Sucede lo siguiente: tenemos un tabú con los asuntos crematísticos, con el parné, la plata, la guita… Vamos, con el dineroA la hora de escribir esto, a mí mismo casi me repugna estar hablando de estas cuestiones en un blog de arte, pero llegados a este punto necesitamos replantearnos las ideas que tenemos acerca de este particular porque, de otro modo, nunca crearemos un verdadero sector cultural fuerte ni profesionalizado.

Si te fijas, el arte jamás ha tenido ningún pudor en representar el desnudo o incluso el sexo. Se ha representado con una naturalidad envidiable, se ha hecho de una forma elegante, limpia y bella. Hablo tanto del desnudo masculino como femenino. Ahí tenemos la mayoría de las esculturas griegas, romanas y del Renacimiento. Y no digamos nada de las vanguardias y del arte actual, donde estos temas se han tratado tanto para transgredir las ideas preconcebidas como para representar las potencialidades del cuerpo humano en materia artística como, por ejemplo, dentro del body art.

Por cierto, ¿conoces el libro Por Qué Estudiar Historia del Arte?

Te recomiendo que le eches un vistazo.

Cleobis y Bitón

Cleobis y Bitón, 580 a. C., Museo Arqueológico de Delfos, Grecia.

No obstante, cuando pensamos en la representación de las transacciones comerciales, la cuestión cambia.

A mí, de hecho, me ocurre.

Cuando estaba pensando en cómo enfocar este artículo enseguida se mostró en mi cabeza una obra La expulsión de los mercaderes del templo de El Greco. No sé por qué pero pensé que podía ser la mejor imagen que podía ilustrar este artículo, porque algo en mi interior me decía que esta historia bíblica podía explicar por qué tenemos una animadversión irracional hacia la compraventa. Según mi hipótesis, que no puedo corroborar por ningún medio científico, esta historia puede haber ejercido una influencia demoledora en las sociedades de raíces cristianas, pero sobre todo en las que han adoptado el catolicismo.

El Greco, La expulsión de los mercaderes del templo, c. 1600, National Gallery, Londres.

El Greco, La expulsión de los mercaderes del templo, c. 1600, National Gallery, Londres.

Los mercaderes son expulsados del templo

Llegaron a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los que cambiaban el dinero y los asientos de los que vendían las palomas, y no permitía que nadie transportara objeto alguno a través del templo. Y les enseñaba, diciendo: “¿No está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones’? Pero ustedes la han hecho cueva de ladrones.” Los principales sacerdotes y los escribas oyeron esto y buscaban cómo destruir a Jesús, pero Le tenían miedo, pues toda la multitud estaba admirada de Su enseñanza. Marcos 11: 15-18.

De acuerdo con esta historia, el Templo de Herodes, es decir, el Templo de Jerusalén, se encontraba abarrotado de personas que acudían allí no solamente a orar sino también a realizar intercambios comerciales. De hecho, los fariseos, es decir, una de las comunidades judías, controlaban el cambio de divisas en este periodo histórico y actuaban en este lugar sagrado como una suerte de banqueros. Se encargaban de cambiar las monedas que provenían de Grecia o Roma para poder utilizarlas en aquel espacio religioso.

Jesús consideraba que éste era una espacio colectivo que debía utilizarse exclusivamente para conectar con la divinidad, para re-ligar (de donde deriva, por cierto, la palabra religión) y, por tanto, mediante un acto de carácter ejemplarizante, a la vez que radical, expulsó con rabia y con una aparatosidad dramática a los usureros que habían convertido un lugar espiritual en una cueva de ladrones, como bien pudiste leer en la cita de la Biblia.

El museo como templo de fariseos en el imaginario colectivo

Sin ánimo de ser muy exhaustivo, me permito la licencia de lanzar la hipótesis (ya estudiada por otros autores) de que en nuestra psique se halla una conexión, heredada culturalmente, que consiste en ver:

  1. El templo como espacio de culto es, a la vez, asociado con el museo, que se convierte en un espacio de cultura (pasamos del culto a la cultura, palabra que deriva de cultivo, que además puede interpretarse en varios sentidos: cultivo de alimentos, cultivo espiritual, cultivarse uno mismo en las artes y las ciencias, etc.).
  2. Todo lo que no es gratuito como sucio, desagradable o mundano. Me explico, el museo moderno, desde el punto de visto arquitectónico (y conceptual) se nos presenta como un lugar de culto, como un lugar en donde se “rinde culto” a los máximos exponentes del arte y la ciencia. De hecho, los primeros museos (véase el Ashmolean de Oxford, por ejemplo) presentaban una arquitectura clásica que recuerda a los antiguos templos griegos, que dotaban a estos edificios de un carácter sagrado. Es más, si indagamos un poco más, vemos que la propia palabra museo (sobre la que ya hemos hablado aquí), tiene una raíz común con la palabra “mausoleo”, es decir, un lugar donde se hallan los restos de los difuntos y, por tanto, un lugar solemne y de respeto hacia aquellos que han dejado de existir.
Ashmolean Museum of Art and Archaeology, 1678, Oxford, Inglaterra.

Ashmolean Museum of Art and Archaeology, 1678, Oxford, Inglaterra.

