres desde muy pequeña en su interés por la pintura, Eva Gonzalès (1849-1883), nunca participó de una exposición impresionista (Salón de los rechazados que organizaban los impresionistas), pero si en los Salones oficiales. Al igual que Morisot, también se inscribió como copista en el Louvre reproduciendo pinturas de los maestros antiguos. Manet al conocerla se quedo impresionado por su belleza y la pidió a su madre permiso para retratarla. El resultado fue el reconocimiento que Manet le hace a la pintora, al retratarla con sus útiles de trabajo mientras pinta un cuadro. Sin embargo, podemos ver que Eva Gonzalès está pintando un jarrón con flores, una temática totalmente femenina. Manet la representa con un traje de muselina blanco, y no como lógicamente debería ser, con su traje de trabajo. Es una representación burguesa, en donde la intención del pintor es exaltar la belleza femenina.

Eva Gonzalès, Un palco en los italianos, 1874

Eva Gonzalès, Un palco en los italianos, 1874.

Un palco en los italianos es una de sus mejores pinturas en donde la pintora retrata a su hermana y su marido en un palco del Teatro de los Italianos (1783) hoy sustituido por el Teatro Nacional de la Opera-Comique. Es una obra con una gran influencia de su maestro Manet, en cuanto al tratamiento de las figuras y los colores utilizados. Fue censurada en los Salones oficiales por su estilo cercano al de Manet, ya que éste era un pintor rechazado en dichos salones.

Eva Gonzalès, Dos niños jugando en las dunas, 1880

Eva Gonzalès, Dos niños jugando en las dunas, 1880.

Puede que este trabajo sea el más impresionista de su obra. Es una pintura al aire libre con una pincelada más suelta y espontánea. Aunque es una escena de exterior, es discreta, ya que se desarrolla en un paisaje solitario y no en el París de los concurridos boulevards.

En el segundo capítulo hablaremos de otras dos pintoras: Mary Cassatt y Marie Bracquemond. Dos artistas con líneas diferentes, pero que se hacen indispensables dentro de la estética impresionista desarrollada por las mujeres.

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