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Por qué debemos continuar con el legado de Manrique

El pasado verano estuve visitando la espléndida isla canaria de Lanzarote, la isla que a mi parecer ofrece la mejor combinación de oferta turística y cultural de todas las del archipiélago. Espero que esta sentencia no moleste ni subleve a mis conciudadanos, no es mi intención restar prestigio a otras islas que cuentan en su haber con ciudades Patrimonio de la Humanidad como es el caso de Tenerife con San Cristóbal de La Laguna ni desmerecer la belleza de la naturaleza casi virgen de islas como El Hierro o La Palma, por sólo mencionar algunos casos.

No más desarrollismo

Me refiero específicamente a que Lanzarote es el mejor ejemplo de que es posible desarrollar una industria turística no sólo basada en la promoción del tan manido “sol y playa” sino también en el turismo cultural gracias, sobre todo, al foco de atracción que supone la obra del genial artista César Manrique. Eso sí, para ser justos es conveniente resaltar de igual manera que, en los últimos años, en la nueva fase de “desarrollismo” especulativo en el ámbito de la construcción residencial que ha experimentado la isla y el conjunto del Estado español, esta combinación a la que hago mención ha estado a punto de estropear este legado natural y cultural.

El César activista

Por eso, ahora más que nunca es preciso reivindicar la obra de César Manrique, y no sólo hablo de aquellos monumentos que podemos disfrutar en la isla más oriental de Canarias como los Jameos del Agua, el Mirador del Río o la sede de la Fundación que lleva su nombre. Quiero reivindicar sobre todo su faceta más activista, la de aquella persona que se desplazaba por los pueblos con un proyector de diapositivas y un megáfono explicándole a los vecinos del lugar por qué era importante conservar la arquitectura tradicional, por qué era importante no poner vallas publicitarias que entorpecieran la vista al contemplar el paisaje o por qué la ocupación del territorio no debía hacerse buscando exclusivamente réditos económicos.

Los historiadores del arte debemos asumir nuestra responsabilidad

En realidad esa labor pedagógica corresponde en gran medida a los historiadores del arte y por eso, tras haber vivido uno de los mayores desastres económicos que ha sufrido este país debido al boom inmobiliario, me veo en la obligación moral de transmitir estas ideas al conjunto de la población. Justo ahora y no cuando sea más tarde es imprescindible ir de escuela en escuela, de facultad en facultad, de ciudad en ciudad o de casa en casa si es necesario explicando por qué no podemos consentir que algo de similares características vuelva a ocurrir.

Taro. El eco de Manrique

Afortunadamente, como ahora disponemos de los medios tecnológicos necesarios, para ir de hogar en hogar sólo necesitamos una conexión a internet y material audiovisual que nos permita exponer estas ideas. Es más, alcanzaríamos una mayor sensibilización respecto de las cuestiones medioambientales o las cuestiones relacionadas con el patrimonio histórico-artístico si cada persona visionara por completo el excelente documental Taro. El eco de Manrique estrenado recientemente en Televisión Española y que ha sido confeccionado por el realizador tinerfeño Miguel G. Morales. En él se desarrollan todas las ideas que he expuesto anteriormente y se hace un hincapié en esa vertiente activista del artista lanzaroteño.

Si no has tenido la oportunidad de verlo te recomiendo que lo hagas porque merece mucho la pena. Cuando lo hayas visto aprovecha y déjanos tus comentarios para saber qué opinas, ya que para nosotros es muy importante tu colaboración. Sin más, aquí te dejo a solas con el documental.

Javier Albelo

Historiador del Arte, Experto en Museos y Divulgador Artístico.

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