Sofonisba Anguissola, Autorretrato, 1556, Museo Lancut, Polonia

Sofonisba Anguissola, Autorretrato, 1556, Museo Lancut, Polonia.

En los últimos tiempos, los estudios feministas nos han hecho ver la realidad con otros ojos. Investigadores (o quizás deberíamos decir investigadoras) de los más variados campos del saber se han preocupado por la situación de la mujer y de su historia, ofreciendo un nuevo enfoque y presentándonos una realidad hasta hace poco desconocida. Cosas que hasta ahora nos parecían incuestionables de repente ya no nos lo parecen tanto. Así, por ejemplo, cuando nos acercamos a la historia del arte no podemos evitar preguntarnos dónde están las mujeres.

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En un primer momento, lo primero que pensamos es que no se conocen las mujeres artistas simplemente porque no las hubo. En una sociedad tradicional en la que la mujer quedaba relegada al ámbito doméstico y a las labores de crianza, no eran pocas las dificultades con las que se encontraba una mujer que quisiera algo diferente. En efecto, la sociedad transformaba a las mujeres en esposas y madres y esperaba que ellas cumplieran su papel con obediencia y sumisión. Sin embargo, hubo excepciones, hubo mujeres que lograron superar esas barreras, desarrollar una profesión y dedicarse a su vocación, aunque en ocasiones eso les supuso tener que renunciar a otras muchas cosas.

Entonces, si ciertamente hubo casos de mujeres creadoras, ¿por qué no se las conoce? Porque las mujeres no solo han tenido que enfrentarse a la sociedad machista de su tiempo, sino también a la sociedad machista de los tiempos que las siguieron y en esa lucha ya no han salido tan vicotoriosas (al menos hasta hace poco). El arte de las mujeres simplemente ha sido ignorado. La razón principal para ello es que se ha considerado, sistemáticamente, un arte inferior. Las mujeres artistas siempre han sido vistas como copistas e imitadoras, pero no como creadoras.

Cuando se pensaba en el arte de las mujeres se pensaba en el arte femenino como una categoría en sí misma. Es decir, por un lado estaba el ARTE (con mayúsculas) de los hombres y por otro el de las mujeres, al que se le atribuia unas características propias. Así, por ejemplo, el arte hecho por las mujeres era considerado dulce, suave, sensible, sentimental, etc., por el hecho de estar realizado por una mujer. Se creía que el arte hecho por mujeres tenía más en común entre sí, a pesar de la distancia temporal que las separaba, que con los creadores de su tiempo.

Pero ¿no influiría en todo esto las barreras impuestas por los hombres a las mujeres artistas? Lo cierto es que una mujer, una vez había decidido desarrollar su carrera artística, se encontraba con ciertas barreras insalvables. Por ejemplo, aunque podían acceder a las escuelas para formarse, hasta finales del siglo XIX tenían vedado el acceso a las clases de desnudo (excepto en alguna escuela particular). Privada de esta formación, la mujer se veía forzada a abandonar temáticas tan importantes como la mitológica y la histórica y limitarse al paisaje, los bodegones, las flores y el retrato. De este modo, los géneros considerados más importantes y los que permitían que un artista fuera considerado un genio, quedaban exclusivamente en manos de los hombres.

Debemos asumir que nuestra historia es una historia de hombres construida por hombres, que simplemente ha ninguneado a la mujer. Considerada inferior, la mujer parece que no merecía pasar a los anales de la historia. De este modo, aquello que estudiamos como la Historia Universal del Arte, no es más que una mirada sesgada de la realidad, una mirada masculina, occidental, burguesa y basada en la genialidad individual. Desde luego no son pocas las revisiones de la historia que podrían hacerse.

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Mujeres artistasSobre todo esto y mucho más hablaremos el jueves 12 de marzo a las 19:00 en la galería Feeding Art de Madrid. ¡Os esperamos!