Monasterio de San Salvador de Celanova - exterior

Fachada exterior del Monasterio de San Salvador. A la izquierda: la entrada
a la iglesia; a la derecha: la entrada al claustro del Poleiro.

Hablar de Celanova (Orense) y su historia es, irremediablemente, hacerlo de la historia de su monasterio ya que el pueblo surge en gran medida por la existencia del edificio religioso.

Carlos I consideró Celanova como su lugar de retiro tras su abdicación…

Para ello debemos remontarnos al siglo X, más concretamente al año 936, cuando Rudesindus Guterre (San Rosendo) fundó el Monasterio de San Salvador. Este santo, que también fue un importante líder político emparentado con la realeza asturleonesa, eligió un tranquilo valle, alejado del comercio y cercano a los preceptos de la vida cenobítica y espiritual y delegó en el abad Franquila la guía de esta comunidad.

Las primeras pequeñas edificaciones fueron renovadas en época románica y posteriormente entre los siglos XVI y XVIII, y dejan como resultado el monasterio que vemos actualmente con una gran iglesia y dos claustros, que durante el siglo XIX fueron expropiados debido a la desamortización y hoy son ocupados por el Ayuntamiento y un instituto.

A pesar de ello, el antiguo monasterio forma una fachada recta que se abre a la Plaza Mayor del pueblo y configura una bella imagen arquitectónica. Carlos I consideró Celanova como su lugar de retiro tras su abdicación en Felipe II aunque posteriormente se decidiera por el Monasterio de Yuste en Extremadura.

Iglesia de San Salvador

Puertas del coro - Monasterio de San Salvador de Celanova

Puertas del Coro.

La actual iglesia parroquial de Celanova (siglo XVII) destaca por su contenido artístico y arquitectónico. Quien entre en el templo se verá inmerso en un edificio de grandes proporciones revestido por la decoración, principalmente barroca, que le confiere una gran personalidad. Es de planta de cruz latina con tres naves y crucero.

Para que podáis preparar la visita os señalaremos los principales elementos de la iglesia:

Portada: Su fachada es plenamente barroca y su portada está dispuesta en tres calles separadas por dos pares de columnas con entablamento y dos cuerpos, como si fuera un gran retablo pétreo. A ambos lados aparecen San Rosendo y San Torcuato, y sobre la puerta San Benito. Sobre los entablamentos hay un frontón roto que da paso a una ventana central y rematando el conjunto el escudo abacial.
Delante de la entrada de la iglesia hay una fuente renacentista que fuera realizada para el Claustro de las Procesiones.

Coro bajo (detalle) - Monasterio de San Salvador de Celanova

Coro bajo (detalle).

Coro: La sillería, obra de Francisco de Castro Canseco, es una espléndida obra de madera tallada en cuyos sitiales se narran las obras de San Rosendo y San Benito (abajo) y se representan los santos benedictinos más importantes (arriba). Si impresionante es la sillería más impresionantes son las puertas que dan acceso a ella, donde aparecen San Pedro y San Pablo, por un lado, y la Virgen y San Juan, por el otro, y sobre ellos el Arcángel San Miguel.

En la parte superior existe el llamado coro alto de estilo gótico flamígero con decoración mitológica y onírica en sus misericordias y brazos.

Cúpula: Realizada por Pedro de Monteagudo, se encuentra en el centro del crucero sobre pechinas con decoración de escudos coronados en relieve. Dentro de la cúpula hay unos tondos con pinturas de santos rodeados por guirnaldas de decoración vegetal que llevan visualmente hasta la linterna.

Cupula - Monasterio de San Salvador de Celanova

Vista de la cúpula desde el crucero.

Retablo Mayor: Es una espectacular máquina de madera diseñada por Pedro de Castro Canseco que ocupa toda la cabecera del templo. Está dedicado al titular del templo, El Salvador, y por ello en la calle central aparece la Transfiguración de Jesús, junto con la Resurrección y la Ascensión a izquierda y derecha.

retablo - Monasterio de San Salvador de Celanova

Retablo.

Bajo estas dos últimas escenas aparecen dos relieves de San Rosendo y San Torcuato sobre una vieira también tallada, y debajo de ellos dos hornacinas con urnas de plata, realizadas por Juan de Nápoles, en las que se guardan las reliquias de ambos santos.

