La figura de Marcel Duchamp ha pasado a la Historia como un gran provocador. Desde luego fue un personaje curioso y muy culto que supo plantear como pocos los problemas artísticos de su momento y abrir nuevos caminos para la creación que todavía están presentes en el arte actual.

Una de sus grandes aportaciones al mundo del arte fueron los controvertidos ready-mades. Nadie puede negar que sean motivo de discusión. Duchamp plantea con estos objetos nada más y nada menos que los límites del arte y algo todavía más profundo: qué es el arte.

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La rueda de bicicleta descifrada (con ayuda de Heidegger)

Rueda de Bicicleta

Obras de Picabia y Duchamp en el MoMA de Nueva York.

La Roue de bicyclette consiste en una rueda de bicicleta anclada sobre un taburete barnizado. Dos simples objetos unidos por la mano del artista. Desde el punto de vista formal podemos relacionar esta obra con una escultura realizada con objetos de uso cotidiano. Estos dos objetos son de tipo utilitario, son lo que Heidegger llamaría “ser de confianza”, es decir, objetos cuyas formas visuales se pierden en la cotidianeidad, pasan desapercibidos porque son útiles. La obra de arte consiste en descifrar la verdad que se pierde en el uso cotidiano de estos objetos. Así es como hay que interpretar los ready-mades.

Vincent van Gogh, Un par de zuecos, 1889, Museo Van Gogh, Ámsterdam.

Vincent van Gogh, Un par de zuecos, 1889, Museo Van Gogh, Ámsterdam.

Heidegger creyó ver en El par de zuecos de Vincent Van Gogh el problema de la verdad en el arte, las dificultades de encontrar la esencia de las cosas en la realidad y la necesidad de encontrarla en su representación artística. En realidad, estas ideas provienen de una crítica a la ciencia como forma de conocimiento de la verdad. Es aquí donde entra la filosofía como disciplina cuyo objeto es el conocimiento de la verdad. Duchamp hace lo propio con su obra plástica, descontextualiza objetos de uso cotidiano (algo que posteriormente desarrollará el movimiento surrealista o el pop art, por ejemplo) y con su práctica artística poética pone el conocimiento de la verdad de estos dos objetos: rueda y taburete.

El problema de los límites del arte y el azar en La fuente y El gran vídrio

Decíamos antes que se trataba de un problema relativo a los límites del arte y que se hace necesario pensar qué cualidades artísticas están presentes en mayor medida en unos objetos que en otros. Desde el punto de vista de la forma y la materia todos los objetos son iguales, es decir, todos las poseen, pero qué existe de especial en unos que los hace artísticos:

  1. Poiesis: es a la vez producir y poesía; se trata de un modo de producir poético.
  2. El acto: cómo la obra actúa en el presente y cómo establece un diálogo con el contemplador estético, independientemente del momento en que se produzca.

La poesía, en sentido estricto, se relaciona con el lenguaje y con la palabra, los poetas son los que saben y conocen mejor que nadie el lenguaje, son los que hablan por hablar y son conscientes de que es un instrumento mediador entre la realidad y el sujeto. Es lo que permite abrir las posibilidades del conocimiento y construir realidad, a la vez que poner en acto la verdad. En sentido amplio, la poesía sería un modo de poner en acto la verdad, que podemos extender no sólo a la escritura, que es representación al igual que el resto de artes plásticas.

La Fuente - Duchamp

Marcel Duchamp, La Fuente, 1917.

Cuando Duchamp hace su Rueda de bicicleta o La fuente no realiza útiles en el sentido de instrumentos que permiten la realización de acciones, sino que mediante un producir poético combina dos elementos que anteriormente fueron útiles pero que ahora son obra de arte, en tanto que nos muestran la verdad que nos permite su conocimiento.

El Gran Vidrio es otra de las grandes obras de Marcel Duchamp, que pone en juego el problema del obrar de la obra y del azar. Ya habíamos visto como Heidegger había desarrollado una teoría sobre la capacidad de la obra de arte de actuar en presente, pues será Duchamp quien tematice esta cuestión en. Más allá de la interpretación de sus elementos compositivos, nos interesan dos cuestiones, por una parte, el material base, que es el cristal y, por otra, el azar como constructor final de la obra.

Marcel Ducham, El Gran Vídrio (La novia desnudada por su soltero, incluso), 1915-23. En una exposición temporal en el MNAC de Barcelona.

Marcel Ducham, El Gran Vídrio (La novia desnudada por su soltero, incluso), 1915-23. Exposición temporal en el MNAC de Barcelona.

El cristal es un material transparente que permite a la mirada atravesar el marco de la obra y percibir lo que se encuentra detrás de ella. No existe un fondo en la propia obra, sino que éste se encuentra en su parte posterior y, por tanto, es variable. Es diferente según su lugar de colocación y más aún si se hace colocándola en una ventana que dé al exterior, donde los cambios del tiempo harán que la obra se transforme según el momento en que contemplemos la obra. Es por ello que la obra actúa en presente, la obra está obrando cuando el contemplador está delante, pero esto no ocurre sólo en El Gran Vidrio sino en todas, lo que sucede es que aquí está tematizado.

El otro factor que habíamos resaltado es el del azar, ya que constituía un elemento esencial en esta obra. Fue el azar el que hizo posible que fuera terminada, cuando se rompieron las dos mitades que componen la superficie y se conectaron entre sí. Duchamp nos descubrió en esta ocasión, cómo el destino puede influir en el arte y su revelación fue muy importante, ya que ejerció una gran influencia posteriormente, sobre todo en los surrealistas, que tuvieron muy en cuenta las posibilidades creativas del azar…. pero esa es ya otra historia.

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(*) Imágenes: Patricia, Wikiart, Eneas de Troya, Kalexanderson. Creative Commons y Public Domain.