Sala_de_Tiziano_en_el_Museo_del_Prado

Sala dedicada a Tiziano en el Museo del Prado (Madrid) antes de la reordenación actual. (*)

Una idea equivocada: los museos son lugares en los que sólo se pueden admirar obras de arte.

Por cierto, ¿conoces el libro Por Qué Estudiar Historia del Arte?

Te recomiendo que le eches un vistazo.

Ni todos los museos poseen piezas artísticas ni todas deben ser simplemente contempladas. Al contrario de lo que te hayan contado, la visita a los museos debe prepararse, ya que de lo contrario no entenderás nada. ¿Te suena esa situación? Vamos a poner un supuesto, imagina que estamos en verano y tienes tus merecidas vacaciones, es el momento de planear un viaje para desconectar del ajetreo diario, es el momento de leer los libros atrasados, de visitar ciudades, otras culturas y, cómo no, ver algunos museos.

¿Qué haces a continuación? Compras un billete de avión, de tren, autobús o simplemente coges el coche y te diriges a tu destino. Si eres previsor seguramente has adquirido alguna guía, has mirado algunos mapas en google maps, has trazado algunas rutas, etc. Ya te imagino diciendo: el lunes voy a visitar los jardines, el martes voy a dar un paseo por el centro histórico y el miércoles voy a la pinacoteca más relevante de la ciudad. Este último día es cuando surgen los problemas, es agosto y el museo está abarrotado de gente, no has comprado las entradas por adelantado, hace un sol de justicia, estás de pié, te cansas…

Cuando logras entrar tras una, dos o tres horas esperando de repente empiezan las prisas por ver todo el museo, quieres ver todas y cada una de las obras de arte, para lo cual te ves obligado a sortear una multitud de obstáculos: personas que se interpone entre tú y la pieza artística, vigilantes que se encargan de cortarte el paso si te acercas demasiado, el ruido que no te deja concentrarte…

Y es entonces cuando te preguntas ¿Por qué hay que sufrir para ver un museo? Con lo agradable que había sido el lunes en aquellos jardines paradisíacos llenos de vegetación, refrescantes fuentes de agua cristalina y esculturas clásicas.

¿Sabes qué?

No hay que sufrir para ver un museo.

Puedes evitar perfectamente las aglomeraciones a las puertas de los museos, puede hacer una visita ordenada, coherente y adaptada a tus necesidades. No tienes que verlo todo, no hace falta. Es más, no lo hagas.

Pero para que esto suceda tienes que dedicar un poco de tiempo a preparar la visita al museo o museos a los que quieras asistir y esto significa que no puedas actuar como un espectador que acude a una sala de cine. Así sí que no va a funcionar. Cuando se va a un museo, es fundamental realizar una pequeña investigación previa que puede empezar por consultar la página web y el plano (que normalmente está disponible en formato pdf) e informarte sobre la colección que posee el museo.

Si realmente te interesa la temática puedes hacer una selección de obras que quieres observar y ver en qué salas se encuentran y si no te interesa, directamente vete a otro museo o incluso a ninguno ¿Te sorprende que te diga esto? ¿Un museólogo? ¿En un blog donde se habla constantemente de por qué tienes que visitar un museo? Pues sí, no es preciso ir a los museos, no es obligatorio de ninguna manera, no es un deber social. Si lo haces, hazlo porque realmente te gusta, porque quieres aprender, porque quieres inspirarte, porque quieres descubrir algo nuevo, porque quieres conocer el origen de la ciudad que visitas, porque quieres entender los gustos artísticos de una época, etc. Repito, por favor, no lo hagas por obligación.

No lo digo a modo de reprimenda, ni mucho menos, ¿quién soy yo para hacerlo? Sólo te lo digo como consejo por mi propia experiencia. Vete a los museos que desees, prepárate un poco la visita, selecciona lo que quieres ver y lo que no y DISFRUTA, que de eso se trata. Y, por supuesto, si necesitas un poco de ayuda recurre a las visitas guiadas, a las múltiples actividades educativas que programan los museos o habla con nosotros, haremos todo lo posible para que formes parte del museo, para que no seas un mero espectador.

(*) Imagen de Portada: José-Manuel Benito. Creative Commons License.