En Guiza se alzan tres enormes pirámides, las de Keops, Kefrén y Micerinos (o Jufu, Jafra y Menkaura, para ser más fidedignos). Así, dichos en orden, parece que se sucedieron uno tras otro pero en realidad nos falta un faraón más, que también construyó una pirámide a tan solo diez kilómetros. Apenas quedan unos metros de piedra en la base, pero alcanzó, más o menos, el tamaño de la de Micerinos.
Se trata de Dyedefra.
¿Quién es este faraón desconocido?

Dyedefra era uno de los al menos doce hijos que Jufu tuvo con sus cuatro esposas, pero no era el heredero. Tampoco su hijo más famoso, Jafra. No, el que parece que ostentaba ese codiciado título era Kauab, quien durante los últimos años de reinado de su padre ejerció como chaty, el segundo puesto de mando de Egipto, solo superado por el faraón. Pero Kauab falleció antes que Jufu. Su mastaba está cerca de la pirámide de su padre, pero la cámara funeraria de su esposa quedó sin concluir. Ella prefirió enterrarse junto a su segundo marido.
Y aquí comienza el enredo. ¿Por qué suponemos que Kauab era el heredero? Precisamente por su esposa, Hetepheres II (la primera con ese nombre la abuela de ambos, la esposa de Seneferu).
Bien, Hetepheres II era hija de Jufu, así que Kauab y ella eran hermanos. De padre, al menos. Y aunque esta práctica egipcia de matrimonios ahora nos parezca una locura, tiene su lógica, en serio. Te la cuento.
Hay que partir de que el faraón no era cualquier persona. Su poder no era terrenal, sino que estaba considerado el intermediario entre dioses y hombres y en algunas épocas, él mismo se transformó en un dios viviente. Por lo tanto, era de vital importancia que su sucesor llevara su sangre. Nadie que no fuera de su línea sucesoria debía reinar.
¿Cómo era la manera más efectiva para asegurarse de que ocurriera? Que la madre de su heredero fuera su propia hija. De esta manera, no importaban las infidelidades ni los embarazos inexplicables, porque la madre es la madre. Así, la sangre del faraón se transmitía por línea femenina a su nieto.
Todo hubiera sido más sencillo si hubieran reinado las mujeres de la familia, pero salvo alguna excepción, era un cargo masculino. El faraón debía ser un hombre, un hijo del anterior faraón. Menudo dilema. ¿Cómo lo resolvemos? Casando al heredero con su hermana. Tan sencillo.
Bien, volvamos a Kauab. Recordemos que estaba casado con su hermana Hetepheres II, que quedó viuda. Entonces apareció otro hermano de ambos, Dyedefra, y se casó con ella. Este hecho es la clave del asunto. Son los herederos los que tienen que transmitir esa sangre casi divina. Son los herederos los que deben casarse con su hermana. Los que no optan al cargo, no tienen por qué hacerlo. Así que, siguiendo la lógica, Kauab fue el primer heredero. Además, otra práctica egipcia para legitimar una sucesión compleja era casarse con la viuda del anterior faraón, o del heredero. Vamos, que todo nos conduce a la misma conclusión.

Bien, tras cerca de treinta años de reinado, fallece Jufu y comienza el reinado de Dyedefra, que duró unos veintidós. En ese tiempo, Ra se fue consolidando como el principal dios de Egipto. De hecho, si observas su nombre, verás que lo incorporó: Dyedef-Ra. También es conocido como Radjedef, que es lo mismo pero alterando el orden: Ra-Djedef.
Él, como su padre y su abuelo, quiso construirse un complejo funerario protagonizado por una gran pirámide. Pero era consciente de que no tenía demasiado tiempo, así que se alejó diez kilómetros al norte de Guiza y allí, en Abu Roash encontró el lugar idóneo, una elevación del terreno que aportaría casi la mitad de la altura total de su pirámide.
Todo el conjunto fue diseñado siguiendo el modelo de Jufu: una pirámide central con su templo funerario adosado, su pirámide satélite y un muro de adobe rodeándolos, un largo corredor hacia el Nilo, donde habría otro templo, y un foso para su barca, donde apareció una cabeza de cuarcita que representa al faraón. Pero su complejo tuvo la mala fortuna de haberse convertido en cantera desde época romana, así que apenas ha llegado hasta nosotros poco más que la base. Sin embargo, esta ruina aporta bastantes datos.
Cada lado medía 106,2 metros de los que se conservan 97, y se calcula que su altura oscilaba entre los 57 y 67 metros. Era, por tanto, del tamaño de la de Menkaura (Micerinos). Como en la pirámide de Jufu, los sillares que se conservan están inclinados hacia adentro 12°, para mejorar la sujeción del revestimiento, granito rosa de Asuán y cuarcita roja de Gebel el-Ahmar, cerca de Heliópolis. Era la primera vez que se utilizaban estos materiales en una pirámide, en este caso, en sus doce metros inferiores. Pero a diferencia de su padre y su abuelo, volvió a ubicar la cámara funeraria y antecámaras en el subsuelo, como Djoser. Ahora mismo es un gran agujero en el corazón de la estructura.
Tras la muerte de Dyedefra, el trono pasó a su hermano Jafra, que es recordado por su nombre griego, Kefrén. Él también ubicó su pirámide en un montículo natural, pero esta vez en Guiza, junto a la del padre de ambos.
Curiosidades de la vida, Jafra estaba casado con su sobrina Meresanj III, hija de Hetepheres II… y de Kauab. Así, la transmisión de la sangre del Jufu se siguió manteniendo.
¿Conocías a este faraón?

