En el Renacimiento se producen ciertos cambios en la consideración social de los artistas: empiezan a abandonar su condición de meros trabajadores mecánicos para ir adentrándose en el campo de las artes liberales, es decir, aquellas actividades intelectuales dignas de un caballero. Es entonces cuando surge la idea del genio individual y por eso de esta época se conocen muchos nombres de artistas, entre ellos algunas mujeres.

Sofonisba Anguissola (Cremona, hacia 1532-Palermo, 1625)

Sofonisba nació hacia 1532 en Cremona dentro de una familia de la pequeña aristocracia. Hermana mayor de cinco hermanas y un hermano, Sofonisba recibió, al igual que todos sus hermanos, una esmerada educación. Es extraño que una joven aristócrata se formase en el campo de la pintura, ya que esta, considerada una actividad manual, no era apropiada para su clase (hasta el siglo XVIII las mujeres de la artistocracia no empezarán a adoptar la pintura y la escultura como aficiones). Así, en 1546, Sofonisba y una de sus hermanas se instalaron como aprendices en casa del pintor manierista Bernardino Campi. Ahí permanecieron tres años aprendiendo los rudimentos del oficio.

Bernardino Campi pintando a Sofonisba Anguissola (1559), Pinacoteca Nacional de Siena. Aquí vemos al que fuera su primer maestro realizando un autorretrato de la joven aprendiz.

Bernardino Campi pintando a Sofonisba Anguissola, 1559, Pinacoteca Nacional de Siena.

A diferencia de otros aprendices, que ensayaban el género del retrato con los demás miembros del taller, amigos y vecinos, las hemanas Anguissola lo hicieron con los miembros de su propia familia, ya que era más adecuado para alguien de su posición social. Este hecho, que puede parecer trivial, acabó dotando a los retratos de Sofonisba de un carácter propio: frente a la frialdad y el distanciamiento de otros retratos de su época, los retratos de su familia son mucho más cercanos y muestran la vida cotidiana de sus seres queridos con gran ternura. Gracias a esto Sofonisba aprendió a observar con minuciosidad a sus retratados y a mostrar en sus imágenes una gran profundidad psicológica. También realizó gran número de autorretratos, que nos muestran su evolución desde los quince años hasta los casi noventa que llegó a tener.

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Sofonisba, Autorretrato, 1554.

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Sofonisba Anguissola, Autorretrato, 1556, Museo Lancut, Polonia.

Sofonisba pintó numerosos autorretratos a lo largo de su larga vida. Es de destacar que en ellos no siempre se mostraba a sí misma como pintora, sino que solía hacer hincapié en otro tipo de actividades, como tocar un instrumento, más propias de su estatus social.

Sofonisba Anguisola, Autorretrato con Espineta (instrumento musical), 1561.

Sofonisba Anguisola, Autorretrato con Espineta (instrumento musical), 1561.

En 1549 Campi abandonó Cremona y Sofonisba, apoyada por su padre, decidió continuar su formación en el taller de Bernardino Gatti, donde estuvo tres o cuatro años más. Ya en esos años fue ganando prestigio y consiguiendo algunos encargos de nobles vinculados a su familia. Pero Sofonisba, queriendo ir más allá y deseando poder luchar de igual a igual con los demás pintores de su época (casi todos hombres) para hacerse un merecido hueco, decidió viajar a Roma. Ahí completó su formación y entró en contacto con algunos de los más grandes pintores de la historia, como Miguel Ángel Buonarroti, de quien obtuvo apoyo y consejos. El apoyo del tan afamado Miguel Ángel fue clave en su carrera, ya que ayudó a que su nombre empezara a circular entre los círculos artísticos. De hecho, fue visitada por Giorgio Vasari, quien le guarda un sitio muy especial en sus Vidas, obra en la que muchas mujeres, lejos del sentimiento misógino del momento, tienen su merecido reconocimiento.

A diferencia de otros artistas profesionales, Sofonisba no podía cobrar por su trabajo, pues eso habría entrado en conflicto con su condición de noble.

Tras abandonar Roma, Sofonisba regresó a Cremona, donde siguió retratando a su familia. Comenzó entonces a desplazarse por otras ciudades (Mantua, Plasencia, Milán…) con el fin de retratar unas veces a nobles y otras veces a clérigos, pero siempre personajes de probada moralidad que no pusieran en entredicho su honor. A diferencia de otros artistas profesionales, Sofonisba no podía cobrar por su trabajo, pues eso habría entrado en conflicto con su condición de noble; es por esto que, como mucho, podía recibir regalos en agradecimiento a su trabajo.

