Muchas personas nos dicen que cuando visitan un museo no llegan a comprender qué representan las obras expuestas. La causa de esto se debe a que no se conocen las obras, ni lo que representan ni el contexto histórico. Pero no te preocupes porque esto es lo normal, el 90% de las personas que visitan los museos sienten exactamente lo mismo, sobre todo si hablamos de museos que poseen una colección inmensa. Por eso queremos acompañarte cuando visites un museo y darte algunos pequeños consejos que nosotros mismos aplicamos cuando los visitamos:
Así seguro que la visita va a ser mucho más fructífera. De todas formas, si quieres seguir exactamente el mismo método que seguimos nosotros para visitar un museo, te recomendamos que le eches un vistazo al nuevo libro electrónico que hemos editado.
Ahora, vamos a seguir con esta semana temática dedicada al comentario de obras de arte, dentro del programa 1 Día 1 Obra de Arte. En esta ocasión analizaremos la obra La Piedad de Fernando Gallego. Esperamos que te guste.
La imagen representa en primer plano la escena de la Piedad con la figura de la Virgen María sosteniendo el cuerpo muerto de Cristo. En el lateral izquierdo y también en primer plano pero de menor tamaño aparecen dos figuras humanas que representan a los donantes anónimos. En último término, una arquitectura tipo fortaleza de inspiración medieval hace alusión a la Jerusalén Celeste. Todo se desarrolla en un exterior, con un paisaje que recuerda a la pintura del maestro flamenco Dieric Bouts, con la diferencia de que la paleta de colores es más apagada para acentuar los rasgos castellanos de la topografía.
Dos figuras humanas de las que desconocemos sus nombres y aunque están en primer plano son de menor tamaño que la Virgen y Cristo, un rasgo arcaizante que entronca con la tradición medieval. Esta jerarquización de los personajes sirve para reforzar el carácter divino de las figuras centrales, frente a los donantes que son figuras terrenales. Los donantes aparecen de rodillas en actitud de oración, cantando el miserere mei domini, que alude al salmo número cincuenta y que pide a Dios que tenga piedad por los pecados cometidos. En cuanto a la ropa, los personajes aparecen vestidos a la manera de la época. Ya se aprecia, si no una intención de retratar fielmente a las dos personas, sí al menos una tendencia a diferenciar los rostros humanos y no repetir unos tipos determinados.
Recuerda a los paisajes de la pintura flamenca, particularmente a los del maestro Dirc Bouts, sin embargo, existe una adaptación a la paleta de colores típica castellana de ocres frente a los verdes del norte. Hay un gusto por lo anecdótico y casi por lo costumbrista, tan cercano a la pintura flamenca. Aparecen animales y personajes desarrollando tareas cotidianas, un hombre montado en un burro, un soldado custodiando un castillo, etc.
Es importante señalar también, que la perspectiva no es exacta y que se consigue mediante las capas de color y no de forma geométrica, lo que indica que ya existe una intención de dominar el espacio pero no es un aspecto principal. En último término, apreciamos un castillo que recuerda a una arquitectura medieval y que podría representar la llamada Jerusalén Celeste.
Auto de Fe de Pedro Berruguete
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