Si lo piensas, los museos actúan como una especie de contenedores de “restos”, en el sentido de “lo que ha quedado de algo”. Son el cobijo de los fragmentos del pasado, por decirlo de alguna manera. Pues bien, si la palabra museo desprende estas ideas, nos encontramos con que en el subconsciente colectivo, los museos aparecen como los templos del conocimiento, es decir, aquellos lugares a los que asistimos para cultivarnos o para rendir culto. Quizás por ese motivo durante muchos años los museos hayan sido espacios silenciosos y casi de recogimiento en los que apenas se podía pasar por las salas como quien acude a una iglesia a comulgar. Allí rendimos culto a nuestros antepasados más gloriosos, nos debemos a la contemplación y a la introspección, toda la atmósfera se torna sagrada y, por supuesto, las obras sólo se pueden mirar y nunca tocar.

Para bien o para mal, la experiencia que recibe el usuario en los museos actuales no es ni por asomo la que describo, pero durante muchísimos años ha sido así y quizás todavía en los museos menos concurridos pueda sentirse ese halo de sacralidad. El museo actual es un gran museo del espectáculo masivo al que las personas acuden porque desean ver a los grandes genios del star system. Reina el escándalo, las aglomeraciones y puede que los fariseos se encuentren a la entrada cobrándote una entrada o cambiando tus divisas. Sólo falta la venta de animales aptos para el sacrificio (en los museos taurinos quizás esté solventado) y el cóctel resultante es un templo lleno de mercaderes expectantes a la llegada del mesías para que los expulse y puedan así rasgarse las vestiduras.

cola-museo

Dicho esto, quiero concluir con una reflexión derivada de mi segunda hipótesis, es decir, ¿por qué consideramos que todo lo que no es gratuito es concebido como sucio, desagradable o mundano?

La falta de ética en el trabajo

He aquí una posible respuesta y una solución que ayude a construir un sector cultural fuerte que permita el empleo de todas las personas que desean desarrollar esta bella profesión que es la Historia del Arte. No deseo entrar a considerar cómo cambiaron las ideas sobre la ética del trabajo cuando se fue implantando el protestantismo porque nos llevaría varios artículos abordarlo.

Sin embargo, te recomiendo que si estás interesado ahondes en las obras de Max Weber, que sin duda te ayudarán a comprender por qué en las sociedades de raíz protestante (incluyendo el anglicanismo y el calvinismo), está tan arraigada la idea del trabajo duro entendido como una labor de salvación del individuo. Sin embargo, me limitaré a decir que en estos países (Alemania, Suiza, Inglaterra, etc.), estas cuestiones se abordan desde otra perspectiva completamente diferente y se entiende que el pago de servicios y productos (esto vale también para los culturales) es algo justo porque otra persona ha trabajado duro para ofrecértelos.

Aquí, no obstante, nuestra falta de ética en este sentido nos hace buscar siempre la gratuidad e incluso está muy bien visto socialmente no pagar por este tipo de servicios argumentando que la cultura debe ser gratuita.

  • Gratuita significa simplemente la miseria de otras personas.
  • Significa la negación del sustento a otros seres humanos.
  • Significa convertir en insostenible un sector esencial, un sector que es la estructura que sustenta toda una sociedad y que forma un tándem con la educación.

Así que, por favor, pido que hagamos un esfuerzo como sociedad y que cuando acudamos a un museo, paguemos gustosamente una entrada, no vayamos siempre a las horas gratuitas, que hagamos donaciones a las instituciones que fomenten el desarrollo cultural del conjunto de la sociedad. Acostumbrémonos a pagar (y con mucho gusto) por los libros que leemos, por la música que escuchamos, por las películas que de verdad merecen la pena, por la formación que recibimos en seminarios, conferencias, etc. No siempre será posible acceder a todo ello pagando y no juzgo mal, por supuesto, a alguien que por razones económicas no pueda asistir al museo pagando. Sólo expreso que seamos conscientes de que:

  • Detrás de todos los museos existen profesionales que han tardado décadas en adquirir unos conocimientos, de mostrárnoslos de una forma coherente y ordenada, etc.
  • Detrás de cada libro existen autores que han investigado y se han levantado cada mañana a escribir para ofrecerte unas ideas que quizás te ayuden a ser mejor como persona.
  • En definitiva, que detrás de cada servicio cultural existen personas que necesitan ropa, alojamiento y comida.

Si no somos conscientes de esta situación, jamás tendremos un sector cultural fuerte ni profesionalizado. No importa lo que hagamos, la cultura tendrá que estar subvencionada, es decir, que para que sobreviva te obligarán a pagarla. Pero es que ni siquiera esa es una opción porque las subvenciones, como bien sabes, están desapareciendo y si no estamos preparados para el cambio que se avecina terminaremos por acabar definitivamente con el sector cultural. La cultura no ha de ser gratuita, ha de ser accesible a todas las personas (y nosotros nos regimos por este principio). Aquellos que no puedan pagarla deberán tener la posibilidad de acceder a ella, pero aquellos que sí puedan porque dispongan de los recursos espero que tomen la decisión correcta y más justa para todos.

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(*) Imágenes: Jastrow, H. Simonsson y Wikimedia Commons. Creative Commons License, Fair Use License, Public Domain.