Si vas a visitar el Museo Thyssen de Madrid te recomendamos que no te pierdas la excelente selección que este museo posee sobre las denominadas vanguardias históricas. Aquí te proponemos varios ejemplos que no puedes dejar de ver:

1. Precursores

Entre los precursores de las vanguardias históricas que conserva el Museo Thyssen de Madrid destaca Paul Cézanne con su obra Retrato de un campesino, que representa a una figura sin rostro sentada en una especie de jardín. Muestra su característica fragmentación de la realidad en unidades, en este caso pinceladas superpuestas, y una reducción y simplificación de los elementos figurativos.

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Paul Cézanne, Retrato de un campesino, Museo Thyssen-Bornemisza, c. 1905, Madrid.

Paul Cézanne, Retrato de un campesino, c. 1905, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

También están presentes Vincent van Gogh con una vista campestre de tono bastante amable, Les vessenots en Auvers-sur-Oise; Paul Gauguin con uno de sus cuadros de mujeres tahitianas, Mata Mua (Érase una vez), y Maximilien Luce con Fábrica a la luz de la luna, donde sigue la tradición de los puntillistas y macchiaioli.

Vincent van Gogh, Les Vessenots à Auvers, Museo Thyssen-Bornemisza, 1890, Madrid.

Vincent van Gogh, Les Vessenots à Auvers, 1890, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Paul Gauguin, Mata Mua (Érase una vez), 1892, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Paul Gauguin, Mata Mua (Érase una vez), 1892, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Maximilien Luce, Fábrica a la luz de la luna, 1898, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Maximilien Luce, Fábrica a la luz de la luna, 1898, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Sin embargo, podemos destacar la presencia de Munch por la evolución que existe desde esta etapa hasta sus obras más conocidas.

Edvard Munch era un hombre inquieto y pesimista hasta llegar a la morbosidad, que se preocupaba, siempre con angustia, de la soledad del ser humano tanto entre la muchedumbre de una gran ciudad como en la quietud de la naturaleza. En sus óleos buscó la captación de ese pesimismo, de esa soledad, de esa angustia, de la inquietud y de la muerte. Sólo le interesó la realidad en tanto en cuanto con ella pudiera expresar ese mundo interior de su espíritu y para ello tenía que deformarla y exagerarla.

Edvard Munch, Atardecer (la hermana del artista), 1888, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Edvard Munch, Atardecer (Laura, la hermana del artista), 1888, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Atardecer es un paisaje campestre con una casa en la parte izquierda, que sería la casa que el artista compró en el fiordo de Oslo. Es un paisaje frío y triste que acentúa el sentido melancólico y angustioso que Munch trata de reflejar. Se trata del concepto germánico de la naturaleza hostil y sublime y contra la que el ser humano no puede luchar. La figura de su hermana Laura (que le sirvió de modelo en varias ocasiones) aparece sentada junto a la casa, desplazada del centro para magnificar el vacío central, acentuando así la sensación de soledad y aislamiento. Parece ser que la propia Laura sufrió numerosas depresiones.

El colorido rico sigue la línea impresionista, aunque las gamas muy frías de verdes y azules remarcan esa amargura latente en todas las obras de Munch. Aún muestra, también, gran influencia del Postimpresionismo, cuyo impacto había recibido de mano de Van Gogh, Gauguin y Toulouse-Lautrec en sus viajes por Europa. Por lo tanto, esta obra no es aún plenamente expresionista, ya que la figura de Laura no aparece como un ser desvitalizado, de ultratumba y deforme; tampoco vemos el colorido absurdo y estridente característico de este artista.

Sin embargo, ya vislumbramos aquí sus rasgos estilísticos particulares. Cabe destacar la otra obra de Munch que posee el Thyssen. Se trata de una xilografía titulada Encuentro en el espacio, donde dos figuras humanas abstractas se encuentran flotando en el espacio. Una, de color rojo, se podría interpretar como una representación femenina y la otra, en azul, masculina, ambas insertas en un espacio inerte y vacío.

Edvard Munch, Encuentro en el espacio, 1899, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Edvard Munch, Encuentro en el espacio, 1899, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

2. Fauvismo

George Braque, Marina. L'Estaque, 1906, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

George Braque, Marina. L’Estaque, 1906, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

El movimiento fauvista tiene bastante representación en los fondos del Thyssen. Entre otros, encontramos una obra de la etapa fauvista de George Braque. Derain, artista que nunca pudo ocultar que era un clásico de corazón y de vocación, trató de mezclar esta posición con la dedicación al arte nuevo de los fauves. En El puente de Waterloo muestra esa temática fluvial de la que tanto gustaba.