Felipe II y los retratos de la corte de España

En uno de sus viajes a Milán coincidió con el duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, a la sazón comandante en jefe de las fuerzas de Italia, virrey de Nápoles y capitán general de Milán. A través de él la fama de Sofonisba llegó a oídos de Felipe II, quien por aquellos entonces reinaba en la corte más poderosa del mundo. Sofonisba fue reclamada y acabó trasladándose a la corte española como dama de honor de la reina Isabel de Valois, gran amante de las artes y la música. Aunque en verdad Sofonisba acabó siendo también pintora de cámara y preceptora de la reina, oficialmente figuraba como dama de honor, pues las otras tareas no eran adecuadas para una joven aristócrata. La artista italiana permaneció en España catorce años (1559-1573), durante los cuales una estrecha amistad la uniría a la reina.

Como decíamos, durante su estancia en la corte no se limitó a ser dama de honor de la reina, sino que Sofonisba continuó desarrollando su actividad de retratista. Pintó a la mayoría de los miembros de la familia real (la reina y el rey, el príncipe don Carlos y las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela), cuyos retratos han sido expuestos en los museos durante mucho tiempo bajo el nombre de otros grandes pintores del momento, como Tiziano, Antonio Moro, Antonio Sánchez Coello o Juan Pantoja de la Cruz.

Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II (1561-1565), Museo del Prado

Sofonisba Anguissola, Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II, 1561-1565, Museo del Prado.

Retrato de cuerpo entero de Isabel de Valois. La composición sigue las normas del retrato de corte establecidas por Tiziano y Antonio Moro, con la reina de pie, ricamente vestida y apoyada en un objeto, en este caso una columna que simboliza la dinastía, así como el medallón con la efigie de su esposo.

Sofonisba Anguissola, retrato del rey Felipe II, 1565-1573, Museo del Prado

Sofonisba Anguissola, retrato del rey Felipe II, 1565-1573, Museo del Prado.

Ataviado con las habituales vestiduras negras, sombrero alto, y Toisón de Oro sobre el pecho, el monarca sostiene en su mano izquierda un rosario alusivo a la institución de la Fiesta del Rosario, por el papa Gregorio XIII. Dicha fiesta debía tener lugar cada primer domingo de octubre para conmemorar la Victoria de Lepanto, obtenida el 7 de octubre de 1571 contra los turcos, y celebrando el triunfo de la fe católica.

El retrato fue realizado durante el matrimonio de Felipe II con su tercera esposa Isabel de Valois. En 1573 Anguissola cambió la disposición de la mano derecha del rey, que anteriormente tocaba el Toisón de Oro, para adaptarlo al retrato de Ana de Austria con el que forma pareja.

Sofonisba Anguissola, La reina Ana de Austria, 1573, Museo del Prado.

Sofonisba Anguissola, La reina Ana de Austria, 1573, Museo del Prado.

Pese a seguir los modelos del retrato de corte español, la suavidad del modelado, la difusa iluminación y la pincelada sutil, menuda y envolvente son propias del estilo de Sofonisba y de la pintura lombarda de su tiempo. Es posible por ello que este retrato fuera su último trabajo en España, pensado para hacer pareja con el del rey.

Diversas razones explican este olvido y las erróneas atribuciones. Por un lado, hay razones documentales. El hecho de que ella no firmara estos retratos y de que no figurara oficialmente como pintora, sino como dama de honor, así como que no recibiera dinero en pago a sus obras -aunque sí regalos-, hace que los archivos no reflejen fielmente la realidad.

Por otro lado, el incendio que asoló el palacio de El Pardo en 1604 destruyó muchas de las pinturas que colgaban en sus paredes, entre las cuales había obras de Anguissola. Algunas obras tuvieron más suerte y sobrevivieron, pero dañadas: las “restauraciones” posteriores hechas por Juan Pantoja de la Cruz también han dificultado las atribuciones. Finalmente, la costumbre de copiar los retratos de la familia real en los talleres de la corte para decorar sus residencias, para regalar a otras cortes extranjeras o para que fueran exhibidos en las diversas instituciones que representaban a la corona es otro factor a tener en cuenta.

