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En estos tiempos de masacre laboral (y subrayo lo de masacre), en los que cada día se destruye empleo de una forma muy significativa, surge con fuerza la figura del “ser contemplativo” o, si se quiere, del “ser estético”.

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Frente al “ser productivo”, es decir, aquel que está inmerso en ese enorme engranaje que conforma el sistema económico, se contrapone el “ser estético”.

El Ser Productivo

El primero es un ser humano centrado en crear bienes y servicios de consumo, el segundo (unas veces a la fuerza, otras por la propia naturaleza del individuo) posee unos sentidos más agudizados, tiene tiempo para la contemplación y dedica algunos momentos a la reflexión. Los dos sufren, no cabe duda, pero no de la misma manera.

El ser productivo se centrar en el “hacer”, sus metas están marcadas y su día a día está pautado por un reloj de maquinaria precisa

El ser productivo se centrar en el “hacer”, sus metas están marcadas y su día a día está pautado por un reloj de maquinaria precisa. Ese ser vive en permanente urgencia y su cotidianeidad es una sucesión de listas de tareas que deben ser finalizadas sí o sí. El objetivo es claro, ofrecer un producto o servicio que la sociedad demanda.

El Ser Estético

El ser estético, no vive en ese mundo de la urgencia, vive en la quietud. El reloj no le es útil, más que como señal orientativa. Su mundo es el de la percepción sensorial y sus útiles son la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Es el modo de ser de los sabios, de los filósofos, de los religiosos y…. en alguna forma, de los desempleados.
Los desempleados viven en la quietud del tiempo, pero en la inquietud mental, sobre todo al principio. La salida del sistema productivo a la fuerza lleva un período de desintoxicación del organismo que produce un malestar constante, que posteriormente va desembocando en un estado contemplativo que a veces es positivo, pero no siempre.

El ser estético impuesto, es decir, el desempleado, sólo ve horror; al principio de él mismo, pero finalmente acaba dándose cuenta de que el horror está en los que se quedan

El problema es que el ser estético que es así por naturaleza está habituado a la contemplación y en algunos momentos es capaz de contemplar la belleza. El ser estético impuesto, es decir, el desempleado, sólo ve horror; al principio de él mismo, pero finalmente acaba dándose cuenta de que el horror está en los que se quedan. Descubre el sin sentido, que ya intuía cuando formaba parte del sistema productivo y que ahora confirma porque es capaz de ver la “representación” o si se quiere “el teatro” desde fuera.

Un largo camino de búsqueda le espera y algunas decisiones difíciles tendrá que tomar si se le presenta la oportunidad. ¿Volver a la “normalidad”? Aunque vuelva a entrar en el juego, en la cadena, donde es “útil” para los demás, no volverá a ser el mismo porque tendrá otra conciencia. Quizás haya tenido tiempo de reflexionar si consiguió vencer el desasosiego y la inquietud.

El Artista

Ahora debes estarte preguntando ¿y el artista? ¿Es un ser productivo o un ser estético? El buen artista es las dos cosas, pero primero es estético, porque primero hace uso de sus sentidos y de la razón para reflexionar y, luego, construye su mundo, con sus criterios, sus formas y sus significados. Quizás un mundo ansiado, una proyección utópica de lo que considera una realidad mejor.

Sólo espero que el ser estético, que lo es por obligación, cuando vuelva al juego de la representación, si decide hacerlo, decida también ser un artista, un buen artista.

(*) Imagen: Wikimedia Commons. Public Domain.