Derain, El puente de Waterloo, 1906, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Derain, El puente de Waterloo, 1906, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Maurice de Vlaminck, Jarrón azul con flores, 1906, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Maurice de Vlaminck, Jarrón azul con flores, 1906, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Vlaminck fue el fauvista más revolucionario, por encima incluso de Matisse o Derain. Fue un artista casi autodidacta y contaba con una personalidad fuerte e impetuosa. Su pintura se basa en tres principios básicos:

  • El cromatismo vibrante y chillón (“Quería quemar la Escuela de Bellas Artes con mis cobaltos y bermellones…”).
  • La influencia del arte africano (del que era un gran coleccionista; en sus obras se aprecia la simplicidad y dureza de líneas y formas).
  • La influencia de van Gogh.

Jarrón azul con flores pertenece a una etapa muy influida por van Gogh (frente a la siguiente en la que predomina la estela de Cézanne) y en la que son numerosas las obras de temas paisajísticos. Se trata de una naturaleza muerta de extraordinario colorido con un tipo de pincelada muy suelta y de poco empaste. La gama cromática es muy amplia: amarillos, carmesíes, verdes, azules… La identidad de las flores queda reducida a simples pinceladas de color que parecen arbitrarias, formando rítmicamente dibujos independientes (elisiones compositivas). Esto niega cualquier función descriptiva de cada una de las flores en concreto, casi impidiendo que podamos saber de qué especie se trata. En la parte inferior aparecen unos trazos y manchas que evocan reflejos.

3. Cubismo

En el Museo Thyssen hay obras de los grandes representantes de este movimiento y también de artistas secundarios, como Robert y Sonia Dèlaunay, Léger o Kupka.

Picasso, Cabeza de hombre, 1913-14, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Picasso, Cabeza de hombre, 1913-14, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Esta pintura, que no es muy conocida, pertenece a la etapa del Cubismo Sintético en la que Picasso cultivó menos el color (en este caso cromatismos de tonos pálidos) y mezcló elementos sencillos captados desde diferentes puntos de vista (de frente, de perfil…). Dichos elementos se disponen unos detrás de otros. En vez de analizar las partes del objeto pintado (tal y como hacía en la etapa anterior del Cubismo Analítico), se sintetizan llevando las formas a su mínima expresión. En esta obra la purificación geométrica de las formas ha alcanzado casi la abstracción, pero aún mantiene elementos figurativos (los ojos, la nariz, la oreja, el pequeño ancla de marinero).

Frantisek Kupka, Estudio para el lenguaje de las verticales, 1911, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Frantisek Kupka, Estudio para el lenguaje de las verticales, 1911, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Kupka entendió su pintura como un proceso de investigación de las formas puras, dando lugar a obras con tendencia a la abstracción. En Estudio para el lenguaje de las verticales experimenta con el juego de líneas verticales y colores, con lo que crea una apariencia que puede evocar a la composición de una vidriera. Destacan las texturas rugosas y prominentes que recuerdan al goteo de la cera derretida. Otra obra destacada es La taladradora, de 1927.

Frantisek Kupka, La Taladradora, 1927-29, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Frantisek Kupka, La Taladradora, 1927-29, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

A pesar de que la abstracción predominaba en sus obras, evolucionó hacia una mayor figuración (los críticos lo atribuyen a la influencia de la Exposición de Artes Decorativas e Industriales de París de 1925). Desarrolló también una temática muy en la línea del Futurismo italiano: la velocidad, el dinamismo, la presencia en el arte de las máquinas y las nuevas tecnologías como testimonio de un mundo cambiante.

4. Futurismo

Las obras de este movimiento son más escasas en las colecciones del Thyssen.

Giacomo Balla, Manifestación de patriotismo, 1915, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Giacomo Balla, Manifestación de patriotismo, 1915, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Giacomo Balla nos desconcierta con su obra abstracta Manifestación de patriotismo, en la que una serie de formas geométricas curvadas y triangulares se entrecruzan. El pintor ha querido captar el dinamismo de la manifestación, el movimiento de las banderas que los patriotas agitan. Las líneas de movimiento son remarcadas por los trazos negros. Se da una ausencia de figuración y un cromatismo primario que juega con los colores de la bandera italiana. Las formas se combinan violentamente y la muchedumbre aparece compacta como una gran masa oscura. Esta temática enlaza directamente con el Futurismo, ya que fue un movimiento de carácter patriótico y militarista, que abogaba por la necesidad de la guerra como única forma de higienizar el mundo.

Severini, Expansión de la luz (centrífugay centrípete), 1913-14, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Severini, Expansión de la luz (centrífugay centrípeta), 1913-14, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Esta obra es un culto al dinamismo, la principal obsesión de los futuristas, entre cuyas obras eran habituales los estudios de la luz, la energía eléctrica, los movimientos, la maquinaria… Vemos, además, la unión de diversas influencias: Cubismo, Orfismo, de los macchiaioli… Así, usa técnica puntillista con un cromatismo en tonos suaves. Esta pintura tiende a la abstracción, aunque podemos percibir una serie de figuras humanas muy esquemáticas: cabezas y brazos representados con simples formas geométricas. Estas formas se encuentran en una especie de danza, en un jolgorio de color, dentro de los temas nocturnos tan del gusto de este movimiento.