En la parte más baja de la calle central, pero no visible de inmediato ya que hay un baldaquino delante, se abre un ventanal enmarcado por dos ángeles que sostienen una cortina que conforma una tramoya teatral típica del Barroco rematada por una Inmaculada sobre una venera.

…espectacular máquina de madera diseñada por Pedro de Castro Canseco que ocupa toda la cabecera del templo.

El retablo asciende verticalmente a través de cuatro columnas salomónicas, decoradas con vides y angelitos, y llega hasta un gran cascarón compartimentado en tres espacios donde se representan, de izquierda a derecha, el Nacimiento de Jesús, la Circuncisión y la Adoración de los Magos. En la parte superior aparece un detalle típico del Barroco gallego como son los santos ecuestres “matamoros” al estilo de la iconografía que se difundiera con el Apóstol Santiago en tiempos de la Reconquista de la península. En este caso los representados son San Rosendo, Santiago, San Millán y San Fernando.

Baldaquino: Delante del retablo y formando un conjunto escultórico impresionante se erige un baldaquino de dos cuerpos en el que se resguarda una cruz. La parte más alta está rematada por una escultura de Cristo Rey y algo más abajo le acompañan las cuatro virtudes teologales. La base del baldaquino está decorada por una serie de tablillas de alabastro pintadas en las que se representan escenas de la Pasión.

Claustros: El más cercano a la iglesia recibe el nombre de Claustro Barroco. Se comenzó en el siglo XVI, pero en el siglo XVIII fue decorado por Fray Plácido Iglesias. Es también conocido con el nombre de Claustro de las Procesiones porque es donde los monjes las celebraban. Actualmente, en caso de lluvia, la procesión de San Rosendo se sigue celebrando en este claustro.

El segundo de los claustro recibe el nombre de Claustro del Poleiro por las grandes ménsulas que sostienen una balconada de acceso a las celdas y que son típicas de la arquitectura gallega.

Capilla de San Miguel

Sus apenas más de 20 m² denotan la influencia de Al-Andalus en el norte peninsular.

Capilla de San Miguel (interior) - Monasterio de San Salvador

Arco de entrada al ábside de la Capilla de San Miguel.

Pero además de este gran complejo monástico, Celanova encierra otra sorpresa más. Un pequeño capricho arquitectónico de época mozárabe como es la Capilla de San Miguel.

Este pequeño edificio se levantó en el huerto del monasterio en memoria del hermano de San Rosendo, Froila, y fue concluido en el año 942. Sus apenas más de 20 m² denotan la influencia de Al-Andalus en el norte peninsular.

Se compone de tres espacios cúbicos construidos con sillares de piedra, siendo más grande el central que los laterales y cubierto por un tejado a cuatro aguas sobre modillones de rollo. A la capilla se accede por una pequeña puerta adintelada sobre la que reza una inscripción en latín en la que se pide al orante que tenga presente al hermano del santo.

El interior del atrio presenta una bóveda de cañón en forma de herradura, la cámara central de aristas y el ábside lo cierra una bóveda de ocho gajos. Otro punto en común con la arquitectura andalusí es el uso de arcos de herradura enmarcados por un alfiz para separar las tres estancias. Del zócalo cabe destacar un paño de azulejería de aristas delante de la entrada del ábside.

Un último consejo

Capilla de San Miguel  - Monasterio de San Salvador de Celanova

Capilla de San Miguel.

Para llegar a Celanova basta con tomar la OU-540 desde Orense y encontraréis el desvío a unos 25 km. Antes de despedirnos de vosotros os aconsejamos que si vais a este municipio buscando visitar la Capilla de San Miguel (para la Iglesia de San Salvador no hay ningún problema) llaméis antes a la Oficina de Turismo del Ayuntamiento ya que en temporada baja no siempre está abierto el acceso a ella. De hecho, cuando nosotros llegamos no había visitas guiadas y pudimos visitarla gracias a la buena voluntad de la persona voluntaria que abre y cierra la iglesia, un señor de 77 años pero con una vitalidad enorme, que se fió de nosotros y nos acompañó en la visita.

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(*) Imágenes: Luis M. García.