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Lewis Hine, Trabajador mecánico ajustando una máquina de vapor, 1920. (*)

Con motivo del Día Internacional del Trabajo, en CROMA Comisarios Culturales nos pusimos a reflexionar sobre nuestro campo de formación: las humanidades. Fruto de esta reflexión surgieron una serie de textos que hemos ido publicando estos días en los que abordábamos esa complicada relación entre la formación humanística y la búsqueda de un empleo mínimamente “digno” en nuestro campo. Algo que parece casi imposible con los tiempos que corren. También hemos tratado de reivindicar la necesidad de evitar la llamada “fuga de cerebros” de nuestros país hacia países que parecen ofrecer mayores oportunidades a los licenciados españoles.

Becario Precario

Por desgracia el sistema laboral de nuestro país y los empresarios han encontrado lo que necesitaban en tiempos de crisis: mano de obra muy cualificada y barata. Me estoy refiriendo a la figura del becario (también llamado “marioneta” de la empresa). Esta situación laboral se da especialmente en el campo de la cultura y las humanidades.

El perfil de la “marioneta” más deseada entre los empresarios es la siguiente: jóvenes licenciados, que dominan varios idiomas, tiene varios másters o doctorados, tratan de buscar su oportunidad en el mercado laboral, están en paro o continúan formándose, tienen una alta cualificación profesional para dirigir (y a veces mejor que ellos) sus empresas, además de los títulos universitarios se les suele exigir dominio informático al igual que cualidades tan ambiciosas como la capacidad de liderazgo, motivación, trabajo en equipo, alto grado de asertividad y un largo etcétera.

Si reúnes estos requisitos (nada triviales por otra parte)… ¡Enhorabuena! Eres el perfecto becario. A pesar de ello no creas que será tarea fácil ser becario de una empresa. A pesar de que representas la mano de obra más barata y a la vez más cualificada de la historia de este país no te van a llover las ofertas. El becario sufre una azarosa y pintoresca búsqueda de una posible oferta laboral (en la que seguramente veas la oportunidad de tu vida. No entra en los planes de la empresa tener ni un ápice de sinceridad contigo, al menos hasta que te haya “captado”. Además el aspirante a “marioneta”, perdón, aspirante a becario debe competir por conseguir ese soñado puesto con otros tantos candidatos igualmente muy preparados.

Finalmente y tras una dura competencia, nuestro joven licenciado por fin conseguirá la ansiada oportunidad para la que tanto se ha esforzado. Lo que él no sabía es lo que la empresa no le dijo y lo que se le viene encima: precariedad laboral, trabajo poco relacionado con tu formación (en algunos casos haces las funciones de secretario, coordinador, chico de los recados, etc.). En algunos casos ni siquiera percibes un solo céntimo por tu trabajo y no te hacen ni siquiera contrato. Por no hablar del alta en la seguridad social o de otros derechos que tendrías como trabajador (que en la práctica lo eres).

Mi historia personal

Ahora voy a pasar a contaros brevemente mi propia experiencia personal como becaria de una galería y editorial de arte. Se trata solamente de una experiencia personal y tampoco estoy diciendo que todas las empresas funcionen así, pero la mía (a la que a partir de ahora llamaremos empresa X) en era un caso aislado en este tipo de “chanchullos” laborales (porque no tiene otro nombre).

Acababa de terminar mi máster de postgrado en Museología y Patrimonio en Madrid. Tras muchos meses de esfuerzo estaba muy contenta con los resultados obtenidos y tenía una cierta ilusión por mi salida al mercado laboral. Esperaba con ansias que alguna empresa me ofreciese el puesto de mis sueños, teniendo en cuenta mis méritos académicos.

Tras varios meses mandando miles de currículums a todo tipo de instituciones o empresas, en los cuales los buscadores de empleo se convirtieron en mi única esperanza a la que aferrarme. Cada día miraba varias veces las ofertas de empleo que pudieran estar relacionadas con la historia del arte y la gestión cultural.