5. Expresionismo (Grupo El Puente – Die Brücke)

El Expresionismo es el movimiento mejor representado en los fondos del Thyssen, especialmente el grupo El Puente.

Kirchner, Fränzi ante una silla tallada, 1910, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Kirchner, Fränzi ante una silla tallada, 1910, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Es una de las obras más subjetivas de la producción de Kirchner. Se trata de un retrato de medio cuerpo de la joven Fränzi, que contaba entonces con unos trece años (fue modelo habitual de los expresionistas de Dresde y posó también para Heckel). Lleva un vestido estampado y un original collar y está sentada sobre una silla toscamente tallada. El respaldo de la silla es una figura femenina muy esquemática, con gran dureza de rasgos, como si fuese la sombra de Fränzi, de la mujer en la que se convertirá. Esta figura está desnuda con claras reminiscencias eróticas.

Es una metáfora alegórica del erotismo como sublimación del arte. Lo que más resalta es el rostro de la niña, pintado con un cromatismo antinatural y chocante (verdes, trazos azules, rosas) y con pinceladas más gruesas que las que utiliza en el resto del cuadro. Los labios rojos acentúan la sensualidad de esta “Lolita”. El fondo en tonos amarillentos y verdosos evoca, por su parte, un espacio natural. Asimismo, vemos formas deformadas, incluso grotescas, esquematismo, falta de perspectiva, bidimensionalidad, gruesas pinceladas remarcadas por fuertes líneas negras que separan los contornos… Entre las influencias podemos destacar el colorido de los fauvistas, la frontalidad de Munch (El grito) y el arte africano.

Kirchner, Calle de Berlín con prostituta de rojo, 1914-25, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Kirchner, Calle de Berlín con prostituta de rojo, 1914-25, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Es una obra que pertenece a la serie de escenas callejeras del Berlín de la época. En el centro aparece una prostituta vestida con un abrigo rojo y un llamativo sombrero con plumas. La rodean varios caballeros con unos desfasados sombreros de copa y, al fondo, más prostitutas. Es una visión subjetiva de la ciudad, poblada por seres prototípicos, sin vida. Sería una crítica de la ciudad como lugar de corrupción. La perspectiva evidencia la angustia, la sensación de un espacio reducido repleto de figuras despersonalizadas.

6. Expresionismo (Grupo El Jinete Azul – Der Blaue Reiter)

Kandisnky, Murnau, Casas en el Obermarkt, 1908, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Kandisnky, Murnau, Casas en el Obermarkt, 1908, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

El cuadro representa la calle mayor de Murnau. Pertenece a una etapa de transición del artista, cuando se encuentra viajando por Europa. En la obra el colorido y las formas proceden de las influencias fauvistas. Posteriormente Kandinsky desarrollará su teoría de omitir el tema para no perjudicar la correcta armonía y libertad del color buscando en el espectador una sensación anímica.

7. Otros expresionistas

Egon Schiele, Casas junto al río. La ciudad vieja, 1914, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Egon Schiele, Casas junto al río. La ciudad vieja, 1914, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Este paisaje urbano es muy representativo de la visión negativa que el artista tiene de la vida, además de sus trastornos mentales. El cromatismo en tonos grisáceos acentúa aún más este pesimismo, esta angustia. En primer término tenemos el río, muy plano y frío, que nos traslada a un crudo y deprimente otoño. Las casitas están simplificadas a lo mínimo y parece que han sido pintadas por un niño.

8. Dadaísmo

George Grosz, Metropolis, 1916-17, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

George Grosz, Metropolis, 1916-17, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Se trata de una visión alegórica de la ciudad moderna como el escenario de la autodestrucción de la sociedad. En la obra hay claras referencias a los horrores de la Primera Guerra Mundial. Se enmarca dentro de un estilo fuertemente expresionista. Es una escena nocturna, con un cromatismo rojizo que alude al baño de sangre y los horrores de la guerra y de la propia ciudad. La obra, durante el Nazismo, fue expuesta en la muestra “Arte degenerado” que el régimen llevó a cabo para desprestigiar las vanguardias. La composición está hecha a base de solapamientos de planos geométricos, lo cual hace referencia al Cubismo.

Los edificios y figuras son muy planos y parece un decorado de cartón. Los primeros planos están superpuestos a los del fondo, que muestran los tejados y azoteas de los edificios. Es una perspectiva muy rígida con las líneas de fuga muy marcadas.