Esto ocurría sobre todo con aquellos retratos que gustaban especialmente al monarca y su familia y los de Sofonisba solían hacerlo: aunque la pintora siempre mantuviera esa dignidad real propia de los retratos oficiales, sabía añadir diversos detalles anecdóticos que los dotaban de vida. Retratistas de cámara (como Sánchez Coello o Pantoja de la Cruz) y otros grandes pintores (como Rubens) realizaron copias de las pinturas de Anguissola, lo que ha hecho que durante mucho tiempo se creyeran suyos los modelos originales.

En 1568 la reina Isabel de Valois fallecía con tan solo 22 años, lo cual causó una profunda tristeza en la pintora, no solo por la muerte de una amiga, sino porque ella quedaba desprotegida (y más cuando su familia pasaba por dificultades económicas). Aunque todas las demás damas de honor regresaron a su casa tras la muerte de la reina, Sofonisba se quedó en la corte al cargo de las infantas, seguramente debido al aprecio que le tenía la reina y a la estrecha relación que la únia a las infantas.

Dos años después del fallecimiento de Isabel de Valois, Felipe II se casaba con su cuarta esposa, Ana de Austria. Esto supuso un gran cambio en la vida de Sonofisba, ya que poco después se casaba (no se sabe si por deseo del rey o por decisión de la propia Sonofinsba) con un hombre al que ni siquiera conocía, un hombre de la más alta nobleza siciliana, Fabrizio de Moncada. A pesar de ser una boda realmente extraña, ya que la artista tenía entonces en torno a 40 años, no le faltaron candidatos gracias a su cercanía a la familia real. El propio rey le otorgó la dote necesaria para la unión, que se celebró por poderes en mayo de 1573 en el Alcázar de Madrid. Acto seguido la pintora partió para Sicilia para unirse a ese marido al que todavía no conocía.

El regreso a Italia

Enviudó tan solo cinco años después y, menos de dos años más tarde, volvió a contraer matrimonio. Arreglados los asuntos de la herencia, Sofonisba decidió regresar a Cremona junto a su familia, sin embargo, aunque inició el viaje, nunca llegó: en mitad del trayecto conoció a Orazio Lomellini, quien sería su segundo marido y seguramente el capitán del barco que la llevaba desde Sicilia a la península itálica. Fue un matrimonio muy controvertido y al que se opuso mucha gente, no solo por la edad bastante menor del marido, sino también por su rango social inferior. No se sabe si Sofonisba se casó por verdadero amor o simplemente por asegurarse la protección de un hombre y evitar acabar en un convento o condenada a una viudedad llena de estrecheces, ya que su familia estaba en una situación económica poco favorable y ella, como hemos dicho, no podía vender sus obras para ganarse la vida porque no era propio de su estatus social. A pesar de todas las oposiciones con las que se encontró, el matrimonio se celebró y Sofonisba vivió con Orazio hasta su muerte, primero en Génova y después en Sicilia.

Se sabe muy poco sobre esta etapa de su vida, aunque se supone que siguió pintando hasta edad muy avanzada, cuando problemas en la vista le obligaron a abandonar la pintura, e incluso llegó a ser maestra de algún discípulo. Continuó en contacto con la corte española a través de sus cartas y, en 1599, fue visitada por la infanta Isabel Clara Eugenia, quien se dirigía a los Países Bajos para casarse con el archiduque Alberto de Austria. Durante esta estancia Sofonisba le pintó su retrato de bodas. A pesar de su avanzada edad, también fue visitada por un joven Anton van Dyck, que dejó dos retratos de una anciana Sofonisba.

Sofonisba Anguissola, Autorretrato, 1610.

Sofonisba Anguissola, Autorretrato, 1610.

El 16 de noviembre de 1625 Sofonisba Anguissola falleció en Palermo, cuando rondaba los 93 años. A pesar de la calidad y el número de obras que nos dejó, desapareció de la historia del arte y sus obras fueron atribuidas a otros grandes artistas del momento.

Referencia

Ángeles Caso, Las Olvidadas, Planeta, 2007.

Enlaces de interés:

Sofonisba Anguissola en la enciclopedia del Museo del Prado

(*) Imágenes: Wikimedia Commons y The Athenaeum. Creative Commons License y Public Domain.