José de Ribera

José de Ribera, Prometeo, c. 1630.

Ya hemos hablado en varias ocasiones sobre el tema de la cultura gratuita en La moneda de las musas y ¿Deben ser los museos gratis? En general, lo que acabamos diciendo siempre es: cultura accesible a todos, pero no gratuita.

Por cierto, ¿conoces el libro Por Qué Estudiar Historia del Arte?

Te recomiendo que le eches un vistazo.

Aquí va otro artículo en el que le damos una vuelta de tuerca más, a raíz de una noticia que ha salido recientemente: España es uno de los países europeos con menos empleados culturales, aunque los contratados son de los mejores formados a nivel universitario.

¿De qué nos vamos a extrañar?

Lo gratis tiene algunos inconvenientes que no le hacen ningún bien a la cultura. El primero de ellos es que, aunque no lo parezca, no encaja bien con el poderoso atractivo de lo gratuito. ¿Y por qué? Porque tendemos a confundir demasiado lo gratis como fácil o de poco valor.

El caso del concierto que no debería ser gratuito

No lo podemos evitar, en nuestra mente surge la idea de que si algo cuesta dinero (pongamos, por ejemplo, un concierto en un auditorio) es mejor que si se da el mismo concierto, por la misma orquesta, en el patio de una institución pública dentro de su campaña veraniega, por ejemplo. Una vez, hace muchos años, estuve en un concierto gratuito de un cantautor que, enfadado porque muchos no callaban, acabó diciendo:

Si hubiérais pagado los 30 euros que vale la entrada a uno de mis conciertos mostraríais más respeto.

Cuánta razón tenía.

Repito, no lo podemos evitar. Pero no vamos a centrarnos en esa cuestión hoy, sino al hecho de que si acudimos a ese concierto gratuito, damos por hecho que aparte de todos los músicos, habrá un vigilante, a veces un portero y en ocasiones hasta un programa con el espectáculo, alguien habrá colocado un montón de sillas, unos técnicos habrán instalado toda la parafernalia eléctrica que acompaña a una actuación, habrá luz cuando sea necesario, unos baños limpios. Una persona se habrá ocupado de coordinar todo y puede que otra de las funciones de comunicación. Incluso puede que haya algún cartel.

Los museos de la Junta de Andalucía

Otro caso: los museos de la Junta de Andalucía (no recuerdo ahora mismo los de otras comunidades) son gratis para todos los ciudadanos de la Unión Europea, además de menores y mayores de ciertas edades, y gente que cumpla algún requisito más. ¿Y qué ocurre? Que nadie va a ver los museos, las salas están vacías casi todo el tiempo, total, estarán ahí siempre, algún día iremos. Eso sí, el día que vayamos habrá un portero, nos dará una entrada y un tríptico, habrá algún que otro vigilante en las salas, todo estará limpio, iluminado, con la temperatura y la humedad correctas. Sin contar que habrá un director, conservadores, restauradores y demás personal que no se ve.

Supongo que ya queda claro por donde voy: ¿de dónde sale el dinero de todo eso que tiene que haber pero por el que no pagamos? Obviemos el tema de los impuestos, que cuando están bien gestionados (asunto que pienso eludir ahora) se estiran pero no pueden dar para todo. Tampoco se saca de las urnas en las que cada uno echa el dinero que estime conveniente, como en los museos británicos (donde, por cierto, nunca están vacías), puesto que no tengo constancia de haber visto ni una sola a nivel español, por lo que si alguien quisiera hacer una pequeña donación no tendría dónde.

La explicación de por qué el empleo cultural es lamentable en España

Después nos quejamos al enterarnos de que somos uno de los países con menos contratados en cultura, pero si no pagamos por las actividades culturales, ¿qué esperamos?

Mi propuesta es tan simple como pagar una entrada. Barata, eso sí, asequible para cualquier bolsillo, pero que cubra, al menos, los gastos básicos que la actividad genere. ¿Dejarías de entrar a un museo, de ir a un concierto, a un teatro, a cualquier actividad cultural, por tener que pagar dos o tres euros? Si tu respuesta es que sí, mal vamos. Dos euros es poco más que una cerveza o un café, y los bares están llenos. Dos euros es casi lo que vale el transporte público (ah, eso es público, sí lo cobran y todos lo aceptamos, nadie deja de coger al autobús o el metro por no pagar su precio).

No sé cuánto vale dar ese hipotético concierto del que hablábamos al principio. Aunque los músicos y el organizador no cobrasen nada (lo cual me parece deleznable), os aseguro que el guardia de seguridad y el limpiador sí, que la electricidad se va a pagar igual, y la imprenta que haya hecho los carteles y programas tampoco va a regalarlos. Al menos, que las entradas cubran esos mínimos. Y que los que se dedican a la cultura cobren por su trabajo (lo dice alguien cansada de dar conferencias gratis en instituciones públicas).

Queremos empleo cultural, pues algo tendremos que hacer. Pagar esos salarios de alguna manera. Dos o tres euros por persona, de vez en cuando, no nos van a alterar mucho nuestra economía, por precaria que sea. Porque cuando nos toque a nosotros trabajar en alguna actividad cultural, también querremos cobrar por ella. Por favor, basta ya de becarios, de prácticas y demás maneras de eludir pagar un salario digno.

Por supuesto, no quiero decir que si pagamos por este tipo de actividades, ese dinero revierta directamente en empleos, ojalá tuviera esa capacidad de persuasión y esa influencia. Lo que sí digo es que, si no pagamos por la cultura, no podemos quejarnos después cuando no genere puestos de trabajo. Dejadnos pagar un precio asequible, basta ya de cultura gratis.

(*) Imagen: Public Domain.