La estética, por su parte, es de influencia futurista. También lo es la representación del acelerado ritmo de vida de la ciudad (Futurismo italiano): en la calle de la derecha, que parece inclinada hacia el centro, los automóviles y el tranvía discurren velozmente. Sin embargo, ya no es la glorificación de la ciudad como símbolo del progreso que realizaba el Futurismo, sino una visión apocalíptica. Las figuras son seres monstruosos que viven el frenesí de la ciudad, una masa deshumanizada y atrapada en un mundo infernal que ella misma ha creado.

9. De Stijl. El Neoplasticismo

Los desastres de la guerra llevaron a este grupo (con Mondrian al frente) a reivindicar un arte basado en la armonía y el orden. Concibieron una pintura pura, sin subjetividad ni emoción, que reflejara el carácter racional y equilibrado de la nueva sociedad tras los errores de la guerra.

Piet Mondrian, Composición I, 1931, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Piet Mondrian, Composición I, 1931, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Esta obra, que pertenece a su etapa clásica, es muy representativa del estilo del autor, que fue discípulo de Picasso y conoció la obra de Malevich, que le influiría mucho. Adoptará una fórmula que seguirá toda su vida: compartimenta el cuadro en espacios rectangulares o cuadrangulares separados por gruesas líneas negras de perfecta horizontalidad y verticalidad y rellena los compartimentos con colores simples y homogéneos. Aquí el cromatismo se reduce a los colores primarios azul y rojo delimitados con líneas negras y blancas (los no colores). La obra es totalmente abstracta.

Theo van Doesburg, Composición II (naturaleza muerta), 1916, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Theo van Doesburg, Composición II (naturaleza muerta), 1916, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Se trata de una obra abstracta con motivos geométricos sencillos que se combinan. Esta obra nos muestra la evolución estilística del autor hacia las formas del Cubismo, influido por Mondrian y, sobre todo, por Kandinsky. Se trata de un Cubismo científico en el que las formas se reducen a una síntesis geométrica sin detalles. Las formas se nos sugieren de una forma esquemática y minimalista, con una gama cromática bastante básica (aunque no hasta el extremo de Mondrian): el fondo tiene un cromatismo pastel de colores fríos y sobre él se recortan las figuras en tonos más llamativos.

10. La vanguardia rusa y soviética

Natalia Goncharova, El bosque, 1913, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Natalia Goncharova, El bosque, 1913, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Este óleo de grandes dimensiones pertenece al estilo Rayonista (“Síntesis del Cubismo, del Futurismo y del Orfismo”, Larionov). Tiende a la abstracción aunque la figuración no ha desaparecido totalmente. La obra refleja una visión muy personal de Natalia Goncharova, que fragmenta en unidades simples la vegetación. La artista fragmenta la realidad en unidades angulosas, que recuerdan a astillas de madera. Son trazos que se superponen sin una perspectiva (entendida al modo clásico). El fondo de tonos claros y amarillos sugiere muy bien el efecto de la luz que llega a la superficie atravesando las copas de los árboles. A la izquierda hay una especie de figura blanca que nos habla de la presencia humana ante la intempestiva naturaleza.

11. La Bauhaus

László Moholy-Nagy, Gran pintura del ferrocarril, 1920, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

László Moholy-Nagy, Gran pintura del ferrocarril, 1920, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Aunque con bastante imaginación, podríamos llegar a distinguir en esta obra las señales, los postes del tendido eléctrico, las letras de los carteles y letreros… Es una obra abstracta que utiliza formas inspiradas en el collage dadaísta. Es de una gran sencillez compositiva y de un cromatismo primario. El tema está vinculado a la tendencia que se desarrolla en esta época de ensalzar el nuevo mundo tecnológico, el maquinismo, etc.

12. Surrealismo

El Surrealismo, siguiendo las teorías freudianas, abogaba por aunar la realidad con el mundo de los sueños para comprender al hombre en su totalidad (incluyendo su subconsciente). Se caracteriza por una ausencia total de preocupación estética y moral. Como precedentes podríamos destacar las obras de El Bosco, de Brueghel, de William Blake, de Füssli, del Goya de los Caprichos…

Yves Tanguy, Todavía y siempre, 1942, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Yves Tanguy, Todavía y siempre, 1942, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Esta obra, que pertenece al período de madurez del artista, representa un paisaje desolador que bien podría ser de otro planeta, de las profundidades marinas o de un mundo onírico puro. Este universo particular está poblado por extrañas formas abstractas y antropomórficas que parecen flotar en la extensión. El colorido acentúa aún más esa atmósfera onírica, de pesadilla.

(*) Imágenes: Wikimedia Commons. Creative Commons License. Museo Thyssen-Bornemisza. Reproducidas solo con fines educativos y divulgativos (Fair Use License).