Cúpula del Panteón de Agripa

El Panteón de Agripa constituye un testigo fundamental de la civilización romana que perdura hasta nuestros días. Por eso, es preciso valorar no sólo la calidad y magnitud de la obra sino también el excelente estado de conservación en que se encuentra actualmente.

De hecho, podríamos decir que a pesar de la gran cantidad de intervenciones sufridas, su forma primigenia ha perdurado por encima de los tiempos y los estilos; estando todavía presente la concepción inicial del arquitecto y la impronta de las ideas constructivas romanas.

Por este motivo, hemos querido presentarte una historia del Panteón algo diferente: la historia de toda sus intervenciones y cómo ha llegado a ser lo que es hoy en día.

Los comienzos del proyecto

Las fuentes nos hablan de que el proyecto de este edificio comenzó en torno al año 27 a. C., cuando el emperador Augusto decidió mandar a su cónsul Agripa a construir un templo de planta rectangular que rindiera culto a varios dioses, de ahí su denominación de Panteón.

Este primer Panteón tuvo una vida muy corta, apenas noventa años, pero en este periodo ya tuvo que ser restaurado por Tito, Domiciano y Trajano sucesivamente.

En 117 el templo apenas se sostenía en pie debido a su mal estado de conservación, fruto de los años y del incendio sufrido. Es por ello que se decide la construcción de un nuevo templo, pero esta vez, de planta circular (siguiendo el modelo de tholos griego) y adosado a un pórtico de entrada.

Posteriormente, tras la pérdida de la capitalidad de Roma en 330, el monumento comenzó su decadencia, hasta tal punto que la zona en la que se encontraba se convirtió en un lugar de chabolas; lo que nos indica el estado de abandono en el que debía encontrarse la zona en este periodo y cómo esta situación condujo irremediablemente al cierre en el año 399.

El Panteón cristiano

En el siglo VII el Panteón volvió a tener vida tras un lapso de tiempo de unos tres siglos. Se convirtió entonces en un edificio de culto, pero esta vez cristiano, recibiendo el nombre de Santa María de los Mártires y siendo desde ese momento de propiedad papal.

Constante II en 663 expolió el revestimiento de bronce de las cubiertas del Panteón, pero lo perdió en Sicilia en manos de los corsarios sarracenos, después de lo cual se tienen noticias de que las tejas de bronce fueron llevadas a Alejandría para su fundición.

Al mismo tiempo, se realizaron una serie de modificaciones en la zona del ábside del lado sur para la ubicación de huesos de mártires traídos de las catacumbas y también se intervino en el nicho central para colocar un altar con una imagen de la Virgen con el Niño.

A partir de ese momento, y a pesar de su consagración como Santa María de los Mártires, se comenzó a denominar Santa María Rotonda y durante siglos fue la única gran iglesia de la zona oriental del centro de la ciudad.

Posteriormente, durante el periodo comprendido entre los años 731-741 fue colocada una cubierta de plomo por el Papa Gregorio III que fue restaurada sucesivamente y que se mantiene hasta el día de hoy.

Ya en el siglo XIII, se añadió un pequeño campanario en el vértice del tejado del frontón del pórtico. Una intervención que constituyó el inicio de una serie de actuaciones que modificaron el volumen exterior del edificio y que hasta entonces había sido inalterado.

El Panteón durante el Renacimiento

En el siglo XV, como sabemos, se puso en valor la recuperación de lo Antigüedad clásica. En Roma coincidió con el retorno de los Papas de su exilio en Avignon, y éstos, buscando las de señas de identidad que habían perdido en su anterior periodo francés, tomaron los restos antiguos como motores de las intervenciones urbanas.

Por supuesto, el Panteón, que siempre había sido un referente de la ciudad no escapó a esta consideración y así debemos entender las actuaciones que le permitieron recuperar su aspecto y su significación urbana.

Así, entre 1417 y 1447 se repusieron muchas de las piezas de plomo de la cubierta y destacó especialmente la intervención de Eugenio IV que liberó el pórtico de las tiendas que en él se habían alojado y lo limpió de las basuras de los vecinos. Además, se realizaron una serie de trabajos de excavación en los que se encontraron restos romanos que fueron reutilizados en el edificio.

Más tarde, en 1491, Inocencio VIII decidió colocar el altar mayor en la posición que ocupa actualmente y, posteriormente, el Papa Clemente VII planteó una limpieza del pórtico del edificio porque se había vuelto a deteriorar con el tiempo.

Para cerrar esta etapa, Pío IV ordenó la limpieza de la puerta del Panteón y la reposición de los clavos que fijaban las diferentes partes de la misma y también reparó partes de la cúpula. Por último, Gregorio XIII urbanizó la plaza frente al Panteón, colocando en su centro la fuente de Giacomo de la Porta que actualmente permanece.

El Panteón en época barroca

En los comienzos del siglo XVII se hicieron intervenciones significativas como, por ejemplo, los dos campanarios simétricos junto al tejado del frontón del pórtico del Panteón, sustituyendo el viejo campanario anterior. Este trabajo fue realizado por Gianlorenzo Bernini o por Carlo Maderno. Sin embargo, las torres fueron demolidas en 1880 y más tarde se restauraron las columnas del extremo este del pórtico y parte del frontón.

También durante este periodo, Alejandro VII ordenó bajar el nivel de la plaza, con lo que se recuperó la cuota interior del pronaos del Panteón, tal y como se encuentra actualmente. Además de demoler algunas casas para iniciar las excavaciones en los lados del pórtico y rodeó el Panteón de cancelas para evitar la expansión de los comercios.

Los siglos XVIII y XIX

En el siglo XVIII se sistematizaron las tareas de mantenimiento, conservación, reparación, restauración e investigación del Panteón.

Se mandó colocar sobre la fuente el obelisco que hoy en día aún pervive. También se restauró nuevamente la cúpula, reponiendo el estuco de los casetones y sustituyendo el revestimiento de mármol de las zonas perdidas, y se renovó el altar mayor.

En 1740 se realizaron las tareas que modificaron el aspecto original del cuerpo intermedio del interior del Panteón, dotando a los huecos de este cuerpo de un frontón que no poseía en su estado original, a la vez que se eliminó la decoración de los espacios entre dicho hueco.

El siglo XIX, por su parte, es el siglo de las demoliciones de las construcciones adosadas como, por ejemplo, los dos campanarios y algunas restauraciones puntuales en el pavimento, tal y como comentamos anteriormente.

El Panteón actual

En el siglo XX, A. Terenzio realizó la intervención más importante sobre el interior del Panteón, que consistió en retirar la decoración que en 1747 Paolo Possi había introducido en el cuerpo intermedio y en reponer, en la medida de lo posible, la decoración original de esta zona.

La última intervención de la que tenemos constancia data de 1993, en la que se realizaron tareas de limpieza y restauración del interior del Panteón. Tareas que intentaron recobrar el aspecto original del edificio y que detectaron la mala ejecución de los trabajos realizados en los años treinta.