Artesanas o académicas, numerosas mujeres -generalmente esposas e hijas de grandes maestros- llegaron a consolidarse como artistas y a desarrollar su propia carrera profesional, obteniendo reconocimiento y prestigio social:
Sin embargo, la historia las ha olvidado y en casos muy excepcionales aparecen nombradas en los libros de historia del arte. Por lo que respecta a sus obras, con mucha frecuencia han sido atribuidas a sus padres, maridos, hermanos o a otros hombres de su círculo artístico.
Afortunadamente, la investigación moderna está poniendo en su lugar a muchas de ellas, recuperando su memoria y enmendando los flagrantes errores cometidos. Algunos llaman la atención, como el caso de Judith Leyster, pintora holandesa del siglo XVII. A pesar de haber conseguido un gran éxito en su momento y de que todas sus obras están firmadas con su anagrama, gran parte de sus cuadros han sido atribuidos tradicionalmente a otros artistas de su momento, como Rembrandt o Frans Hals.
Estos “errores de atribución” van mucho más allá de simples fallos en el estudio de la autoría, que puede afectar por igual a hombres y mujeres, y responde más bien a una negación sistemática de la valía de la mujer. Así, algunos críticos sostienen que si las mujeres han sido olvidadas es poque todas fueron artistas menores. Esta idea, a todas luces cuestionable, tampoco justifica que se las haya olvidado, pues artistas masculinos considerados menores engrosan las colecciones de los museos y los libros de historia del arte.
Algunos críticos sostienen que si las mujeres han sido olvidadas es poque todas fueron artistas menores.
De hecho, las mujeres que lograron sobresalir con su trabajo y su esfuerzo merecen el reconocimiento de haberlo conseguido no solo desarrollando su arte, sino también superando las barreras que una sociedad patriarcal les imponía. De este modo, se veían obligadas a estar siempre bajo la sombra de un hombre; cuando conseguían independizarse, obtenían menos encargos que sus compañeros y, cuando los tenían, se les pagaba menos (lo cual influyó en la calidad de los materiales utilizados y, por ende, en su conservación). Todas estas dificultades las empujaban, en ocasiones, a especializarse en géneros menores, como los bodegones, las flores o las escenas domésticas.
(*) Imágenes: Wikimedia Commons. Public Domain.
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