A partir del 13 de junio La Fundación Mapfre presenta la exposición Terrenos de Juego dedicada a Alberto Giacometti, escultor inclasificable y fundamental en las vanguardias artísticas del siglo XX. La muestra plantea las investigaciones relacionadas con la concepción espacial del artista y abarcará desde sus tempranos trabajos ligados al movimiento surrealista hasta sus últimas creaciones, como las grandes esculturas que realizó para espacios públicos.
Jacques-André Boiffard – Alberto Giacometti, París, 1931. Colección Fotostiftung Schweig, Winthertur.
La importancia de su taller es fundamental para entender su obra. Aparte de ser concebido como un espacio dedicado a su trabajo, lo concibió además como un espacio expositivo, de ahí el nombre de la exposición. Su taller se convirtió en su terreno de juego donde experimentaba la relación de los objetos con el espacio. En esta ocasión, la Fundación Mapfre ha querido recrear el taller del escultor para así acercarnos aún más a su producción artística.
Su taller se convirtió en su terreno de juego donde experimentaba la relación de los objetos con el espacio.
Desde una edad temprana, Giacometti estuvo estimulado por su padre, Giovanni Giacometti, pintor impresionista. Se traslada a París y empieza a rechazar la escultura tradicional y la representación de la realidad que se enseñaba en la Academia. Sin embargo, se siente fascinado por las esculturas procedentes de África y Oceanía.
A partir de aquí comienza a utilizar un lenguaje muy cercano al Cubismo. Especialmente llamativa es su obra Cabeza mirando (1929) una escultura prácticamente plana carente de volumen que fascinó a los artistas surrealistas. En estas esculturas planas sin pedestal, introduce asociaciones eróticas y crea objetos fetichistas creados para ser movidos con las manos como Figura Coja andando (1931-1932) o La pareja (1927).
Son esculturas surrealistas entendidas como tableros de juego, su novedad principal es su orientación horizontal. Son maquetas donde el artista desarrolla su concepto de escultura como espacio. A partir de estas investigaciones, surgen los proyectos imaginarios para plazas monumentales, donde el espectador queda incluido en la obra.
Estas esculturas estaban pensadas para ser realizadas en madera, piedra o metal. La escultura en madera Proyecto para una plaza, (1931-1932) fue pensada para realizarse a gran tamaño y en piedra. Sin embargo, ninguno de estos proyectos surrealistas se llevó a cabo. Según los deseos del propio artista, estas enormes esculturas fueron imaginadas para que el espectador recorriera su obra, se sentase o se apoyase en ella. Un encuentro entre el individuo, el arte y la realidad.
Giacometti abandona el carácter objetual tan amado por los surrealistas a consecuencia de su ruptura con el grupo en 1934. Empieza a realizar esculturas humanas tan simplificadas y delgadas como un alfiler que se encuentran aferradas a la realidad por el grueso pedestal donde se encuentran. Investiga sobre la dimensión, el espacio y la relación entre los elementos que componen su escultura. Estas investigaciones se reflejan claramente en el texto programático El sueño, el Sphinx y la muerte de T., de 1946.
Las figuras hiperestilizadas se van haciendo de mayor tamaño a partir de 1945 cuando el artista investiga sobre la realidad observada. Este nuevo estilo de figuras se van introduciendo en sus proyectos para plazas y el resultado son obras como Plaza I (1948-1949) o en Tres hombres que caminan (1949), donde adopta la misma estructura que tableros de juego pero introduciendo en las figuras la sensación de movimiento.
Por más de cuarenta años Giacometti trabaja y crea en su taller, un lugar de 18 metros cuadrados que se encontraba en la calle Hippolyte Maindron 46, cerca de Montparnasse, un escenario donde experimenta con sus obras para ubicarlas en su espacio.
Realiza dibujos sobre su taller donde resalta la importancia de la perspectiva del espacio y de la ubicación de los objetos. Todos los elementos que se encuentran en su taller parecen estar misteriosamente relacionados pero sin duda están interconectados porque forman parte de su proceso creativo.
El taller sirve también como lugar para realizar retratos en la postguerra. Fotografías que se conservan del taller reflejan un lugar espacioso y con profundidad, sin embargo era de pequeñas dimensiones y en él se encontraban numerosos bustos masculinos y figuras femeninas que desarrollaba a través del estudio de dos modelos que eran muy familiares para él: su hermano Diego y su mujer Annette.
Entre las obras que realizó en su taller destacan las siguientes:
Proyecto para Chase Manhattan Bank en Nueva York: En 1958 recibe el encargo de diseñar la explanada que se encuentra ante el Chase Manhattan Bank. Era la oportunidad de crear una gran plaza en el espacio público, con la que llevaba soñando casi 30 años. Esta plaza la iban a conformar tres figuras: El caminante, Cabeza grande y Mujer grande de pie. Las tres figuras simbolizan las relaciones vitales. El caminante se interpreta como la esencia de la vida, la Cabeza grande la conciencia que mira y la figura femenina como imagen de culto. Para este proyecto, el artista investigaba continuamente la ubicación de las figuras, las realizaba a diferentes escalas. Desgraciadamente en 1960 su cliente decide rechazar el proyecto.
En el año 1962 recibió el premio de escultura en la Bienal de Venecia, hecho que le llevó a convertirse en un artista valorado internacionalmente.
La exposición organizada por La Fundación Mapfre en colaboración con Hamburger Kunsthalle de Hamburgo, cuenta con aproximadamente 180 obras: esculturas en su mayoría pero también pinturas, dibujos o fotografías de su taller. Todas ellas provenientes de instituciones privadas, colecciones privadas y museos.
Te recomiendo asistir a la exposición y descubrir o redescubrir a uno de los escultores más importantes del siglo XX.
Las visitas guiadas gratuitas que ofrece la Fundación son muy recomendables: de lunes a jueves a las 16:00, 16:30, 17:00 y 17:30.
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