Una tarde recibo una llamada procedente de la responsable de una nueva galería de arte perteneciente a una editorial muy importante en América que me ofrece un puesto como comisaria de exposiciones para lanzar la nueva galería. El único inconveniente es que de momento estaría como becaria, pero que los detalles me los darían en la entrevista.

No podía creérmelo. Parece que era el puesto de mis sueños.

Lo que inicialmente parecía ser una gran oportunidad era en realidad una especie de timo laboral. La empresa había reunido un equipo de diez becarios (todos con másters y doctorados) a los cuales no pagaba nada. Es más, desplazamientos dietas, etc. corría todo de nuestra cuenta. Aún así le di una oportunidad para ver cómo iban las cosas.

Al final nos explotaban para hacer un poco de todo y encima nos exigían compromiso total con la empresa y en las reuniones con el jefe nos trataba de motivar con falsas comisiones que nunca llegaban y con una posible contratación (falsa por supuesto) para que hiciéramos lo que se nos pedía y fuésemos los mejores y más competitivos. Como bien decía una compañera a medida que íbamos viendo cuales eran nuestras “funciones” y tareas en la empresa (de lo más variopintas, desde coordinar el stand en las ferias de arte o atender la galería, hasta servir el catering en inauguraciones o hacer telemarketing para conseguir nuevos ingresos, alquilando la galería para conferencias y eventos) la palabra correcta para designar lo que éramos no era becario sino más bien lacayo.

La empresa se interesó por varios artículos míos y sobre mi tesina. Artículos que gustosamente les pase (registrados previamente) y que supuestamente iban a publicarse en la editorial (con sede en Cuba). Aún hoy día sigo esperando.
Tras varios meses de explotación laboral y poca satisfacción personal y profesional decidí dejarlo. Me cansé de trabajar en ese tipo de condiciones. Lo único bueno que conseguí (aparte de la experiencia, que de las malas experiencias también se aprende) fue una carta de recomendación que pedí antes de decirles que lo tenía que lo dejaba. La verdad es que en ningún momento llagué a renunciar. La empresa me llamó para una inauguración y en principio les dije que contasen conmigo pero que me especificasen un poco las funciones que iba a realizar. Me dijeron que hasta ese día no me lo comunicarían. Media hora antes del evento me dijeron que tenía que ponerme a cobrar entrada, luego a comprar comida y a servir un catering a los asistentes. Mi respuesta fue no puedo ir y así terminó mi etapa de lacaya de la empresa X.

Para finalizar nos gustaría tratar de animaros a seguir luchando por vuestros proyectos profesionales a pesar de la situación adversa. Porque como bien os dijimos hace unos días frente a la frustración en ti reside el poder hacerlo.
Frente a estas empresas que no tienen ningún tipo de escrúpulo es importante hacerse valer y reivindicar un empleo y un trato laboral justo y acorde con tu formación.

Este sistema de becarios super cualificados y que trabajan gratis (bueno, más bien pagan para poder trabajar en algo mínimamente relacionado con su formación o campo de interés) debe desaparecer y quizás la única forma de que esto suceda es que todos nos neguemos a acatar ese tipo de condiciones que nos imponen determinados empresarios. Si, en mi caso particular, los diez becarios que estábamos trabajando allí nos hubiésemos negado, habríamos forzado que inevitablemente la empresa hubiera tenido que contratar a alguien, ya que necesitaban por lo menos de un trabajador que realizase todo ese trabajo que pretendían cubrir con mano de obra gratis.

Nos gustaría además invitaros a que nos deis vuestra opinión sobre este tipo de explotación y desde Croma os lanzamos un par de cuestiones: ¿Os ha sucedido algo parecido? ¿Cómo creéis que podría favorecerse el empleo en el campo de la cultura?

Esperamos vuestros comentarios en nuestro blog y en Facebook y ÁNIMO para todos aquellos que soñamos con poder realizarnos profesional y personalmente en el ámbito cultural.

(*) Imagen de Portada: Public Domain (Wikimedia Commons). Creative Commons License.