Rembrandt y Saskia

Rembrandt, Autorretrato con Saskia, 1635, Gemäldegalerie Alte Meister – Staatliche Kunstsammlungen, Dresde, Alemania.

¿Conoces la vida del pintor Rembrandt van Rijn? Es una historia que ni el mismísimo Sófocles podría haber escrito y que los escritores alemanes del Sturm und Drang habrían leído con fruición. A menudo nos enfrentamos a la pintura de los grandes maestros condicionados por el halo mítico de su existencia, la vida tormentosa se entrevera con la producción pictórica en una especie de tótum revolútum que es preciso desenmarañar… ¿o no?

Por cierto, ¿conoces el libro Por Qué Estudiar Historia del Arte?

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Personalmente soy de la opinión de que no es conveniente considerar la pintura al margen de los azares de la vida, al menos con determinados autores, ya sea Van Gogh, el propio Rembrandt o el pintor surrealista Óscar Domínguez (permítaseme la referencia vernácula).

En el caso de Rembrandt, el maestro de Leiden, es casi igual de interesante su pintura que su biografía. Hoy no quiero adentrarme demasiado en su pintura (lo reservo para posteriores ediciones) sino más bien en su desdichada existencia. Lo cierto es que, en realidad, su vida no tendría por qué haber sido tan atormentada, ya que muchos de sus infortunios se los buscó él mismo. Me refiero especialmente a las penalidades económicas que experimentó al no dignarse a pintar a los vanidosos burgueses de la próspera Ámsterdam del siglo XVII. Sin embargo, no podemos culparlo de sus desdichas en el amor, ya que tuvo que ver cómo morían delante de sus ojos sus tres hijos y sus dos mujeres, por no hablar del resto de su familia, que también se le fueron de esta vida muy prematuramente.

Saskia de sus amores

Retrato de Saskia con sombrero

Rembrandt, Retrato de Saskia van Uylenburgh, 1634, Gemäldegalerie de Kassel, Alemania.

Saskia, su querida Saskia, a la que agasajaba con bellas flores y collares y a quien de verdad amaba murió justo después de nacer su tercer hijo: Titus. Previamente habían fallecido dos pequeños bebés, que a buen seguro, hicieron sufrir muchísimo a la pareja. Su segunda mujer (Hendrickje), su bella criada, con la que se casó muchos años después de fallecer y siendo Titus mayor de edad, también falleció repentinamente y un año antes de la muerte del pintor tuvo que ver cómo la vida de su hijo tocaba a su fin. Todos muertos.

Rembrandt, Retrato de Hendrickje Stofells, 1659, National Gallery, Londres.

Rembrandt, Retrato de Hendrickje Stofells, 1659, National Gallery, Londres.

Retrato de Titus leyendo

Rembrandt, Retrato de Titus van Rijn leyendo, c. 1656, Kunsthistorisches Museum, Viena.

¿Alguien duda de que esto deja huella en las personas? La fortaleza de un ser humano, por mucha entereza que posea su carácter, tiene unos límites. Por eso es tan conveniente leer las biografías de los grandes artistas, ya sean las famosas Vitae de Vasari o las de Bellori. No tanto por una cuestión de morbo, que habrá quien lo tenga, sino por una cuestión de apreciación de la obra del artista. Entender a los personajes es fundamental para interpretar su obra, ya sea a través de su correspondencia, como ocurre con las famosas cartas de Mozart o de Theo y Vincent Van Gogh, o a través de sus diarios, como los de Delacroix o a través de las referencias de otros.

Ahora bien, todo tiene un límite, y es preciso separar el grano de la paja, ya que demasiadas veces hemos visto cómo la realidad y la ficción se entrecruzan creando una suerte de mito que no se corresponde con los hechos verídicos acontecidos. Así, muchas veces aparecen anécdotas que es difícil confirmar, bulos y demás cuestiones que poco aportan a la comprensión de la obra del artista.

No sólo de problemas de amor y muerte se alimenta la leyenda de Rembrandt

Volviendo a Rembrandt, creo que en este caso concreto sí merece la pena conocer su historia y no sólo la amorosa sino también la económica. Rembrandt no nació rico, ni en una gran ciudad, aunque sí dentro de una familia acomodada. Llegó a la vida en una pequeña ciudad universitaria entre la Haya y Ámstedam: Leiden. Allí tuvo sus primeros maestros pintores y pronto marchó a la ciudad para encontrar trabajo como pintor. Afortunadamente allí consiguió encargos que le supusieron pingües beneficios económicos, sobre todo retratos.

No obstante, dice la historiografía que Rembrandt no era buen administrador de su dinero y que le gustaba demasiado gastarlo. Era muy aficionado al coleccionismo de obras de arte y antigüedades y no escatimaba en comprar bonitos detalles para su querida Saskia, como ya he mencionado anteriormente. Era además propietario de una gran casa y disponía de servicio.

Su consideración social, como no podía ser de otra manera, era altísima y todos se referían a él como maestro, pero cuando esa afición a la compra compulsiva se volvió insostenible, comenzaron sus problemas. Se vio obligado a subastar su casa para hacer frente al pago de sus deudas, tuvo que deshacerse de todos sus preciados objetos de coleccionismo, se mudó a una vivienda más modesta, etc. Aún así, su destino trágico estaba anunciado. A su vejez, con sus familiares ya fallecidos, apenas disponía de dinero para comprar comida y se veía obligado a mendigar por las calles. Él, que había sido el pintor de la ahora reconocidísima Ronda de Noche (que no gustó nada en su época), el pintor de las escenas de La Biblia y de los retratos, y que había sido el máximo pintor que había dado Holanda, era ahora un desconocido pobre.

Una petición final

A partir de ahora, cuando estés frente a una obra de Rembrandt van Rijn, acuérdate de su atormentada vida. Sé que es complicado, porque a menudo su obra habla por sí sola y la belleza de sus contrastes lumínicos suele obnubilarnos, pero quizás así y sólo así podamos entender verdaderamente al artista.

Ahora quiero hacerte unas preguntas:

¿Tú qué opinas? ¿Crees que es conveniente conocer la biografía de los artistas?

(*) Imágenes: Wikimedia Commons, Wikiart y The Athenaeum. Creative Commons License & Public Domain.